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Su opinión Patrocinadores Normas de Malaka.es Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca•7 usuarios en línea • Lunes 23 de Noviembre de 2020
Viaje a Japón. 3
Tokyo  
Miranda Collet. 12.12.13 
Tres noches y tres largos días en Tokyo, sola y sin conocer a nadie.  
Megumí  tomará el autobús nocturno en Shibukawa esta noche, dirección Osaka.
Mañana en la madrugada yo tomaré un tren para Osaka.
Nos encontraremos en Osaka.  Allá, en una hermosa casa de adobe de 150 años, colgaremos 25 cuadros míos para una exposición, y se realizará una conversación sobre arte de creación social.
Hoy dí la vuelta, aquí en la gran capital, a un gigantesco templo en medio de la ciudad.  En él se encuentran las cenizas de Buda. Esta información la escuché de una guía turística, mientras quedé parada, admirando la inmensidad rojo y negro del templo, sus techos voladores y los montones de turistas.  
En mi ignorancia pensé que eran japon@s, y seguramente algun@s fueron japones@s, pero Megumí me corrigió el día siguiente, y se lo agradezco. Me dijo, L@s turistas eran asiatic@s, sí.  pero japones@s, tal vez sí y tal vez no.
Y tiene sentido lo que dijo Megumí.  Si estamos en Madrid y vemos en la Plaza Mayor un grupo de europeos, y si no l@s escuchamos hablar, sería difícil saber si el grupo era francés, catalán, andaluz, italiano o griego.  La gente europea se parece, y sus idiomas se parecen mucho.  La gente de Asia se parece de la misma manera y sus idiomas nos suenan muy parecidos.  
La gran mayoría de l@s turistas en Tokyo cuando anduve yo eran asiatic@s.  Conocí a 2 chin@s en diferentes momentos y  me ayudaron a encontrar el ascensor una vez y a tomar el metro en otra ocasión. En estos dos momentos cuando dos amables desconocid@s me ayudaron, les estreché la mano, hablamos, les agradecí su amabilidad, les dije mi nombre, dije que era inglesa que vivía en el Estado Español.  Y entonces me dijeron sus nombres y que eran de Taiwan.
El Museo Nacional de Tokyo es un complejo de museos. Los edificios y su contenido de lo más variado.  En medio de los edificios, al lado de una fuente y estancos cuadrados, un enorme árbol con hojas doradas me alegró aquél día que pasé mirando, mirando y mirando el museo.
Detrás del edificio prinicpal, un jardín cuyos árboles estaban en toda su gloria de otoño. Sentada en una banca amarilla en frente de semejante belleza, y casi sola, expresé en silencio mi admiración por la naturaleza que produce árboles con hojas rojas y doradas, rosadas y anaranjadas en una sola rama, y mi admiración, también, por la habilidad de l@s jardiner@s japones@s. Dos galletas macrobióticas y una excelente taza de café, comprados a un par de jovenes en un minísculo quiosco, allá en el jardín, me acompañaron en el delirio de este magnífico momento.
El ala de arqueología con sus objetos de belleza y utilidad hechas por las manos de artistas hace miles de años. 35.000 años.  
Al quedarme viendo detenidamente los sencillos platos hondos y contenedores de barro hecho por nuestros antecesores hace 35.000 años, pensé en el pueblo jomon. Me parece que un artista, digamos un@ alfarer@ de este período (pronunciado cho mon) o de cualquier período, siempre logra hacer un espacio en el tiempo para agregar, aunque sea un toque de belleza a un utensilio. Algo sencillo como la impresión de una cuerda por ejemplo, o la decoración de unas llamas en la agarradera.  Ésta insistencia en la belleza, nos habla de las orígenes comunes entre todos l@s seres humanos de todos los tiempos, ¡son intercambiables con los utensilios de tantos otros pueblos! y de la invencibilidad del arte en nuestra especie.  Y esta, tal vez, es la característica más atractiva y más duradera de nuestra especie.  
Tantas y tantas dinastías, tanto lujo, tanta armadura y decoraciones de oro y biombos de oro, ¡Caramba! Se ve que l@s pintores ofrecieron su mejor esfuerzo para despertar en los ricos una admiración para las demás especies: garza; pavo real; venado; pájaros; flores; árboles; agua.  Estas figuras fueron pintadas en medio de grandes áreas de oro, puro oro con un poco de textura agregado, o simplemente con el brillo bajito del las hojitas cuadradas de oro pegadas a la superficie como fondo de un paisaje pintado sobre un biombo. Oro, oro, oro, y luego un pequeño afloramiento con un árbol o un pedregal.  ¡Con qué confianza dejan tanto espacio sin dibujo, sólo con este fondo dorado!  
Se ve que l@s japoneses son grandes pintores, aunque en el museo insistían los letreros que las modas y los gustos en el arte de Japón tenían su orígen en China.  
Tanto samurai, tanto oro, tanta seda.  Yo opto por los Jomon de hace 35.000 años, con su arte sencillo, su magia y su sintoísmo.  Con l@s jomón sentí con fuerza la constante, la innegable conexión entre toda la vida en el planeta.  Y entre todos los tiempos. 

Miranda Collet. Japón, noviembre de 2013

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