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Tu diario. Libertad de expresion

Su opinión Patrocinadores Normas de Malaka.es Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca•25 usuarios en línea • Viernes 17 de Noviembre de 2017
“También el dolor desea desahogarse (…).”
Mariano Cabrero Barcena. 24.11.14 
La delincuencia juvenil –violenta y criminal-se está convirtiendo, y ahora es así, inexplicablemente, en una especie de tragedia. Antaño, los jóvenes dirimían sus cuitas mediante los puños; actualmente, estos emplean sus navajas y armas de fuego (harto difícil de escudriñar de donde proceden), matándose  los unos a los otros…Son demasiados jóvenes para entender que ‘la muerte’ es irreversible, y la llevan a cabo en un abrir y cerrar los ojos. No podemos olvidar el mundo de las drogas en que están inmersos: ¡qué nadie lo olvide! Todo lo mencionado implica meterse de lleno en el mundo del dolor.
Los jóvenes de hoy en día que, persiguiendo una euforia artificial, manipulan distintos tipos de drogas para escapar de la rutina y salir de la realidad -aunque esta última la tienen muy negra por la falta de trabajo-, corren el riesgo de mantenerse, momentáneamente, en el mundo de aquellas, para terminar en la soledad y los silencios de sus propias muertes…
Vivimos en un mundo falso en el que tan sólo existe el 'aquí y ahora'. Y es que la clandestinidad de las drogas fomenta el crecimiento de individuos sin escrúpulos, que se dedican a venderlas y transformarlas. Para prevenir que el/la joven se droguen, ha de fomentarse un buen entendimiento y comunicación entre padre-madre-hijo.
Hace quizá algunos lustros, y en España, no temíamos problemas con las drogas (exceptuamos el alcohol, que también es una droga). Durante los años setenta se produjo una epidemia mundial del uso de las drogas, concretamente entre jóvenes, que llegó a España con bastante retraso pero con mucha virulencia.

Esta filosofía de ‘las drogas’ estaba impregnada de distintos postulados: “El trabajo es una explotación del hombre, que tiene que ser propiciado por los gobiernos de los distintos Estados”. “Lo único importante en nuestras vidas es ‘el placer por el placer’ aquí y ahora, y el efecto hacia los demás expresado mediante relaciones sexuales promiscuas y libres, alcanzando un ‘clímax’ de placer mediante el uso y consumo de las drogas: ¡Viva la libertad sexual libre…! ¡Mi cuerpo me pertenece! ¡Adiós a las armas! Ser promiscuo es ser libre”, terminan manifestando los prosélitos de las drogas.

Los que se inician a las drogas suelen comenzar con el cannabis (hachís, mariguana, ‘chocolate’, etc.). Otro ideario de los que consumen drogas y predican a sus seguidores, se expresan de la siguiente manera: “El alcohol es la droga de los adultos, la nuestra es la ‘hierba’ (mariguana, Cannabis sativa).Los médicos hacen terrorismo intelectual afirmando que la hierba es peligrosa; es mucho más inofensiva que el alcohol y, además, en vez de ponernos violentos da paz, es la droga de la paz, la paz es buena, haz el amor y no la guerra”,
 

La prensa diaria- de diferentes matices-, viene tratando el tema de las drogas lo mejor que saben y pueden: hay que tener mucho cuidado con lo que se escribe: Dice el refranero español: Lo escrito, escrito queda; las palabras, el viento las lleva (Ver vólant; scripta mánent). Los cerebros de los toxicómanos -enfermos- se convierten en imperfectos relojes, cuyas manecillas se mueven a saltos, haciendo muy difícil su sincronización. Todo está escrito.

Cuántas veces aparece en prensa, radio y televisión (no me olvido de Internet) algún famoso/a, de los de turno, hablando de drogas. Entonan el ‘mea culpa’ en el sentido de…: “Soy tonto, cómo pudo ser, no ocurrirá más-Dios mediante-, pronto me curaré…”. Él/ella anunciarán -a los cuatro vientos- que rápidamente se van a internar en un centro de desintoxicación durante algún tiempo, y ‘santas pascuas’.


Pronto se puede comprobar que la sociedad los ha perdonado, y ellos sacan pingües beneficios económicos. Así es la triste sociedad que nos ha tocado vivir. Todo lo anterior es una especie de paripé, pues, en los países occidentales desarrollados, todos sabemos que los ciudadanos toman drogas: unos más y otros menos, pero la mayoría…nada.


En un estudio elaborado por asesores del ex gobierno laborista de Blair, se facilitó una lista de las drogas por su grado de peligrosidad, y en este orden: la heroína, la cocaína, los barbitúricos, el cannabis, el alcohol y hasta una docena de drogas más. El ranking de peligrosidad con un grado de 2,75 en una escala del 1 al 3, está encabezado por la “ heroína”, que provocó en 2004 la muerte a 744 personas en el Reino Unido.

Hoy en día, sin duda, el mundo de las drogas representa una especie de patología social, que se mueve a lo largo de los cinco continentes. Entiende uno que las drogas han existido siempre. El hombre/mujer siempre ha tenido en mente la búsqueda del 'elixir de la vida' para prolongar la vida eternamente.
Uno se pregunta el porqué no hay más información respecto a este mundo triste –de marcharse para no volver–, empleando el sistema mutilativo, y casi siempre con resultado final de muerte brusca, del suicidio. Y es que realmente, y en la actualidad, están suicidándose los jóvenes: muchos chicos y chicas, más de los que realmente pensamos. Hoy por hoy los jóvenes consumen drogas –cocaína, anfetaminas, drogas de diseño–, son protagonistas de separaciones matrimoniales (incluyo las uniones de parejas sentimentales de distinto o del mismo sexo), poseen principios religiosos exacerbados e intransigentes que anulan sus propias voluntades... Pero, ¿qué está pasando en nuestra sociedad actual? Entiendo que existe una incomunicación total entre hijos y padres.

Preguntado un menor de 14 años el porqué se hallaba tan inquieto y desconcertado en relación con sus estudios, contesto: "(...) Hay tantas causas... Pero es que, realmente, no entiendo el porqué no puedo cenar con mis padres separados. Concretamente: el día de Nochevieja o el de Navidad".

En cierto modo la sociedad, la sociedad occidental, solamente encuentra un camino –corto y de fácil acceso– para superar el dolor y el sufrimiento: el químico o mundo de las drogas. Si existe un adicto grave en la familia, ésta se resquebraja, rompiéndose los lazos habituales de concordia, convivencia y respeto entre unos y otros. Se protegen y culpabilizan entre unos y otros. Unos buscan excusas a los comportamientos del drogadicto, otros son proclives a emplear la dureza para con el enfermo. Ninguno de estos comportamientos son buenos. El adicto se cierra en círculos concéntricos, los cuales son muy difíciles de romper para salirse de los mismos. Y es que entonces el adicto –que es un enfermo–, ha de vivir el resto de sus pocos o muchos años de vida que le restan… bajo el mundo de las drogas.

El hombre nació libre, es libre y creador –descubridor diría yo–, y no debe someter su voluntad e inteligencia a los estupefacientes –drogas– para que éstas le produzcan fiesta, concentración y descanso, todo de manera artificial. El cuerpo humano tiene en su interior más de 400 productos químicos que son capaces de dar alegría, tristeza, sueño, amor, odio... pero de forma natural. Todo servido por nuestro propio intelecto.

Sí tenemos que dar importancia al consumo de medicamentos en la familia. Sí tenemos que dar importancia al consumo de tabaco en el seno familiar. Sí tenemos que dar importancia al consumo de alcohol en el entorno familiar. Ver para creer. Por tanto, y esto se comprende, es una falacia (por idea falsa) el tratar de crear un distinción entre drogas duras y blandas, legales e ilegales, etc. Idea falsa fomentada entre sectores sociales interesados en que las drogas se propaguen y distribuyan, incluso gratis, aludiendo que el principio de libertad –el más grande que existe entre los seres humanos– está por encima de otros., como es el de la salud. Las drogas siempre matan el alma de las personas y, como consecuencia, sus cuerpos.

Nadie se preocupaba de regular el mundo de las drogas, su siembra y recolección, mientras que ahora el hecho del cultivo de sustancias tóxicas cobra dimensiones de catástrofe planetaria: capitalistas, socialistas, comunistas, cristianos, mahometanos, etc., se unen en una cruzada común por la salud mental y moral de la humanidad. Tenemos que preguntarnos: ciertamente, ¿quién sale beneficiado con la ilegalidad de ciertas sustancias? Con evidencia podemos responder: los toxicómanos -enfermos-, no.

El dinero es el gran ganador y el causante del consumo de drogas. Él es anónimo, uniforme y permanente; creo haber leído que está en funcionamiento hace más de 4.500 años en intercambio mercantiles. Esto es triste, pero es la pura realidad. ¡Poderoso caballero es don dinero!, que reza nuestro refranero español. Acabamos de hablar de las drogas ilegales.

No podemos olvidar ni por un momento que, aunque no lo expresemos tácitamente, nuestros buenos amigos el alcohol y el tabaco son autenticas drogas en nuestro siglo XXI, acabado de empezar. Y es que los cigarrillos que se venden son auténtica basura para nuestros organismos. Dicho sea de paso, que, el 95% de lo que se fuma, sin lugar a dudas, son sustancias nocivas para el cuerpo humano: no solamente a largo plazo, sino a corto. Una vez que la nicotina penetra en nuestros pulmones nunca jamás sale. Y es más: todos tenemos conocimiento de que fumar cigarrillos –su nicotina y otros componentes químicos– son los responsables de la muerte súbita infantil –niños y niñas–, si sus madres consumen cigarrillos durante el embarazo.

“También el dolor desea desahogarse; el hombre abrumado por el dolor no siente vergüenza de sus lágrimas”, dejó escrito FR. Bodenstedt, Ada, Gesang 53.
 
La Coruña ,23 de noviembre 2014
©Mariano Cabrero Bárcena es escritor
El faro de Hércules que alumbra al mundo entero…
 
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