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Alfredo Melgar y Alfonso de la Torre recorren juntos las cercanías y lejanías de Calder y Brancusi en el Centro Pompidou Málaga
Ayuntamiento de Málaga. 23.05.16 
Una nueva sesión del ciclo Bifurcaciones reúne, el jueves 26 a las 18:30 horas con entrada libre y gratuita, a un reconocido discípulo del escultor estadounidense y a un crítico y comisario especializado en escultura
23/05/2016.- El 26 de mayo, a las 18:30 horas con entrada libre y gratuita hasta completar el aforo, una nueva sesión del ciclo Bifurcaciones reúne en el Centre Pompidou Málaga a Alfredo Melgar, discípulo de Alexander Calder, y Alfonso de la Torre, crítico y comisario especializado en escultura. Juntos, los dos recorrerán las oposiciones que trazan las dos obras maestras de Calder y Brancusi que cohabitan en la sala El hombre sin rostro. Línea frente a volumen, masa frente a espacio, ingravidez frente a gravedad. Quizá sea posible que con sólo las piezas de Calder y Brancusi que exhibe el Centre Pompidou Málaga se pueda articularse toda una historia de la escultura. Bajo el nombre La levedad y el peso, Melgar y de la Torre indagarán sobre estos dos hitos de la escultura del siglo XX. El ciclo Bifurcaciones es un conjunto de conversaciones a dos voces de algún modo contrapuestas que, desde la complicidad y el desacuerdo civilizado, explora cuestiones del arte moderno y contemporáneo que siguen suscitando polémica hoy día, tomando como base a los autores de nuestra colección y sus discursos estéticos.
ALEXANDER CALDER Y MÁSCARA (1929)
“Alexander Calder (1898-1976), hijo de padre y madre artistas, aprende desde pequeño a manejar herramientas y a inventar juguetes que fabrica con materiales corrientes. Siendo adulto, abandona los estudios de ingeniería mecánica para hacerse pintor. En 1923, asiste a las clases tradicionales de la Liga de Estudiantes de Arte de Nueva York y se gana la vida como ilustrador de prensa, mientras desarrolla sus capacidades a través del contacto con los espectáculos populares (deporte, circo y cine) y la muchedumbre estadounidense, a la que capta con su trazo rápido y su talento innato para la caricatura, penetrado por un humor ingenuo que será el hilo conductor de su obra.
En 1926, Calder se instala en París por primera vez, talla su primera escultura -un gato, en un poste de madera de roble-y realiza su primera obra de alambre -un gallo que marca las horas-, mientras continúa fabricando juguetes articulados para procurarse el sustento. Estas experiencias lo acabarán conduciendo a su gran proyecto: el Circo Calder, una obra de arte en toda regla y única en su género. Este circo para adultos está compuesto por centenares de esculturas en miniatura y mecanizadas, fabricadas con alambre, tela, cuero, caucho o cuerda, con las que su autor recrea los números circenses en espectáculos públicos.
Sus primeras figuras de alambre importantes son coetáneas a las investigaciones paralelas de Picasso, González y Lipchitz sobre una escultura metálica, vacía y desmaterializada. Se trata de una serie de cinco siluetas suspendidas en el espacio. Hasta 1930, Calder realiza a ambos lados del Atlántico toda una galería de retratos de alambre de personas desconocidas o personajes célebres del mundo del arte y del espectáculo. El principio de trabajo es siempre el mismo: con unas pinzas, Calder las dibuja en el espacio con alambre -material dúctil y sólido al mismo tiempo-directamente del natural o a partir de fotografías. Su destreza, reforzada por su genio para la caricatura, le permite captar al vuelo el detalle que define un rostro, subraya una silueta, delata un comportamiento o revela una clase social.
Máscara (1929) pertenece a este conjunto de cabezas transparentes y suspendidas en el aire por un hilo que les confiere movilidad y nos permite apreciarlas desde todos los ángulos. Aunque son figurativas, estas piezas móviles y espaciales anuncian sus primeras esculturas abstractas, mostradas en la Galería Percier de París en 1931. Estas composiciones de movimientos, hechas a base de bolas macizas o de chapas metálicas sujetas a varillas de alambre, preludian las famosas construcciones motorizadas de 1931-1932, bautizadas por Marcel Duchamp con el nombre de Móviles, que consagrarán a Calder”.
Brigitte Leal
CONSTANTIN BRACUSI Y LA MUSA DORMIDA (1910)
“Contantin Brancusi (1876-1957). Tras formarse académicamente en Craiova y Bucarest entre 1894 y 1902 y luego en París entre 1905 y 1907, a partir de 1906 Brancusi comienza a exponer en el Salón de Otoño, donde Rodin se fija en él: sus primeras obras, de carácter voluntariamente inacabado, sugieren la influencia de este último. Poco después realiza una de sus primeras «tallas directas» y, a partir de entonces, se decanta por extraer las formas del «bloque» natural de mármol, piedra o madera.
Entre 1908 y 1910 posa para él la baronesa Renée Irana Frachon. A estas sesiones pertenecen los estudios realistas en posición aún en vertical que están en el origen de la primera versión de La Muse endormie, donde el artista sustituye el busto tradicional por el fragmento de la cabeza exenta.
Producto del cruce con una obra precedente -el mármol del que emerge Le Sommeil [El sueño, 1908, Bucarest, Muzeul National de Arta al Romaniei]-, la fisonomía extraída de lo real aparece de nuevo tumbada en el mineral (mármol blanco, 1909-1910, Washington, The Hirshhorn Museum and Sculpture Garden).
Entre el original y las seis copias de bronce (dos de las cuales se encuentran en el Musée National d’Art Moderne), Brancusi introduce diferencias trabajando en cada caso el metal o el yeso intermedios y produciendo bronces con diferentes grados de pátina o pulimento. De la superficie lisa y continua afloran los ojos cerrados y la boca entreabierta en una hendidura asimétrica cuya indecisión evoca una presencia inaprensible.
Eltabique nasal, único relieve marcado, surge de la forma ovoide y delimita las vertientes que, sin cambiar de plano, se deslizan a lo largo de las cejas estiradas hasta introducirse bajo la cabellera. Al sustituir el busto por la cabeza acostada, privada de lo que la une al cuerpo y presentada como una máscara, y borrar los rasgos del rostro para concentrarse en su forma ovalada, el escultor abstrae un objeto que aún posee resonancias humanas”.
Marielle Tabart
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