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Su opinión Patrocinadores Normas de Malaka.es Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca•5 usuarios en línea • Lunes 11 de Diciembre de 2017
¿Y por qué no un gobierno de concentración a tres?
Federico Ortega. 10.01.16 
Con los datos que nos da la composición del nuevo Congreso y Senado hay algunas verdades que casi todos compartimos:
1ª El PP no tiene más amigo que Ciudadanos, con lo que no hay capacidad alguna de investir a Rajoy.
2ª El PSOE parece que no puede pactar con Podemos, al menos que éstos renuncien explícitamente a su teoría sobre el referendum o referendos de autodeterminación, según aprobó el Comité Federal del PSOE, lo que hace casi firme y definitiva la postura del Partido Socialista en cuanto al debate territorial.
3ª Ciudadanos y también Mariano Rajoy han planteado un gobierno de concentración a tres (PP, PSOE y Ciudadanos) que con una gran base parlamentaria, en torno a 250 diputados, más de dos tercios del Congreso, podría echar a andar la legislatura y acometer las reformas necesarias que tiene planteada esta España actual y la tan anunciada reforma constitucional. No olvidemos que sin el PP no hay reforma posible y además el PP tiene mayoría absoluta en el Senado, que permitiría bloquear cualquier reforma de la Carta Magna en la que él no hubiera participado. Paradógicamente, esta situación de empate total en las Cortes, da la posibilidad de incorporar al PP a una reforma que hasta ahora negaba rotundamente.
4ª A algunos nos gustaría más que el gobierno a tres fuera entre PSOE, Cuidadanos y Podemos, pero parece que éste acuerdo no puede ser por los impedimentos tanto de Ciudadanos como de Podemos (a cuenta del dichoso derecho a decidir).

Se dice y parece verdad, que la fragmentación del voto tal y como ha sucedido, propicia la parálisis política de España y aboca a unas nuevas elecciones. Esa es una visión, pero también puede ser una oportunidad única, ya que si nadie puede decidir por sí solo, existe la posibilidad de hacerlo entre todos juntos. El planteamiento de un gobierno de concentración a tres (PP, PSOE y Ciudadanos) y de una hipotética reforma constitucional tiene algunos escollos casi insalvables, pero más complicado lo tenía el primer Congreso Democrático salido de las elecciones de 1997 y hubo entonces cuatro enormes actores: Suarez, González, Carrillo y Fraga (bueno, Fraga menos, al final se desmarcó de la Constitución) que se arremangaron y llegaron al acuerdo de la Transición. ¿Es que no están a la misma altura Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera? Quizás no, pero a muchos nos gustaría que lo intentasen.

¿Cuales son los obstáculos que puede presentar el acuerdo a tres?

- El que Mariano Rajoy se presente como único y exclusivo candidato a pilotar esa supuesta reforma. El PP está en minoría, lo mismo que todos los demás, pero juntos sí que pueden llevarla a cabo.
- Pedro Sánchez ya está atado y obligado a decir no al ofrecimiento del PP, después de que el Comité Federal del PSOE haya dictaminado su rechazo a un acuerdo con el gobierno de los recortes. Para que un pacto se produjera, el Comité Federal del PSOE tendría que rectificar y dar su visto bueno, y eso parece difícil.
- El PSOE lo tiene crudo tanto si pacta con el PP como si no. Algunos barones socialistas parece que quieren moverle la silla al Secretario General del PSOE, aupado en primarias hace poco más de un año. El Partido Socialista es la pieza a cobrar desde varios puestos de caza: Podemos está al acecho para dar el 'sorpaso', al igual que se lo ha asestado a Izquierda Unida.

Sin embargo y a pesar de estos impedimentos, llegar a un acuerdo amplio a tres tendría premio (no sé si El Gordo o del Niño). Veamos:


- El PSOE podría imponer como condición previa para acceder al pacto que le ofrecen PP y Ciudadanos, la discusión y el compromiso en firme de un acuerdo de la reforma constitucional, reforma que el PP negaba, pero que ahora no tendría más remedio que analizar y no bloquear en el Senado, donde sí tiene mayoría absoluta. Pensar que este acuerdo con el PP (y Ciudadanos) le traería al PSOE un castigo electoral futuro, es considerar más su propio beneficio electoral que el futuro de los españoles, además, eso de que los electores castigarían al PSOE en las urnas estaría por ver.
- Podemos, el supuesto excluido de este pacto a tres, tendría mucho campo para poner sobre la mesa sobre sus propuestas de reforma de la Constitución. Aunque alguna proposición de Podemos no fuera aceptada en esa mesa, a ver quien le denegaba sus planteamientos de regeneración democrática, herederos del 15M, que le han llevado a escalar un record de 69 diputados a la primera.
- Y Ciudadanos, con todo lo que puedan decir, tiene algunas propuestas firmes que son bien vistos por muchos ciudadanos aunque no les voten.

Este es el planteamiento de este maestro jubiliado y aunque reconozco que una alianza de izquierdas me gustaría más, la coalición de PSOE, Ciudadanos y Podemos, parece que eso no puede ser. Una Reforma Constitucional a la altura de la Transición creo que es lo que más falta le hace a España en estos momentos, eso es lo que creo, digan lo que digan, aunque me tachen de haber traicionado mi trayectoria de izquierdas. Ser de izquierdas es, entre otras cosas, estar a favor del progreso y los más progresista hoy es una puesta al día de nuestra Ley de Leyes para otros veinte o treinta años, aunque dejemos la toma del palacio de invierno para más tade.

Un paso atrás de Rajoy

Eso sí, a condición de que Mariano Rajoy dé un paso atrás como lo ha hecho Artur Mas. No puede volver a ser presidente del gobierno aquel que tanto daño ha hecho a los españoles rasos. No puede repetir en la presidencia el jefe de Bárcenas, de Rodrigo Rato y de los sobres. Si el PP pide responsabilidad histórica a Pedro Sánchez, aplíquese el cuento, retire a Mariano Rajoy y presente otro candidato o candidata.

Reforma Constitucional

Y ya para terminar aquí está la lista de lo que yo quisiera reformar y plasmar en la nueva Constitución (cada cual tendrá la suya, pero ésta es la que yo acometería):
Reforma de la administración de Justicia para que sea realmente independiente.
Que el Senado sirviera para algo y si no, quitarlo.
Delimitar claramente las competencias del Estado y las de las Autonomías y fijar un armazón estable para la financiación de éstas (ahí entra el problema catalán).
Una reforma electoral para que todos los votos valgan lo mismo.
Eliminar las diputaciones.
Acometer la reforma del artículo 135, acordada por Zapatero y Rajoy con nocturnidad y alevosía.
Imponer la laicidad absoluta del Estado.
Poner coto a los privilegios de la iglesia católica, de la banca y de las grandes corporaciones para que su poder esté controlado por los ciudadanos a través de su ejercicio del voto.
Elaborar de una puñetera vez, de forma conjunta una ley de Educación que dure al menos una generación.
Y en el problema catalán esta es mi propueta, la misma que propuso el presidente de Valencia Ximo Puig: poner otra vez sobre la mesa el Estatuto aprobado por los catalanes en referendum y que fue podado de forma no muy clara. Creo que ahí hay una salida.

Federico Ortega. Enero de 2016

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