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Tu diario. Libertad de expresion

Su opinión Patrocinadores Normas de Malaka.es Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca•9 usuarios en línea • Jueves 17 de Agosto de 2017
La Luna
Jose Maria Barrionuevo Gil. 20.11.16 
La Luna ha sido siempre un tema recurrente para los poetas. Todos los poetas, en algún momento, han hecho un alunizaje emocional, aunque no siempre fuera amoroso. Así Espronceda nos dijo aquello, tan repetido en nuestros años jóvenes, de “La luna en el mar riela, en la lona gime el viento...” que puso en aras de la libertad, a pesar de que Espronceda era de secano o por serlo.
Otros, algunas veces, como Bécquer, llegaban a su delirio hasta el punto de quedarse una noche entera “mirando a la luna, que flotaba en el cielo entre un vapor de plata”.
Sin embargo Pablo Neruda no la ve inmóvil ni se siente inmóvil, cuando nos canta: “Fosforece la luna sobre las aguas errantes... La luna hace girar su rodaje de sueño”.
Todos nos sentimos, sin querer, amigos de la Luna, amigos ambulantes, pero la Luna nos acompaña, aunque no reparemos en ella y se nos pase tenerla en cuenta alguna que otra noche al mes. Sin embargo Rubén Darío, gran poeta, no tenía tanta dejadez. A tanto llegó que, “sabiendo de su propia obra y de su genio poético, percibió la magia que encerraba la poesía y firmaba muchas obras como Endimión, porque el mito de Endimión le cautivó por su inmortalidad y por el eterno amor que Endimión sentía por Selene”.
En contraste con todos estos poetas, el bueno de don Antonio Machado, sabía aterrizar a tiempo y con su sentido del humor y su sensibilidad a flor de piel, cantaba irónicamente de los poetas, un poco o mucho trascendentes, cuando nos decía aquello de “Desdeño las romanzas de los tenores huecos y el coro de los grillos que cantan a la luna”.
    Todos hemos estado expectantes de la luna llena de este noviembre, porque nos han informado, incluso hasta la saciedad, de que se nos presentaba una oportunidad única, donde las haya, de ver una luna más cerca, más luminosa, casi más entrañable. Sin embargo no todos tuvimos esa gran suerte, porque unas cuantas nubes nos la tapaban y la veíamos a trozos, como una “media luna” que para Unamuno “era una cuna”.
    Los países de la media luna se nos han presentado como unos países de mucho poder, aunque hayan escogido una luna en cuarto menguante y que sin querer los está llenando de oscuridades y de sombras, que avanzan con tantas guerras.
    Si cumpliéramos lunas en vez de años, contaríamos con  lunas en vez de años y estaríamos llenos de lunas llenas y los años se convertirían en una vulgaridad. “No sé dónde la vi por primera vez”, nos dijo Borges. Pero tampoco nosotros sabemos ni cómo ni cuándo, al igual que no somos conscientes de nuestro primer cumpleaños: ni dónde ni cómo ni cuándo. Pero eso sí, nos cabrían muchas más lunas, porque seguimos creciendo; aprenderíamos a saber llegar a una buena dosis de plenitud sin achicarnos.
    “Cuando los amantes ricos la miraban /   desde sus tedios y sus pabellones, /   satelizaba de lo lindo y oía /  que la luna era un fenómeno cultural;  pero si los amantes pobres la contemplaban, /  desde su ansiedad o desde sus hambrunas, /   entonces la menguante entornaba los ojos, /   porque tanta miseria no era para ella”, nos dice Benedetti, porque no todos contemplamos la misma luna.
    Está por ver, quizá, si esta luna ha sido una cortina de humo más para distraernos de tantas sombras que van rodando por nuestra tierra y que constituyen la otra cara de la Luna. “Madrina de engaños, Doña Luna” la llama Alfonsina Storni. De todos modos podemos preguntarnos con Zorrilla: “¿Qué quieren esas nubes que con furor se agrupan del aire trasparente por la región azul?”.
    Otros poetas la han visto siempre llena de luz, incluso también ha sido considerada como un espejo en el que podemos mirarnos, convirtiéndola en una luna, un cristal con azogue. ¿Seremos capaces de vernos sin sombras ni nubes que nos hundan en misterios y que nos impiden “acertarnos” con claridad?
    Una vez puestos, ya que no podemos ser ingenieros ni del sol ni de la luz, podríamos, con Miguel Hernández, comportarnos como “peritos en lunas” para ver si nos reconocemos, mientras que con Serrat “una luna llena araña el mar” Mediterráneo para nosotros.
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