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Vivimos una crisis excesivamente larga en el tiempo
Carlos Carmona Sanchez. 04.04.15 
En estos tiempos que corren, no suelo decir quién es quién en política. Cada vez que se me ocurre opinar sobre otros, termino metiendo la pata, por esta razón, aunque me conviden a la indefinición sigo manteniéndome lejos de una socialdemocracia, más parecida al liberalismo positivo de la derecha progresista. Soy funcionario y defiendo al trabajador sencillamente porque pertenezco a esa clase y, si alguien tiene una duda sólo tiene que dejar de cobrar su nómina para saber en qué lugar se ubicaría en ésta sociedad. En realidad no confío excesivamente en el poder. Con ánimo de equivocarme, por la subjetividad de alguien que no es neutral, me atrevo a analizar lo que está ocurriendo:
- vivimos una crisis excesivamente larga en el tiempo que no termina de resolver la situación de los trabajadores y trabajadoras, a pesar de sufrir la más dura de las reformas laborales desde que comenzó ésta democracia. Un deterioro de los servicios públicos que agrava aún más  la situación. Además de unos grados de corrupción política y sindical, que salpica con mayor intensidad cuanto más grande es la formación.
Todo esto ha dado como resultado una desconfianza de la población hacia las fuerzas políticas tradicionales. La solución: nuevas formas políticas que tendrán que resolver con cierta brevedad los descontentos de una población cada vez más escéptica. En la actualidad hay líneas de comportamiento que pasan por una población que envejece, que añoran el estado del bienestar cada vez más lejano, obligados al conservadurismo con una claridad retrospectiva de los que opinan que las cosas pueden empeorar. Hay una población que quiere saber cada vez más ¿cuánto paga por mantener este sistema, y no sólo cuánto cobran sus políticos o que patrimonio tienen? Otro apartado interesante es la izquierda bohemia, que se convierte cada vez más inaccesible para la clase obrera de hoy. Las actitudes conservadoras en los asalariados privados una parte importante de ellos votan a la derecha. Por último, la izquierda obrera tiene que volver a recuperar el electorado tradicional en las zonas periurbanas y rural que en muchos lugares están en manos populistas. Si me permiten dos aforismo a los partidos tradicionales le diría que la mentira es mala, pero también es malo las personas dispuestas a creerlas. Y para las fuerzas que comienzan sus andaduras, les diría que:- según ganan fuerzas van perdiendo escrúpulos y según adelantan posiciones van olvidando para que corrían.  
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