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Al  extraordinario elenco de “Hoy no me puedo levantar”

Proyecto Hombre. 28.01.10 

¿Qué se espera cuando uno acude a una representación teatral producida, dirigida e interpretada por un grupo de jóvenes (en torno a la veintena, año más, año menos)  no profesionales? Se espera pasar un rato agradable viendo una obrita realizada con mucha ilusión, pero pocos medios; una cosita graciosa, de andar por casa y uno, bien intencionado, se prepara para la típica sonrisa condescendiente ante los previsibles fallos fruto de los nervios y la inexperiencia.

 Menuda lección de humildad que recibí el pasado miércoles por la mañana cuando fui, junto con mis compañeros y los usuarios de Proyecto Hombre a presenciar la representación de “Hoy no me puedo levantar” en el auditorio de la Casa de la Cultura de Alhaurín de la Torre. Quedé boquiabierto, sin palabras, abrumado por la energía derrochada en el escenario, por la música, por la soltura de los intérpretes, por la sincronización de todo lo que iba aconteciendo en la escena… Ni un titubeo, ni un paso en falso… Sólo teatro musical, bueno, divertido,  capaz de arrancar tanto el llanto como la risa o de lograr que los pies del más soso de los espectadores (probablemente un servidor) adquirieran voluntad propia y empezaran a moverse al son del compás. Un regalo para la vista, para el oído y para el alma, en definitiva.

 “Pero bueno. ¿Cómo lo han hecho?” Piensa uno inevitablemente “¿De dónde han sacado el tiempo? Son tan jóvenes… Deben estar estudiando, o trabajando ¡o quizá ambas cosas! Han tenido que ensayar hasta la extenuación para lograr esta calidad… ¿Cómo lo han hecho?”

 Sin embargo, la pregunta crucial no es “¿cómo?” sino “¿para qué?”

 Estamos habituados (tristemente, por cierto) al tópico de la juventud egocéntrica, hedonista y brutalmente enfrentada con cualquier cosa que huela, aunque sea de lejos a responsabilidad. Se habla ya, con cierta sorna, de la generación NI-NI (NI estudio NI trabajo y encima me eternizo en casa de mis padres hasta bien pasados los treinta). Entonces vamos y nos encontramos con estos jóvenes que nos sobrecogen con un espectáculo soberbio, digno de profesionales   y resulta que lo han hecho ellos solitos. ¿Para qué? ¿Qué han ganado ellos? Nada. Al menos nada material, pues resulta que la recaudación de las dos representaciones en las que se ha cobrado entrada (agotadas en un santiamén) han ido íntegramente a los fondos de una institución con la que han trabado contacto hace bastante poco: el Programa Terapéutico Educativo Proyecto Hombre de Málaga.   

 ¿Por qué lo han hecho? Ahora sentado escribiendo estas líneas caigo en la cuenta de que me gustaría habérselo preguntado. Lo haré a la primera ocasión. Pero resulta que se han fiado de una serie de personas que les han asegurado que Proyecto Hombre lleva a cabo una labor socialmente importante acompañando a personas aquejadas de un problema de adicción y que deciden luchar para recuperar el control de sus vidas. Responden a un llamamiento: el programa necesita recursos para mantenerse activo. Entonces, sin más, se vuelcan, se dan. Sin reservas, sin condiciones. ¿Es esta la juventud egocéntrica? Parafraseando a uno de mis compañeros: “Ahí fuera hay mucha gente buena.” Gracias a Dios es cierto.

 La historias del común de las personas que acuden a Proyecto Hombre no son agradables. Están llenas de dolor, esperanzas rotas, decisiones equivocadas y muchísima soledad.  Por lo general han llegado a tener un concepto bastante pobre del género humano. Es por ello que muestras como la que este grupo de jóvenes nos ha proporcionado son tan importantes. ¡Ver semejante derroche de esfuerzo, ilusión y solidaridad despierta la esperanza en los que aún no la tienen y la refuerza en aquellos en los que ya se ha despertado! Esos jóvenes son el ejemplo vivo de lo que toda persona está llamada a ser y no todos tienen coraje para alcanzar, pero vuelve a surgir una pregunta inevitable: “Si ellos han podido ¿por qué yo no?”

 Esta pregunta, sin embargo, es un arma de doble filo: hunde a unos y da alas a otros. ¿Qué marca la diferencia? Un poco de coraje y un buen apoyo a tiempo. Proyecto Hombre trata de darlo, pero no podría hacerlo sin la ayuda de una larga lista de benefactores, engrosada hoy por un maravilloso grupo de jóvenes que tratan de mantener vivo el espíritu de darse a los demás sin esperar nada a cambio. ¿Qué han ganado ellos? Por lo menos el cariño y la admiración de todos nosotros, terapeutas y usuarios de Proyecto Hombre que contra viento y marea seguimos creyendo en el potencial del ser humano. Hoy vosotros reforzáis nuestra fe en esta creencia. Sois un ejemplo. Sois admirables.

 De todo corazón, gracias por todo.

Fdo.: Javier García Ruiz.

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