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Movimiento por la Democracia. Nodo Málaga
Movimiento por la Democracia. Nodo Málaga. 03.07.14 
1. Por un mucipalismo democrático y constituyente
Notas del Movimiento por la Democracia-Málaga para la construcción de una candidatura ciudadana de confluencia para las próximas elecciones municipales.
CONSTRUIR DEMOCRACIA, AQUÍ Y A HORA
¿En qué momento la política dio la espalda a la ética? ¿En qué momento se decidió que la ciudadanía no cuenta a la hora de decidir sobre los asuntos que la afectan? ¿Quiénes han dictaminado que el gobierno de lo común corresponde solo a unos pocos? Vivimos y padecemos una crisis, no solo económica, sino también de representación, y se expresa en forma de recortes, de políticas de austeridad, de precariedad, disminución de derechos y libertades. Pretenden condenarnos a la incertidumbre, a reducir nuestras expectativas de futuro al mes a mes, a quitarnos la posibilidad de una vida digna, de acceso a bienes que no pueden ser objeto de ensayos mercantiles: trabajo, renta, vivienda, educación, sanidad, reproducción, cuidados, recursos naturales, ocio. Ante ese despojo, los poderes políticos actúan con total impunidad. Ya no nos representan.
Los últimos años nos han demostrado que no basta con exigir una verdadera democracia. Hace falta construirla. Es la hora de la ciudadanía, de esa ciudadanía que tomó las plazas, que para los desahucios, que demostró la estafa de los rescates, la inviolabilidad de los responsables de esta crisis. Tienen miedo porque nuestra rebelión es democrática. Tienen miedo porque somos la ciudadanía que desde hace años se organiza en colectivos, en mareas, en plataformas. Tienen miedo porque no querían vernos, pero aquí estamos. Ya no somos, nunca más, lo que ellos querían: personas atenazadas por el miedo individual. Ahora somos sociedad organizada y atravesada por un único sentimiento: ¡Sí se puede! El miedo ha cambiado de bando.

Vamos a comenzar desde abajo, desde lo local. Vamos a empezar recuperando el control sobre nuestros propios municipios. Vamos a empezar por nuestra ciudad, Málaga, para recuperar lo que nunca nos tenían que haber arrebatado: vivienda, trabajo digno, renta mínima, sanidad, educación... La democracia empieza por nuestro entorno más cercano. La democracia empieza por
mandar obedeciendo. No es fácil. Este reto ilusionante nos exige generosidad, valentía, creatividad, pluralidad y compromiso. En la construcción de una candidatura de entusiasmo, de confluencia, de lo nuevo contra lo viejo, de los de abajo contra los de arriba.

2. 10 hipótesis para un municipalismo democrático y constituyente.

1. Si tomamos las instituciones que resultan más inmediatas a la ciudadanía, los municipios, y los convertimos en ámbitos de decisión directa, podemos hacer realidad una democracia digna de tal nombre.
Estamos en un contexto político que señala las próximas elecciones municipales como un marco de oportunidad privilegiado para componer unas candidaturas democráticas de confluencia. Entendemos la confluencia como una generosa apuesta común por parte de organizaciones sociales y políticas para ponerse al servicio del deseo de nueva política, democracia y dignidad que atraviesa a importantes sectores de nuestra ciudad. No se trata de una unidad que aplane las diferencias sobre bases mínimas o acuerdos tácticos sino de una composición de un espacio común y plural, una federación de competencias, saberes y modos de hacer que multiplique la potencia colectiva y materialice la transformación que necesita nuestra ciudad. Hay momentos que exigen a los actores sociales y políticos estar a la altura de los desafíos políticos que se presentan y a las expectativas de transformación respaldadas y exigidas por amplios sectores de la sociedad. Este es uno de ellos. No son tiempos de especulaciones, racanerías tácticas ni batallas entre espacios por hegemonías menores. Apelamos a poner en común lo mejor de las tradiciones, saberes y prácticas
de los distintos espacios para ponernos a la altura de los tiempos. Son tiempos de audacia, generosidad y cooperación. De dejar atrás las malas prácticas heredadas de épocas de marginalidad, sectarismo y atomización. De hacer de la pluralidad un arma y de poner en el centro el objetivo compartido de desalojar a las oligarquías de las instituciones y ganar Málaga para la gente.

2. Sin un movimiento social de base amplia que lo acompañe, el cambio institucional no será posible.
Para la transformación sociopolítica que pretendemos impulsar y acompañar no bastará con buenos y honestos representantes ni con una estructura organizativa basada exclusivamente en una mera suma de organizaciones ya constituidas. Una candidatura democrática y ciudadana debe proponerse generar amplios procesos de movilización y participación y un tejido organizativo flexible, operativo, dinámico y permeable más propio de un movimiento-red. La creación de instancias organizativas que apunten al desborde y el protagonismo ciudadano se presenta por lo tanto como
algo crucial. El municipalismo, al requerir de una renovación constante de la crítica, los objetivos, las prácticas democráticas y los procesos de autoorganización al margen de las instituciones, tiene que disponer de los medios y de las garantías que hacen de la democracia local algo mucho más amplio e inaprensible que la vida institucional, el gobierno local, y los dispositivos de participación ciudadana articulados.

3. Federalismo o muerte.
La democracia local viene siempre impedida, cuando no negada, por la subordinación política y económica a otras instancias institucionales. No existen ciudades o barrios autónomos. Prácticamente todas las decisiones políticas de importancia que se puedan pensar a nivel municipal están limitadas por regulaciones políticas y económicas de una escala mayor. No se puede imaginar una transformación en un municipio que no se articule sobre una base cooperativa y federativa con procesos similares que se desarrollan en otros municipios. La posibilidad de que el municipalismo sirva para la transformación democrática efectiva reside en su capacidad para componer un proceso amplio y expansivo de cambio político. Su fuerza reside no sólo en la condición ejemplarizante de cada experiencia, sino en su articulación como «movimiento constituyente». Si lo que se pretende es que el municipio sirva para un cambio de base democrática hay que imaginar en un escenario de desobediencia (y por lo tanto de conflicto) frente a las oligarquías políticas y económicas y sus instancias institucionales. La negociación de la deuda, el fortalecimiento de la autonomía municipal o la recuperación de la democracia local dependen de la federación de esas experiencias municipalistas en un sujeto político e institucional con gran capacidad ofensiva. En este sentido, pensamos la iniciativa política debe ir encaminada hacia el impulso de nuevas legislaciones:

a) La promoción de una nueva ley municipal que reconozca en toda su amplitud el principio de autonomía municipal y la descentralización de todas las competencias que, con suficiencia financiera, sea posible desarrollar a escala municipal.
b) El reconocimiento del principio de subsidiariedad allá donde se pueda. Se trata de conseguir que los niveles administrativos superiores al municipio queden supeditados a la decisión de los propios municipios, de tal modo que la línea de mando y de estructuración de la administración se construya de abajo a arriba y no de arriba a abajo.
c) Entre las federaciones de municipios que compongan las regiones y los Estados deberá existir un compromiso de reparto y equidad en el acceso a los servicios y los derechos, los cuales deberán ser garantizados por los niveles de gobierno superiores.

4. Ya no hay, como pudiera suceder en el pasado, una equivalencia automática entre territorio y comunidad, entre comunidad y democracia. En las sociedades fragmentadas y atomizadas, atravesadas por el capitalismo avanzado, las formas comunitarias tienen a ser mucho más frágiles y sus bases cuentan cada vez con menos vínculos directos con el territorio. La «vecindad» ya no
es una forma de agrupación natural sino que debe ser constantemente producida. La apuesta municipalista, de esta manera, debe ir acompañada de la construcción de nuevas comunidades políticas, sobre bases sociales y culturales que no se pueden dar por supuestas. Las comunidades articuladas sobre la base territorial, como son los barrios, requieren de una apuesta política y una determinación subjetiva, militante, dispuesta a crear vínculos allí donde reina la dispersión y fragmentación propia de la hegemonía neoliberal. Es un desafío central por lo tanto el articular un tejido
organizativo capilar que atraviese y articule tanto los barrios como las distintas comunidades de intereses que pueblan nuestra ciudad.

4. La democracia no es algo meramente procedimental.
La democracia depende de que una parte importante, si no mayoritaria, de la población se muestre inquieta, activa y dispuesta al autogobierno. La toma de las instituciones «desde abajo» sólo puede comprenderse, en definitiva, como un ejercicio democrático que debe mantener en estado de agitación continua, y más allá de la institución, la vida civil y la acción ciudadana. Si no tenemos esto meridianamente claro, cualquier proyecto municipalista nacerá muerto por carecer del músculo suficiente para bregarse en un contexto político y económico que le será hostil. Un proceso de confluencia con objetivos electorales e institucionales debe otorgar un lugar protagónico a una articulación política con claro protagonismo ciudadano y popular que permita transformar las simpatías y los apoyos en participación y tupidas redes organizativas que atraviesen nuestro territorio.

5. Hay que tomar los ayuntamientos no para gestionar y representar, sino para hacer política y democracia.
El mayor límite del municipalismo está, sin ninguna duda, en reconocerse únicamente como ejercicio de buen gobierno. Palabras como honestidad, compromiso o responsabilidad se repetirán mucho; son palabras importantes, pero que muy pronto quedarán reducidas a sus acepciones más estrechas, cuando no a un uso claramente cínico, si no se enfrenta al hecho de que los márgenes de la democracia municipal, al menos bajo las actuales condiciones, son más bien pequeños. Por eso tomar los ayuntamientos ante todo implica transformarlos, lo que supone aceptar fuertes dosis
de insumisión al actual ordenamiento institucional. Algunas propuestas que planteamos en dicho son sentido: a) auditoría de la deuda municipal;
b) recuperación de los bienes públicos y comunes expropiados en forma de ventas, externalizaciones y partenariados público-privados; y c) denuncia de la connivencia de la vieja clase política con las oligarquías locales y económicas, ancladas fundamentalmente en la ciudad de Málaga en el sector de la construcción, el turismo y las finanzas;
c) Plan de redistribución de la riqueza común a través de un reordenamiento presupuestario que priorice un blindaje y refuerzo de los servicios públicos, el acceso a los derechos sociales y la dignificación de la vida de nuestra población frente a la pobreza y la precariedad.

6. Los ayuntamientos democráticos como experimento de una nueva institucionalidad democrática.
Abrir las instituciones a la ciudadanía supone la creación y puesta en marcha de mecanismos y dispositivos de gestión común de lo común, a través de los cuales las personas intervengan, decidan y regulen las políticas públicas. Por enumerar sólo algunos de los mecanismos ya ensayados desde espacios institucionales de nuevo tipo:
a) Transparencia: imposición de plenos abiertos; acceso completo y fácil a toda la información relativa a decisiones, agendas, cuestiones de gestión, debates
de carácter interno; dispositivos de control ciudadano.
b) Democracia digital: apertura de portales online como espacios de interacción entre el gobierno local y ciudadanía, a través de los cuales se podrá entablar un diálogo permanente entre ambas esferas, platear demandas e iniciativas de carácter ciudadano, elaborar colaborativamente proyectos, debatir sobre los presupuestos municipales, etc.
c) Consejos democráticos sectoriales y territoriales: son espacios de nueva institucional democrática para controlar, seguir, debatir, elaborar políticas, etc. Mediante ellos se pretende hacer efectiva la premisa «mandar obedeciendo».
d) Gestión ciudadana del presupuesto municipal y seguimiento y control de las políticas de ingresos y gastos.

8. Por una economía democrática de base municipal.
Pese a la actual globalización económica, son muchas las actividades y servicios que se pueden desarrollar a escala municipal y que pueden ser la base para una transformación económica de proporciones mayores. Los dos principios de la economía municipal que pueden servir de palanca para el desarrollo de esta nueva economía democrática son:
a) la recuperación de la gestión de bienes y empresas públicas bajo una regulación democrática y una apuesta pública por aumentar e Movimiento por la Democracia – Nodo Málaga intensificar el bienestar de la población a través de refuerzo de los servicios públicos y una mejora sustancial de la calidad de vida de nuestros barrios;
y b) el desarrollo e impulso de un tejido productivo sostenido en pymes de base local, cooperativas y redes productivas y eficientes de economía social. No hay transformación posible sin
el diseño e impulso de una nueva matriz productiva, por lo que resulta estratégico y prioritario poner toda la inteligencia, saberes y determinación en una nueva economía democrática de base local.

9. La revolución democrática por la que apostamos no parece desarrollarse a través de un acontecimiento puntual de toma de palacios de invierno sino que muestra los rasgos de una transición posneoliberal.
Pensar en términos de transición requiere de inteligencia, prudencia, audacia y gestión de los tiempos políticos a partes iguales. Conviene no ser ingenuos y pensar que todos los resortes institucionales de la hegemonía neoliberal podrán ser revolucionados de un día para otro. Conviene no ser perezosos ni conservadores para afrontar las radicales reformas y conflictivas medidas políticas que deberán ser tomadas a favor de la mayoría social. Conviene no ser torpes en la gestión de los tiempos políticos, la comunicación y las alianzas para evitar que la previsible reacción
oligárquica pueda articular bloques sociales que desestabilicen la transición constituyente. Conviene ser rigurosos y conocer bien la arquitectura institucional para que las nuevas políticas públicas impulsadas democráticamente tengan posibilidad de ser desarrolladas sorteando o afrontando con inteligencia los previsibles obstáculos que se encontrarán por parte del status quo. Asumir la tarea de la profunda transformación institucional y política que necesitan nuestros municipios nos exige por tanto el ejercicio de transformar las demandas y los grandes planes en hojas de ruta
escalables y conquistables.

10. La comunicación política es un componente esencial de la construcción de las mayorías sociales y los consensos necesarios para la transformación que queremos impulsar.
Las importantes experiencias políticas desarrolladas en estos últimos años nos señalan un ejercicio virtuoso de la comunicación sostenidas en un equilibrio entre conflicto y consenso. Conflicto con las élites políticas y económicas, desnudando sus miserias y afinando el tiro para golpear donde más les duele. Consenso con la ciudadanía, apelando y movilizando los resortes que pueblan el sentido común de los de abajo, hablando un lenguaje comprensible y articulando demandas y propuestas compartidas por la mayoría. De nada sirven nuestras verdades si son incapaces de
impactar en el imaginario y los resortes pasionales y motivacionales de la población.
Debemos asumir el desafío de situarnos en el campo del sentir colectivo para desde ahí activar, acompañar y precipitar el deseo de cambio político que ya habita en lo social. Aferrarse a nostalgias, lenguas muertas e identidades propias de otros tiempos se ha demostrado como un ejercicio inútil e impotente. Nos invitamos por lo tanto a pensar la comunicación en clave estratégica y a dotarnos de las mejores herramientas técnicas y discursivas posibles para la construcción de los amplios consensos sociales que necesitamos para transformar nuestra ciudad.
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