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Tu diario. Libertad de expresion

Su opinión Patrocinadores Normas de Malaka.es Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca•2 usuarios en línea • Martes 30 de Mayo de 2017
Una de miedo
Jose Maria Barrionuevo Gil. 19.06.16 
Triste siglo XXI, tan joven y tan desalmado. Desde hace años hemos escuchado que el siglo XXI “sería lírico o no sería”, “sería feminista o no sería” y otras muchas más esperanzas por el estilo.
Triste siglo XXI, que nos trae a maltraer y no por las calles de la alegría ni por los caminos de la paz. Cuando alguien está furioso y se carga a la diputada inglesa  Jo Cox nos tenemos que preguntar de dónde viene esa furia. Nos da miedo hasta dónde se puede llegar  con este arracimado mundo de las informaciones. Una amiga nos decía los otros días que se trataba de un loco. Pero nos convendría escarbar, remover la tierras y no para enterrar a alguien, sino para ver dónde están las raíces del odio. No se trata de un loco, no se trata de un rabioso; se trata, más bien, de una locura y una rabia que va contagiando a todos los que se están quedando sin defensas sociales; se trata de una inmunodeficiancia personal y social. Estamos todos expuestos, estamos todos inmunodeficientes ante tamaña loca sociedad.
Si se siembra odio y además se cultiva, nunca nos podremos sentar a la sombra del árbol de la paz. Se está hablando constantemente de los problemas que tenemos en el mundo, pero no vamos a las raíces. No somos radicales en analizar por qué llueve ahora de esa manera, sino que nos quejamos de cómo llueve ahora. Y cada uno se guarece como puede, esperando que pase el chaparrón, pero se refugia según su costumbre y sin pensar que una tromba de agua no esperada se lleve también el refugio para adelante.

Siempre decimos que esto no ha pasado nunca, porque, a lo peor, no estábamos bien informados. Hoy, ya sabemos cómo están los medios de comunicación y sabemos en mano de quiénes están. Nos llega el espectáculo interesado y no las noticias interesantes; nos dan las noticias que nos dan sueño y no las que nos lo quitan y de éstas solo nos llegan las alarmistas, las propias de una sociedad enferma, que nos conducen a la ira, a la locura, al odio; estamos en una loca sociedad que nos contagia la locura.
    Tampoco nos queremos dar cuenta de quiénes son los provocadores, quiénes preparan el terreno y siembran el odio. Hace tiempo nos contó un compañero que en un colegio había unos hermanos que, cada uno por su lado, porque eran de diferentes edades, iban provocando siempre y terminaban justificando su reacción y solucionando los problemas de una manera muy eficaz. Tenían necesidad de hacer el gasto de su “técnica”. Sabían de la eficacia de sus medios y quedaban como vencedores. Por cualquier cosa provocaban y, cuando el compañero ya harto se defendía, le aplicaban el golpe de gracia: un buen cabezazo en la nariz, lo que provocaba la rápida hemorragia nasal, que dejaba desarmado al que, precisamente, había sido víctima del acoso.
    Ya hemos hablado más de una vez de la manera (totalmente desorientada) que tiene Occidente de  arreglar los conflictos. Primero, provoca y, cuando los otros responden de alguna manera, porque ya están hartos, aplica su portentosa y poderosa técnica, para “aterrorizar” a los que ya están hartos. Los aterrorizados buscan una salida aunque sea casi suicida, y en esta indefensión, se encuentran con que Occidente, que se las da de inteligente, no comprende que después de haberles quitado sus riquezas naturales, se les vengan los empobrecidos con hambre; que después de haber bombardeado sus países, en los que les gustaba vivir, se lancen al mar para sobrevivir, si tienen suerte, porque quieren vivir, aunque sea entre nosotros.
    Ahora se añaden los daños colaterales, que vienen jalonados con todas las fobias habidas y por haber, para alimentar la división entre nosotros y  el odio hacia los simpatizantes de los emigrados y refugiados (que, además,t odavía están por refugiar). A la muerte de la diputada se responde cínicamente con condolencias, cuando, a nuestras espaldas, se está sirviendo en bandeja la proliferación de desastres, que son provocados por  nuestras sociedades vilmente civilizadas.
    De miedo, pero nuestro siglo XXI, más pronto que tarde, necesita ser bien nutrido con toda clase de “filias” y de cuidados, de amor y de responsabilidad, si queremos que llegue a la mayoría de edad.

José María.
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