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Su opinión Patrocinadores Normas de Malaka.es Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca•27 usuarios en línea • Sábado 25 de Enero de 2020

PORRINAS DE BADAJOZ. CANTAOR
José Salazar Molina. Badajoz, 1924, Madrid, 1977

Perfiles Flamencos. 16.05.10 

Con 53 años, en plena madurez artística, moría en Madrid tras una larga y penosa enfermedad José Salazar Molina, conocido como Porrinas de Badajoz. De limpiabotas callejero, oficio que desempeñó de niño en su ciudad natal, llegó a ser el cantaor más famoso y completo que haya dado al flamenco la tierra extremeña, donde era bien conocido y admirado aquel chiquillo que se ganaba la vida alternando su trabajo de limpia con el poco dinero que sacaba cantando por fandangos en fiestas y reuniones; fandangos con los que más tarde, creando su propio estilo, sería una primera figura.

     En 1934, cuando contaba solamente diez años, tiene lugar su primera actuación en público, en Valverde de Leganés, pueblo de la provincia de Badajoz, en un espectáculo encabezado por figuras de renombre. Casi con treinta años, y aunque ya había actuado en la sucursal que el célebre tablao Villa Rosa tenía en el barrio Ciudad Lineal, de Madrid, era poco conocido fuera de Extremadura, de la que apenas había salido en tanto que artista; la gran oportunidad de su vida le viene a esa edad en que es llamado al Teatro Pavón, de Madrid, para sustituir nada menos que a Rafael Farina al frente del espectáculo “La copla andaluza”, con el que el cantaor salmantino había alcanzado un gran éxito; éxito que Porrinas revalidó, permitiéndole a éste hacer sus primeras grabaciones y que le supuso el punto de partida de su gran popularidad. A partir de ahí actúa en todos los tablaos madrileños como primera figura y recorre España en los espectáculos de Juanito Valderrama, Pepe Marchena, Pepe Pinto y muchos otros. Si bien fue genial cantando por fandangos, la discografía que nos dejó comprende prácticamente todos los estilos, destacando sus jaleos y tangos extremeños a los cuales, como a los demás cantes, les imprimió su sello personal cuya mayor característica estaba en su voz, tan peculiar y diferente, con la que desarrollaba unos tonos bajos tan difíciles de alcanzar, que ha dejado muy pocos imitadores de su estilo. 
     Gitano de notoria extravagancia, su manera de vestir, la fama de lo atildado y deslumbrante de su vestimenta corría pareja a su fama de buen cantaor flamenco; incluso cuando paseaba por la calle, siempre iba vestido con trajes de colores vivos, chalecos floreados y camisas chillonas; el eterno clavel que llevaba prendido en la solapa de la chaqueta, y las anchas y oscuras gafas de las que apenas se desprendía para cantar, hizo popularísima su figura; al no saber leer, su analfabetismo lo suplía ampliamente con un lenguaje fluido y brillante,  que denotaba una innata inteligencia, y que le valió el aprecio de la alta sociedad madrileña.
     Según su biógrafo, Francisco Zambrano Vázquez, “ En Madrid sería bautizado nuevamente en una de las tantas fiestas, por el Marqués de Villaverde: “si esta noche cantas bien te vamos a hacer marqués”, y como era costumbre en las fiestas íntimas, dio el “porrazo”, otorgándosele entre el delirio etílico el honorífico título de marqués de Porrinas, que desde entonces llevaría con ostentoso orgullo”.
     Esta no es más que una de las muchas anécdotas a que dio lugar con su extravagante comportamiento. Pero en el cante, cuando los duendes se le alojaban en la garganta, la llamativa extravagancia de que hacía gala se desvanecía dejando paso al cantaor serio, conocedor de su oficio, que helaba la sangre con los giros de aquella voz inimitable. Un busto preside hoy la Plazuela de la Soledad, en Badajoz, muy cerca de la Plaza Alta, el lugar más frecuentado por Porrinas en su niñez y adolescencia.

PORRINAS DE BADAJOZ
ARISTOCRACIA GITANA

De estampa extravagante y atildada,
un aire señorial lo distinguía
con el clavel de sangre que lucía
prendido a su solapa floreada.

El misterio calé de su mirada
tras las oscuras gafas se escondía,
y su delgada voz se parecía
al grito de la pena encadenada

Aunque no fue real su marquesado
ni recibió linaje como herencia
gustaba de maneras elegantes.  

Y a falta de un escudo blasonado,
con su fandango impuso su regencia  
en el reino gitano de los cantes.          

Paco Acosta Roldán

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