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Tu diario. Libertad de expresion

Su opinión Patrocinadores Normas de Malaka.es Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca•4 usuarios en línea • Lunes 11 de Diciembre de 2017

¿Como le dices a Dios que no?
  CAPÍTULO III.  LA HUÍDA DE SIWON

Cómo le dices a Dios que no. 29.11.16 

Una novela de  Antonio Sánchez Varela

A la mañana siguiente Marcus se dirigió al laboratorio, como la mayoría de los días. Pero esta vez no iba en su coche. El infortunado automóvil estaba siendo sometido a un proceso de secado y restauración después de la lluvia a la que había sido sometido. Tan poco era un día normal; era azul, y doblemente soleado: doblemente, porque los elementos así lo habían determinado, y azul y soleado, porque todas y cada una de las células de Marcus así lo percibían.
    Al llegar al laboratorio, lo primero que hizo fue preguntar si el Señor Wislow había llamado para comunicarles alguna novedad acerca del paradero del desparecido Doctor Siwon.
    -Profesor Rusell, disculpe que le interrumpa.
    -No se disculpe, y entre, por favor.
    -Quería saber si tiene alguna información acerca del Doctor Siwon.
    -Me acaba de llamar el Señor Wislow. Ha pedido disculpas porque hasta el momento no ha sido capaz de contactar con el Doctor.
    -Es francamente desconcertante que una agencia gubernamental no sea capaz de ponerse en contacto con alguien al que han seleccionado. ¿Realmente considera Profesor que estos son los compañeros adecuados para el viaje que vamos a emprender?

-El tiempo nos lo dirá Marcus. Todo es mucho más simple de lo que cree. Hasta la fecha hay, y ha habido más laboratorios tratando de conseguir optimizar la producción de antimateria. De hecho ambos sabemos que los plazos que nos han planteado son prácticamente irrealizables. Pero para que se puedan alcanzar cotas rentables para poder considerarla como una energía alternativa necesitamos posiblemente la mayor inversión en investigación y desarrollo que nunca se haya hecho en la historia de ninguna nación. De manera que acedemos a las premisas del Señor Wislow o esperamos que tal vez dentro de bastantes décadas con los avances del C.E.R.M, nosotros y otros aceleradores pueda que lleguemos a algo. Quizás en ese momento ya sea todo demasiado tarde para nuestro viejo planeta.
    -Es decir, que nos encontramos a expensas de intereses que desconocemos. Porque le recuerdo que el Señor Wislow ha mencionado que llevaban muchos años implicados en la investigación de la antimateria; intuyo que para fines bélicos.
    -Sí, reconozco que los riesgos son evidentes y diversos. Es obvio que nadie da algo por nada. Debemos ser suficientemente sutiles para conseguir algo por lo menos posible.
    -La teoría está clara. Usted sabe que va a resultar una misión compleja, ya que tienen acceso a otras fuentes de información que pueden valorar en todo momento nuestros avances, o incluso utilizarlos para otros propósitos, insisto un poco desesperado.
    -Empecemos el camino con un primer paso y después, ya iremos decidiendo en cada encrucijada ¿No le parece?
    Ya habían pasado más de veinticuatro horas desde que el joven Doctor Siwon había decidido tratar de recuperar la libertad de su vida, recluyéndose en una cabaña perdida en la montaña. No disponía casi de víveres, a excepción de un par de chocolatinas y una botella de agua. Era consciente de que si trataba de bajar al pueblo más cercano, a más de veinte kilómetros, a través de un infernal camino de tierra y piedras, llamaría la atención. Un individuo con rasgos asiáticos en medio de la América recóndita no pasaría desapercibido. El tiempo se le acababa y había decidido tratar de escapar en un barco en dirección a China. Pero para ello, antes tenía que llegar a los Ángeles, donde vivía su amigo de la infancia, Jhon, que trabajaba en Maersk Los Ángeles Terminal. Una de las mayores compañías portacontenedores del mundo. Con un poco de suerte podría ir de polizón en uno de esos enormes barcos, previo pago de un soborno a parte de la tripulación para poder aguantar un viaje tan largo sin perecer por falta de agua y alimentos.
    El Señor Wislow había movilizado todos los recursos de los que disponen. Se habían enterado de que el Doctor había retirado una gran cantidad de dinero del banco, unos cuarenta mil dólares, que le abrirían muchas puertas para lograr comenzar una nueva vida, posiblemente en China. Conocedor de todo esto Wislow intenó controlar las salidas del país. Con especial énfasis en los que tenían como destino Asía. Al mismo tiempo Siwon pensaba si lo único que conseguiría sería cambiar el collar que le ataba. Porque, una vez llegado al país de sus padres, si quisiese seguir investigando en el mismo campo, seguro que todo serían facilidades, pero, ¿a costa de qué?: de su libertad, de su futuro… ¿Habría posibilidad de vuelta atrás? Le parecía imposible pensar que pudiesen volver a confiar en él. Después de su huida, llegó a la conclusión de que lo mejor sería escapar o cambiar radicalmente de vida, a pesar de no poder volver a ver a su familia en suelo americano existía la posibilidad de que sus padres volviesen a su país de origen para comenzar juntos una nueva vida con las prebendas que les proporcionaría el gobierno. Si eso era así, lo mejor sería tratar de contactar con la embajada China y que organizasen ellos todo. Cansado por la tensión y la dificultad de tomar una decisión, optó por coger el coche desvencijado que le habían prestado para dirigirse a una población grande donde pudiese pasar desapercibido. Una de las ciudades que se le ocurrió fue Chicago. Allí, además existía un Consulado, que seguramente no estaría bajo vigilancia. Pensarían que por cercanía iría a la embajada a Washington o el Consulado de Nueva York. Al fin y al cabo se encontraba en los Apalaches y ya había recorrido parte de la distancia. La cuestión era si ese cacharro de cuatro ruedas, que nada tenía que ver con su precioso deportivo, sería capaz de llegar a la ciudad del viento.
    A medida que los kilómetros caían no dejaba de preguntarse qué había hecho mal. Consiguió ser el mejor expediente de su promoción en Berkley, era un ciudadano americano que pagaba sus impuestos, daba clases de Taekuondo a niños sin recursos. Y el pago del país de las oportunidades, había sido un interrogatorio que rozaba la tortura psicológica. Se sentía enfurecido. Había luchado toda su vida por ser tan americano como el que más, y creía que lo había conseguido. A estas alturas pensaba que hubiese sido mejor no esforzarse tanto y ser una persona normal, con un trabajo normal y con una vida normal. Seguro que a una persona del montón no la habrían tratado como lo habían hecho con él. ¿Quiénes se creían? ¿Cómo habían sido capaces de llegarle amenazar, a cuestionar su patriotismo, en base a una diferencia determinada por unos genes?
    Cuanto más reflexionaba al respecto de todo esto, más convencido estaba que su futuro y el de sus padres estaba en la tierra que los había nacer. Ahora la cuestión era si el Gobierno Chino se implicaría para conseguir sacarles del país. Esto se consideraría una cuestión de seguridad nacional, sin duda. Además había firmado un documento de confidencialidad. Si el momento llegaba, Estados Unidos alegaría todo esto. Incluso podría ser tratado como un traidor. Por otra parte estaba toda la deuda soberana americana que poseía China, y que sin el más mínimo género de dudas querrían que siguiesen comprando. Sería un conflicto diplomático que se dirimiría más por lo que pudiesen perder los americanos, que por lo que pudiesen ganar los chinos: parte de la tecnología necesaria para que la antimateria pudiese ser utilizada como una fuente de energía limpia.
    Siwon, finalmente alcanzó la civilización. No sin un penoso descenso por esas casi intransitables pistas pedregosas de los Apalaches. Ahora la cafetera con ruedas en la que se encontraba pesaba bastante menos debido a todas las tuercas que había perdido con los baches, golpes y riachuelos. De hecho, no estaba muy seguro si seguía teniendo motor o había caído también, porque la velocidad era la misma. Una vez alcanzó la carretera nacional se puso más nervioso, cualquier imprevisto podría hacer que lo descubriesen. A buen seguro, habrían transmitido fotos de él por todo el país. Tan pronto encontró la primera cuesta arriba el coche se paró, ya no cabía duda, no tenía motor .Tenía miedo a que una patrulla de carretera pasara y lo identificase. Rápidamente salió a abrir el capó, echó un vistazo; todo parecía estar bien. A excepción de una fisura en la tapa del delco por la que había entrado humedad al atravesar alguno de los riachuelos. Desconectó los cuatros cables que iban a las bujías y sacó la tapa para limpiarla por dentro. Lo estaba colocando nuevamente, con medio cuerpo debajo del capó, cuando escuchó una voz.
    -¿Necesita ayuda?
    -Del susto que le produjo escuchar aquella inesperada voz, se golpeó en la cabeza al intentar salir de debajo del capó.
    -No agente. No necesito ayuda.
    -¿Qué le pasa?
-Humedad en el delco, dijo Siwon confiando en que desapareciese de la misma forma que había a parecido.
    ¿Usted es de por aquí?
    -No.
    -No puede venir de muy lejos con este trasto.
    En ese momento tuvo que tratar de encontrar una respuesta plausible y que no lo relacionase con Nueva York
    -Vengo de de Trenton.
    -¿Y qué se le pierde por aquí?
    -Estoy de paso, voy a Springfield a ver a una amiga.
    -Una ruta extraña. Viene de Trenton, baja a Virginia para subir a Illinois.
    -Estoy de vacaciones y quería desconectar un poco. Me habían hablado de lo bonito que son los Apalaches en Virginia, y aquí estoy.
    -¿Me permite que vea ese viejo motor?
    -Sí. ¡Cómo no, agente!
    -Parece que no lo ha conseguido arreglar. ¿Cuánto tiempo lleva por aquí, un par de días? ¿Cómo es posible que tenga humedad en el delco si no ha llovido estos días?
    -Supongo que el rocío de la noche, respondió nervioso Siwon.
    -Tengo un espray para la humedad en el coche patrulla. Seguro que lo resolvemos con eso.
    -Muchas gracias. Echaré un poco en los cables, parece que puede haber escurrido humedad por alguno de ellos. Ya está un poco agrietada la cubierta aislante. Inténtelo ahora.
    -Muchas gracias, sin su ayuda no lo hubiese conseguido arrancar.
    -Me he fijado que en el maletero prácticamente no tiene ropa para tanto viaje.
    -Le seré sincero. Soy Profesor de matemáticas en un colegio público, mi sueldo es bajo. Y voy a Springfield a decirle a mi novia si se quiere casar conmigo. Le quería dar una sorpresa, y llevo varios días sin rumbo fijo tratando de decidirme a hacerlo.
-¡Enhorabuena hijo! Ya no quedan muchos como tú. Dios sólo entiende una forma de vida para una pareja, y sólo entiende un tipo de pareja.
    -Mi intención es tener dos niños y una niña, dice Siwon leyendo perfectamente la circunstancias en las que se encuentra.
    -¿Cómo se llama la afortunada?
    -¿La afortunada?
    -Sí. ¡Su futura esposa!
    -¡Ah! Mi futura esposa .Lauren. Se llama Lauren.
    -Hijo, apúntese mi número de teléfono. Mi mujer se llama Lauren. Si tiene cualquier problema en su viaje, no dude en llamarme. Le deseo la misma suerte que tuve yo con mi Lauren. Aunque llevo dos días con ella en el hospital y aún no he pasado por la oficina.
    -Gracias agente. Le deseo que se mejore su mujer.
    -Michel. Sheriff Michel.
    -Disculpe mi ignorancia
    - Joven, confío en que las matemáticas se le den mejor.
    -No se preocupe por nada, Sheriff.
    -Venga. ¡Muévete hijo! Tienes a tu futura esposa esperándote.
    ¡Qué extraño!, no han dado mi descripción a todas las patrullas. En cualquier caso lo mejor es salir de aquí cuanto antes y dirigirme directamente a Chicago. Si el Sheriff se da cuenta de quién soy, pensarán que voy en dirección Los Ángeles. Debo comprar otro coche y deshacerme de este. Lo mejor será dejarlo en un desguace y comprar al contado otro trasto de segunda mano. De esta manera les será más difícil seguirme el rastro. Lo siguiente sería encontrar un local en el que pueda comprar la comida desde el coche para evitar que me grabe alguna cámara. Estoy a noventa y ocho kilómetros de Charleston, con un poco de suerte, y si este engendro aguanta, podré llegar en hora y media. Además, ya hace un rato que he entrado en el Estado de Virginia. Mi amigo el Sheriff Michell ya no tiene jurisdicción aquí, y aunque informe a los” hombres de negro”, me buscarán más al sur. ¿Quién me mandaría estudiar física? Todo hubiese sido más fácil si hubiese sido médico como querían mis padres.
¡Por fin! Charleston. Un gran cartel anuncia un centro comercial a cinco kilómetros. Ahí podría comer y comprarse unas gafas de sol y una visera en un mal, para pasar más desapercibido.
-Parece que tocaba Mac-auto. Casi ni se acordaba cómo sabía esta comida
    -¿Qué desea, señor?,
    -Una ensalada César, agua y un helado cualquiera.
    -¿Con caramelo, sin caramelo, con emanents sin emanets, con…?
    - Con caramelo.
    Estuvo a punto de darse por vencido ante tantas opciones. Ya se le había olvidado, que había que hacer un máster para poder elegir lo que querías comer en estos sitios de comida rápida. Entonces, comenzó a hacerse dueño de su nueva situación.
    Una vez que acabe cruzo la plaza y compro una visera y las gafas. La verdad que no está tan mal esto, quizás todo sea fruto del hambre y de los nervios. Pero por un momento estoy siendo feliz .Una pareja de policías se dirigen hacia aquí. Es hora de ir al servicio y tardar en salir. ¡Está ocupado! ¿Qué hago ahora? Me pondré en uno de los dos urinarios. Se abre la puerta y no me atrevo a levantar la cabeza; mantengo la mirada fija en donde todos los hombres lo hacemos en este tipo de circunstancias. Aún así, veo de reojo parte de la cazadora de un policía. Y él no acaba de poner fin a su” biopausa “. Bueno. Ya han terminado, ahora se lavará las manos y ya está. ¡Por Dios! ¡Qué parsimonia!
    -Oiga, amigo. ¿Se encuentra bien?
    -Sí, gracias. Es que he bebido dos botellines de agua, respondo aterrado manteniendo fija mi mirada en lo que tengo entre las manos.
    - Eso es saludable. ¡Buenos días!
    -Buenos días.
    Mientras me lavo las manos, pienso que haré el tiempo suficiente para no cruzarme con ellos nuevamente. ¡Vamos allá! ¡Qué la fuerza me acompañe! Se han ido ya. Cuanto antes me haga con una gorra, mejor será. Debiera tener cuidado con las cámaras de seguridad. Ahora disponen de programas de reconocimiento facial en algunos centros comerciales. Mejor cojo el coche y lo compro en alguna tienducha y así, podré deshacerme del coche ya. Ahí hay una tienda de deporte, será perfecto.
    Entro, cojo la visera y las gafas, tratando de dar la mínima conversación posible y me largo. Por último, sólo me queda este trasto, creo que es demasiado riesgo intentar llegar a un desguace. Lo dejaré abandonado en una calle. Con suerte puede pasar más de una semana hasta que alguien se dé cuenta. Es tiempo más que suficiente para llegar a Chicago. Aquí mismo estará bien, no hay parking controlado y hay bastantes coches. No queda nada que pueda indicar hacia donde me dirijo.
    -¡Taxi!
    -Casi no le veo, al estar la acera contraria. ¿A dónde le llevo?
    -Al ayuntamiento.
    No tengo ni idea de las calles de esta ciudad, pero normalmente el consistorio suele encontrarse cerca del centro. Lo ideal hubiese sido que me llevase a algún compraventa, pero seguro que le resultaría extraño. Coger a un pasajero y que te diga que quiere ir a cualquier sitio a comprar un vehículo, suena raro. En el centro miraré donde hay algún sitio para hacerme con otro cacharro.
    -¿Viene de lejos?
    -No, la verdad es que no.
    -Es que no es habitual que alguien quiera ir desde aquí al centro.
    -Disculpe, casi no puedo hablar. He estado de juerga esta noche.
    -Ahora entiendo lo de las gafas de sol.
    El Doctor. Siwon asiente con la cabeza y simplemente espera llegar a su destino lo antes posible.
    -Fin de trayecto. Son treinta y cinco dólares.
    -Quédese el cambio.
    -Gracias.  Lo mejor para la resaca es otra juerga.
    -Lo tendré en cuenta.
    Debo encontrar un ciber dónde pueda consultar la dirección del Consulado Chino en Chicago y dónde comprar un coche de segunda mano.
    -Disculpe, ¿me podría indicar donde hay algún sitio cerca donde dispongan de conexión a Internet?
    -Si andas hasta el siguiente cruce, allí donde ves el cartel rojo con letras azules en relieve, a la derecha verás una cafetería, que se llama Cofee-Net.
    -Muy amable.
    -No hay porqué.
    Tengo la sensación de que todo el mundo me está observando. ¿Quién me iba a decir cada vez que veía una película sobre alguien que se tenía que esconder, que la realidad era tan cercana a la ficción? Daría cualquier cosa por no estar viviendo esta pesadilla. Debo fijarme que no haya cámaras que me puedan delatar. En principio, parece que sólo hay webcam en los PC. ¡Vamos allá!
    -¿Qué desea tomar?
    -Un capuchino, por favor.
    -¿Qué debo hacer para poder utilizar un PC?
    -Funcionan con monedas.
    Lo primero es ver el teléfono del Consulado de China en Chicago. Tal vez tengan rastreadores en la red. Será mejor que llame a información y obtenga lo que necesito. Buscaré compraventa de coches cerca: Indianápolis, está lejos; Bestcar, lejos también; Orientcar. Este se encuentra a una distancia razonable y el nombre parece providencial. Disfrutaré un momento del café e iré en taxi.
    -¿Has acabado con el ordenador?, me pregunta una chica.
    -Sí. Aún te quedan veinte minutos, respondo
    -Gracias. Serán suficientes.
    -Te dejas un papel.
    -¡Que cabeza la mía!, exclamo
    -No he podios evitar ver la dirección del papel. ¿Vas hacia allí?
    -Bueno. No…
    Perdona, no era mi intención molestarte. Simplemente me has parecido de fuera y como has tenido el detalle de dejarme saldo, pensé que a lo mejor te podía acercar hasta allí. Está claro que si quieres ir a un local de compraventa de automóviles es que seguramente no dispones de uno.
    -¿Eres policía?
    -No me puedo imaginar a mí misma como una mujer policía.
    -Entonces aceptaré tu ofrecimiento, si todavía sigue en pié.
    -Por supuesto. Siempre que esperes a que acabe en el ordenador.
    -Perfecto, así me bebo lo que me queda de café.
    -Por cierto, ¿cómo te llamas?
    -Bryan. ¿Y tú?
    -Alice.
    Le resultaba complejo pensar que un momento así apareciera una chica como esta. O bien los procesos vitales no son caóticos ni aleatorios y todo forma parte de un plan cósmico, o simplemente Alice le había visto aspecto de turista, que podría llevar dinero para comprar un coche, y…
    -¿Nos vamos, Bryan?
    -¡A la porra el caos! Sí.
    -¿Estudias o trabajas, Bryan?
    -Yo…
    -Es broma. No debe haber una frase más tópica que esa.
    -¿Siempre eres así de extrovertida?
    -Supongo que sí. La vida pasa muy rápido, como para no exprimirla. Sin embargo, tú desconfías todo el tiempo. Parece que escapas de algo o de alguien. No me importa. Estoy convencida que eres una buena persona.
    -¿Soy buenas persona porque te he dejado veinte minutos de saldo?
    -Te equivocas. Me los ibas a dejar de todas maneras. Ya te ibas. La cuestión fue el cómo.
    - No te entiendo, Alice.
    -Me lo has dicho. Y no necesitabas hacerlo. Este es mi coche.
    -¿Un Jaguar E-Type de hace cincuenta años?
    -Qué debía conducir, ¿un Mini?
    -¿Cómo alguien que tiene este coche, utiliza un PC en una cafetería?
    -¿Siempre te mueves con ideas preconcebidas?, mi pequeño Bryan.
    -Me ayudan a sentirme más seguro previendo el escenario que me encontraré.
    -¿Y qué ocurre cundo nada coincide con tu idea del futuro? Mira la cara que tienes ahora. Estás tratando de procesar todas las variantes: ¿podré comprar el coche y seguir escapando?, ¿me meterá en un lío esta desconocida?, ¿ es quién parece ser? ¡Arriésgate!, juega sin un plan maestro. ¡Eso es la vida!...A no ser que lo que te desconcierte es que yo sea negra.
    -¿Y a ti te molesta, Alice, que yo sea asiático?
    -No, en absoluto, así cabrás mejor en mi coche.
    -¿El Mini de al lado?
    -El Mini. ¡Anda sube! Al fin y al cabo es un descapotable también.
    -No cabe duda, Alice, no cabe duda. Eres la chica más divertida que haya conocido nunca, pena que…
    -Que tengas que seguir corriendo delante de algo.
    -¿Te das cuenta que nos conocemos desde hace unos minutos y pretendes saber todo acerca de mi vida, y no sé ni quién eres?
    -Sólo trataba de agradecerte el detalle que habías tenido conmigo.
    -Está bien. No he querido ser desagradable. Supongo que soy desconfiado porque así es como educaron a mis padres en China.
    -Si miras al fondo de la calle puedes ver un enorme cartel giratorio. Es el cartel de Orient Cars. Como su propio nombre indica venden Cadillacs y Lincons.
    -¿Estás segura de que no venden Jaguars como el “tuyo “?
    -Yo lo he comprado aquí hace años, pero la crisis ha hecho que no se vendan coches de lujo europeos como mi gran Mini. ¡Qué le vamos a hacer! Hemos llegado, Bryan. ¿Estás seguro de que no necesitarás ayuda?
    -Será mejor que nos despidamos aquí, Alice. No sabes cuánto siento no haberte conocido en otro momento.
    -Nunca lo podremos saber, me temo. Adiós, ¿Bryan?
    Mientras Alice se alejaba, él se quedó mirando cómo se empequeñecía la silueta del Mini, hasta que un frenazo seguido de un brusco giro hizo que el pequeño coche diese media vuelta en dirección a Bryan.
    -¿Tienes pensado huir muy lejos de aquí?
    -No más de setecientos kilómetros.
    -¿Chicago?
    -Chicago.
    -Te llevo, monta. Para ser en apariencia un tío inteligente, lo de comprar un coche es una mala idea, si lo que quieres es que no te encuentre nadie. ¿Sabes dónde dormirás en Chicago?
    -Si sale todo como espero, sí.
    -Pues no perdamos más tiempo. Paso por mi casa, cojo ropa y nos vamos. Con un poco de suerte estaremos allí por la noche.
    -No quisiera involucrarte en esto, Alice
    -Respóndeme a dos preguntas: ¿has matado o pagado para que maten a alguien?
    -No. No sería capaz de hacerlo.
    -Eso pensaba yo.
    -Segunda pregunta: ¿Has robado algo?
    -No.
    -Me vale. Confío en que tarden en encontrarte.
    -Sólo necesito veinticuatro horas más.
    -¿Están cerca?
    -Creo que aún no. Pero debo ser sincero contigo. Es una agencia relacionada con la seguridad nacional. Y ya sabes el riesgo que puede suponer para ti.
    -Entonces los buenos son los malos, y por lo que dices, Bryan, pueden serlo mucho.
    -Creo que sí.
    -Esta es mi casa.
    -Se ve que no tienes problemas económicos. Aquí te cabía el Jaguar.
    -Digamos que la vida me sonríe. Vuelvo ahora. Espera en el coche, será mejor.
    Él no acierta a descifrar cuál puede ser la ocupación de Alice. Da la sensación de que vive sola en esta maravillosa casa de diseño.
    -Ya podemos marchar.
    -No he visto nunca a una mujer hacer una maleta tan rápido.
    -Estoy acostumbrada a viajar mucho. Y lo de hoy es un paseo que sólo requiere de un cepillo de dientes y una muda.
    -¿A qué te dedicas, Alice?
    -Soy pintora. ¿Y tú? Te persigue el gobierno y no has robado ni matado a nadie. Eso sólo puede ser porque guardes un secreto muy importante. No te veo maneras de espía, y si no eres espía...
    -No, no lo soy. Soy...
    -¡Científico!    
    -Para mi desgracia sí, soy físico.
    -Ahora es cuando empiezo a tener miedo. Si persiguen a un físico, no tengo interés en saber lo que tú sabes. Prefiero vivir en mi ignorancia.
    -Te puedo garantizar que es mucho mejor así.
    -¿Llevas muchos días huyendo?
    -Ya casi no lo sé. Este debe ser el tercero.
    -No sé cómo estarán mis padres, tal vez los hayan arrestado.
    -¿Tienen algo que ver con lo que tú hacías?
    -No. Son gente que vino de China para trabajar honradamente. Y te puedo asegurar que han trabajado muy duro para que yo pudiese ser quien soy. Y ahora, ¿qué será de ellos?
    -Nuestro gobierno tiene muchos defectos, pero no creo que arrestar a unos ancianos inocentes sea uno de ellos.
    -Y, ¿cómo explicas que me hayan interrogado a mí y me persigan, sin haber hecho nada más que trabajar para este país?
    -Lo desconozco, Bryan. Seguro que no es tu nombre, pero te queda bien.
    -Es más bonito que el mío verdadero. No rompamos el encanto.
    -¿Te apetece que paremos para comer algo?
    -Es mejor que sólo bajes tú y cojas algo para comer en el coche o en un parque. Podría haber alguna cámara que me grabase.
    -Vale. En el próximo sitio que vea, paramos.
    -Aún sigo sin saber, ¿qué ha visto una chica como tú en mí para hacer todo esto?
    -Veinte minutos. Ni más, ni menos.
    -Gracias, pero confiaba en una respuesta un poco más profunda.
    -Vale. Veinte minutos y que transmitías algo. Algo diferente que me atrajo.
    -Mucho mejor ahora. Estoy empezando a recobrar la esperanza en el ser humano desde que te conozco. Eres pura energía: positiva, segura de ti misma, sin dobleces. Si todos fuésemos así, cuántas desilusiones, cuántos problemas nos ahorrararíamos.
    -Creo que es lo más bonito que me han dicho nunca.
    -Simplemente es lo que siento.
    -Paramos aquí. Suena bien Mel´s.
    -Bajo yo y me esperas en el coche.
    -O.k. No tardes mucho en volver Alice.
    -¿Te vale cualquier cosa?
    -Sí. Cuanto menos tiempo estemos aquí, mejor.
      Mel´s era un local de carretera ambientado en la época de los rokabilly, con sus camareras con indumentaria de color rosa. Y a buen seguro por cuestiones derivadas de la crisis, sus faldas estaban escasas de tela, al igual que su escote de botones. Pero ya se sabe que nadie ni nada está a salvo de los efectos de la macroeconomía. Por lo menos las hamburguesas y los batidos estaban más que dignos.  El problema surgió ante la insistencia de una camarera para que comiesen en una mesa de esa especie de caravana de aluminio resplandeciente que parecía haber sido trasladada en el tiempo y en el espacio cayendo en un lugar que nada tenía que ver con ella ni con los clientes que hacían vida día tras día allí. Ante tal insistencia, Alice tuvo que inventarse que su compañero tenía ciática y no podía moverse, por eso lo único que deseaba era llegar a casa lo antes posible. Esto empeoró todavía más las cosas, porque Mary, que así se llamaba la camarera, les dijo a dos hombres enormes, que formaban parte del mobiliario, a tenor de su pose, si podían ayudar al forastero. A lo que respondieron diligentemente:
    -Señorita, ¿dónde se encuentra su compañero?
    -De verdad que no hace falta. Se lo agradezco.
    -Aquí no tenemos las prisas de la ciudad. Eso mata. La comida se come sentado en una mesa.
    -Si, bueno. De verdad, no se molesten.
    -¿Su coche es aquella miniatura extranjera?
    -Sí, es suficiente para mí. No soy tan grande como ustedes.
    -No me extraña .Si come siempre así, es imposible que crezca
    -¡Bryan!, ¡Bryan! Mira que amables estos caballeros que te vienen ayudar para que te puedas mover con el dolor de tu ciática.
    -No, por favor no se molesten. Me va doler más moverme que seguir aquí.
    -¡Hágame caso! Con mi tamaño padezco de ciática casi todos los meses y lo peor es quedarse quieto. Le vendrá bien moverse un poco, para proseguir el viaje. Además, en mi furgoneta tengo un antiinflamatorio con un analgésico buenísimo.
    -¡No se hable más! Cyrus, cógele por las piernas, yo lo hago por el cuerpo. Una, dos, ¡tres!
    -¡Ay!, ¡ay!
    -Aguante un poco, ya está.
    -Ahora con cuidado le sentaremos. ¡Listo! No me diga que no se encuentra mejor ahora.
    -Muchas gracias a todos.
    -Ya pueden comer como es debido.
    -Alice, ¿qué ha pasado?, pregunto desconcertado.
    -Han visto que me llevaba la comida y no ha habido forma de convencerles de que lo comeríamos por el camino. Lo único que se me ocurrió fue lo de la ciática. Por cierto, deberías pensar en olvidarte de la ciencia y dedicarte al arte dramático. Algunos han ganado un Oscar por menos.
    -Debo haber hecho algo muy malo en otra vida para que Dios se ría de mí de esta manera.
    -Bueno, Hamlet, todavía sigues vivo y disfrutando de la compañía de los Zztop en tamaño extra grande. Y mira que majos han sido.
    -De todo haces una broma.
    -Bryan, en la vida hay pocas cosas por las que merezca la pena estar preocupado. Y normalmente son sobre las que no podemos tener control.
    -Lo que tú digas, Ofelia.
    -¡Muy bien! Veo que no sólo lees ecuaciones: Ofelia, novia de Hamlet.
    -Y tú, aparte de pintar ¿qué sabes de matemáticas o física?
    -Lo suficiente para que no me persigan siniestros hombres.
    -Ya vendrá algún sicario a eliminarte para aumentar el precio de tus obras cuando seas mundialmente famosa.
    -Lo tengo controlado. ¿Por qué crees que no vivo en el Soho o Tribeca? Gano más de lo que necesito y así los malos no saben nada de mí, je, je...
    -Hemos acabado. Habrá que hacer el proceso inverso con tus amigotes. O se habrá obrado un milagro y podrás caminar penosamente.
    -Penosamente, por favor, penosamente.
    -No se levante .Le llevamos nosotros.
    -Seguiré su consejo, voy a intentar moverme un poco. Pero si tiene esa pastilla sería genial.
Alice. Uno fuera de combate, entretén al otro mientras hago mi numerito.
    -¿Se llamaba Cyrus? ¡Qué casualidad, porque mi tío se llama igual! También es un hombre fuerte y apuesto como usted.
    -Muchas gracias Señorita. Pena que no me lo haya dicho veinte años antes. Su compañero ya está en la puerta. ¡Espere a que le ayude, hombre!
    -Voy bien. Poco a poco, pero bien.
    -Adiós Mary, son una gente maravillosa. Tienen toda la razón. Hay muchas cosas que nos perdemos en la ciudad, y una de ellas son las personas como ustedes.
    -Gracias, preciosa. Y no le des tanta caña a la espalda de tu chico. Ya no hacen hombres como los de antes.
    -Y que lo digas, responde Alice con una sonrisa.
    -¡Eh, amigo! Su pastilla.
    -Muchas gracias. ¿No sé si son todos ustedes así aquí?, pregunto.
    -¿Así, cómo?, responde Cyrus.
    -No se enfade. Así de amables.
    -No hay motivo para no serlo. ¿No le parece?
    -Es la mejor respuesta que he escuchado en mi vida. No hay motivo para no serlo.
    -Que raros son ustedes, los de la ciudad.
    -Adiós.
    -¿Sabes, Alice?, desde que te he conocido no han pasado ni veinte horas y parece como si hubiese hecho un recorrido por toda una vida. Me da la sensación que todo este viaje es similar al de Charles Dickens y sus Cuentos de Navidad. Es como si todo me revelase lo esencial de la vida. Después de todo puede que hubiese un patrón en el caos de mi vida.
    -Mira que te dije que no bebieses tanto batido, que te iba a sentar mal.
    - Ja, ja, ja...
    -¡Bien! por fin te veo sonreír, Bryan
    -Gracias. Gracias por ser tan maravillosa.  ¿Crees que un bicho raro como yo pasaría desapercibido en Charleston?
    -Tenías una posibilidad como vendedor de coches en Orientcar.
    -Muy hábil. ¿Eso es un sí o un no?
    -Eso es que cada uno debe decidir sobre su vida y nadie sobre la del vecino.
    -Entiendo. Ya sólo faltan doscientos veinte kilómetros para Chicago.
    -En tres horas estaremos allí.
    -¿Ya has decidido donde piensas dormir, mi joven científico?
    -Me temo que a la hora que vamos a llegar, en un hotel.
    -¿Te das cuenta que te vas a tener que identificar?
    -Tienes razón. Contaba con haber podido llegar antes.
    - Dispongo de un apartamento. Si quieres dormir en un sofá, esta es tu oportunidad.
    -¿Estás segura?
    -De que vas a dormir en un sofá: sí.
    -Qué difícil es hablar en serio contigo.
    -Bryan. Esto es muy simple o duermes en un sofá en mi apartamento, o te buscas la vida. ¿Es suficientemente serio así?
    -Disculpa, estoy muy nervioso a medida que me acerco a Chicago, sé que mi vida cambiará para siempre.
    -Lo puedo entender, pero tal vez en ese patrón del que hablas haya algo que tú desconozcas con un final diferente al que tú esperas.
    -¡Ojalá sea como dices, Alice!
    Los últimos kilómetros los recorrieron con el manto silencioso de la oscuridad de la noche. Era como ver una película: el brillo parpadeante que producía el reflejo de las luces en las líneas blancas discontinúas del asfalto parecía transmitir un sonido, “zunm, zunm, zunm”. Era como algo hipnótico. No hacía falta pensar en nada, no quería pensar en nada, sólo el sonido rítmico de la luz determinado por el control de velocidad: “zunm, zunm, zunm...”
    Eran muchos sus miedos: su familia, su país, su futuro, y ahora, Alice. Qué extraña ironía, no podía haber aparecido antes. Alice, Alice. ¿Quién eres?, ¿quién te envía? Por favor no desaparezcas como has aparecido. Si esto es un sueño, quiero seguir soñándolo contigo.
    Todo esto pasaba por la cabeza de Bryan. Porque esta nueva vida era la de Bryan no la del Doctor Siwon. Y esa era la vida que quería. No volver a ser prisionero de la arrogancia, no tener que protegerse antes de notar el daño infligido. Sentía correr toda la vida por sus venas viajando a pecho descubierto, tal y como le estaba enseñando Alice.
    -Bryan: Chicago. ¿Conoces Chicago?
    -Muy poco, sólo he estado dos veces.
    -Mi apartamento está cerca de Lincon Park. Me viene bien porque hay galerías de arte importantes cerca.
    -Suena bien.
    -Te gustará. Es un edificio antiguo rehabilitado de tan sólo cuatro plantas en una calle con árboles de la altura de los edificios.
    -Está claro que me he equivocado de profesión, parece que ser pintor es algo mucho más rentable.
    -No creas. En mi caso he tenido suerte, he ganado un premio a los dieciocho años y desde ese momento todo me ha resultado más fácil que a otros compañeros .También es muy importante no perder la cabeza y saber quién eres y no quien quieren que seas.
    -Te puedo enseñar un par de dibujos que he hecho, a ver si puedo sacar algo por ellos. La física no da para mucho.
    -Me encantaría.
    -Era una broma. No eres la única persona que tiene sentido del humor.
    -Muy bien mi pequeño saltamontes. Progresas adecuadamente. Tras esos ojos rasgados parece que se esconde un bromista en potencia.
    El Doctor Siwon, ahora totalmente transformado en Bryan, no dejaba de asombrarse ante las torres que se elevanban hacia el cielo.
    - Nunca he entendido por qué la fama mundial de la ciudad de los rascacielos se la lleva Nueva York aun cuando de los diez rascacielos más altos de Estados Unidos cuatro están en Chicago.
    -Realmente el padre de los rascacielos fue Willian Le Baron, que como ingeniero introdujo el hierro forjado y después el acero en las estructuras. El Insurance Bulding de Chicago, fue obra de él en 1884 con diez pisos.
    -No lo sabía. Aunque supongo que es parte de lo que estudiaréis en Bellas Artes.
    -No exactamente, pero el arte no es sólo la pintura. Yo creo que es la expresión de un concepto relacionado con los sentidos.
    Ya hemos llegado.
    -Lo dicho. Debo empezar a pintar para conseguir vivir en un sitio así.
    -Sólo tiene una pega. Es el cuarto piso y no hay ascensor.
    -Seguro que cuando lo compraste, no lo tuvieron en cuenta en el precio.
    -No. Es más, debieron pensar que era un extra para mantenerte en forma.
    -Tampoco cuesta tanto subir. Fíjate, ya estamos en el tercero.
    -¿Me puedes aguantar la bolsa, para que abra la puerta?
    -¡Guau! Precioso loft. ¿Los cuadros son tuyos?
    -Sí.
    -Ahora entiendo porqué te puedes permitir todo esto. ¡Sí que eres buena!
    -Viniendo de un escéptico del arte es todo un cumplido.
    -Te equivocas .No soy escéptico. Simplemente creo que se vende mucho humo y se utiliza jerga oscurantista para que los no iniciados no puedan rebatir. Yo creo que los críticos y marchantes de arte aplican la máxima de Marcel Duchamp que dice que no son los pintores si no los espectadores quienes hacen los cuadros.
    -Te puedo asegurar que hay mucha verdad en lo que dices. Pero al fin y al cabo tú eres un artista también. Un escritor.
    -Si tú lo dices...    
    -Cuando estudiaba física en el colegio todo eran letras griegas.
    -Muy bueno, Alice. Con un poco de suerte alguien reconocerá mi arte y viviré como tú.
    -Por desgracia ya han reconocido tu arte. Y seguro que si te encuentras en esta tesitura es que vale muchísimo más que la mía.
    -Está bien recibir ánimos de vez en cuando.
    -¿Te apetece cenar algo?, pregunta ella.
    -No tengo mucha hambre.
    -Voy a ver lo que hay por ahí.
    -¿Tortellini y vino blanco?
    -Sólo si me llevas en tus brazos a la mesa, como nuestros amigos grandullones.
    -Tanto protestar, tanto protestar, y al final te gustó eso de que te llevasen en volandas.
    -Para serte franco no recuerdo la última vez que alguien lo había hecho. Supongo que mi padre, cuando era pequeño. ¡Centrémonos! Llévame en brazos o te pongo morritos.
    -Alice lo rodeó con sus esbeltos brazos tratando de levantarlo, ambos empezaron a reírse de manera que fue imposible trasladar al fibroso Bryan.
    -¡Milagro, milagro! Ya me he curado, ya puedo andar hasta la mesa.
    - Abre la botella de vino, si tu espalda de lo permite. En cinco minutos estarán los tortellini.
    -Siempre me toca lo más difícil.
    -¿Los prefieres con salsa de tomate o con un poco de aceite?
    -Como te apetezca a ti. Esta es tu casa, de manera que elige tú.
    -A mí me gustan con aceite de oliva. Es más saludable.
    -Eso es la famosa dieta mediterránea.
    -Es la dieta de que no tengo más comida en este piso.
    - De cualquier forma, están muy ricos.
    -Bryan, creo que hoy te comerías cualquier cosa.
    -Seguramente.
    -Me había prometido a mi misma que no te lo preguntaría. ¿Qué pretendes hacer mañana?
    -Cuanto menos sepas, menos posibilidades tienes de verte implicada en todo esto.
    -¿Consideras que no estoy suficientemente implicada a estas alturas? Yo conozco esta ciudad y tú no. No querría que cometieses un error.
    -No lo cometeré.
    -Bryan, mírame por favor.
    -Te miro. Que precisos labios tienes.
    -No hagas ninguna estupidez, siempre hay una salida aún cuando ahora lo veas todo borroso.
    -No lo veo borroso. Cuando acabe con esta botella es posible que sí.
    -Confía en mí, como yo lo he hecho en ti. Por favor Bryan, hazme caso.
    -Lo hago. Y por lo que ahora mismo siento por ti, no quiero que te pueda ocurrir nada.
    -Por eso mismo quiero ayudarte.
    -Tienes que aparecer justamente ahora, para hacer más doloroso todo.
    -La huída nunca es una opción, Bryan.
    -El Consulado chino
    -¿Vas a ir al Consulado chino?
    -Sí.
    -¿Crees que no lo tendrán vigilado?
    -Es posible.
    -Se me ocurre una cosa. Tengo una amiga que se encarga del atrezo de la Ópera de Chicago y te podría caracterizar como una mujer. Además, eres muy menudo. Será fácil.
    -¿Te seguiré gustando como mujer?
    -Ya veremos.
    -Porque a lo mejor mis sentimientos hacia ti cambian, siendo mujer.
    -Déjame llamar a mi amiga Bridney.
    -Buenas noches Bridney. ¿Te he despertado?
    -Déjame que lo piense. Sí.
    -Lo siento. Necesito un favor muy grande.
    -Tú dirás.
    -¿Podrías venir mañana por la mañana a mi casa, para caracterizar a un hombre, de mujer?
    -Supongo que es por un motivo importante.
    -Sabes que de no ser así no te lo estaría pidiendo.
    -Eso es suficiente para mí.
    -Necesito altura, peso, complexión y raza y tipo de pelo y barba.
    -Bryan. Tu peso y altura.
    -Setenta kilos, metro setenta.
    -Bridney: setenta kilos, metro setenta, delgado, es asiático.
    -Soy americano.
    -Vale, pero tu raza...
    -Mañana a las diez estaré ahí, debo pasar antes por la ópera para coger algunas cosas.
    -Sabía que podía contar contigo.
    -Los amigos no están sólo para las fiestas. Chiao.
    -Resuelto, Bryan .Mañana vamos primero al cirujano para que te cambie de sexo y después vendrá mi amiga para el maquillaje y la ropa.
    -Cirujano. ¡Estás loca!
    -¿Cómo creías que íbamos hacerlo, con dos trapitos y ya está?
    -Ya sabía yo que esto lo debía hacer yo solo.
    -Anda, relájate. Sólo habrá maquillaje y ropa. Ahora, que si después interiorizas mucho el papel, podemos retomar la opción del cirujano.
    -Mira que estás loca.
    -Mira que te estresas por todo. ¿No sois los inventores del Yuyitsu?
    -Y vosotros de la Capoeira. ¿Y…?
    -Que lo conseguiremos, Bryan.
    -Y después, ¿qué?: irme a China; no poder volver nunca más al país en el que he nacido; no volver a escuchar nunca más tu sonrisa.
    -¡Lucha por lo que quieres! Ahora eres prisionero de las circunstancias. Transfórmalo en una ventaja. Cuando estés en la embajada puedo tratar de hacer llegar a la C.I.A que los servicios secretos chinos te tienen retenido en el Consulado Chino y que te quieren sacar del país. Aunque ellos digan lo contrario, ¿a quién crees que les interesará creer? Pasarás a ser un héroe.
    -Sólo hay un cabo suelto en todo eso. ¿Quién le proporciona la información a los chinos del proyecto en que estoy metido?
    -Tenemos toda la noche para pensarlo.
    -Espero que funcione. ¿Eres consciente de que una vez me recuperen, estaré vigilado noche y día? Y también todas las personas que tengan que ver conmigo.
    -Dinero que te ahorras en seguridad.
    - Alice, ¿has pensado algo acerca de nosotros?
    -No hay nada que pensar. Yo me encuentro bien a tu lado.
    -Y yo al tuyo.
    -¿Ves que fácil? Yo querría tener ocho hijos antes de que me haga vieja, y que la primera niña se llamase Estella
    -¡Que dices!
     -No aprendes. En los peores momentos es cuando más sentido del humor hay que tener. Nos espera un largo día mañana, debiéramos ir a dormir.En el sofá…
    Creo que no me he explicado bien, Bryan. Tú en el sofá, yo en mi habitación.
    -¿Y lo de los niños? Si quieres ocho, habría que empezar ya.
    -Recuerda que tienes mal la espalda. Los hombres siempre estáis poniendo disculpas: que si me duele la cabeza, la espalda...Buenas noches Bryan.
    -Buenas noches Alice.
    -Bryan se quedó gran parte de la noche intentando encontrar la forma de que pareciese creíble que los servicios secretos chinos lo habían secuestrado. No era una tarea fácil, si alguien podía dar fe de haberlo visto sólo y en un coche que no era el suyo, costaría mucho justificar su teoría. Además, quedaba el tema de su cambio de coche. Si ya habían conseguido hablar con el ex novio de su amiga. ¿Cuál sería el motivo para haber cambiado un Camaro por este trasto? Tal vez, que ya lo perseguían los chinos, y los debía despistar. Y, en tal caso, ¿no hubiese sido más fácil intentar contactar con el Señor Wislow? Podría decir que después de su amenaza, pensarían que estaba tratando de escapar. Por otra parte siempre habría la duda de la información que les podría haber transmitido. Bryan a ese respecto pensaba que la mayor parte de sus estudios estaban publicados, lo que podría ser una cuestión más delicada era tratar de convencerles que no había dicho nada de lo que harían en el Brookhaven Laboratory. Se le ocurría como respuesta  que nunca revelaría ninguna información si sus padres no volvían a China con él .    El argumento parecía difusamente resuelto. Pero inevitablemente debía existir un topo en alguna parte de la cadena: laboratorios, agencias, ministerios... Pena que Bryan no hubiese sido informado de los intereses contrapuestos de Deep.co, con sus nuevos campos de gas pizarra. Esto en si mismo generaría una duda razonable de quién habían podido filtrar información. Porque a buen seguro que alguien tan influyente en Washigton tendría acceso a esta información para proteger sus inversiones, y lo que es más importante, para que siguiese fluyendo su aportación a las campañas presidenciales. A pesar de todo lo que desconocía lo que si le constaba era que trataban de obtener una fuente energética más limpia a largo plazo, que finalmente se transformaría en una competencia muy grande sobre todo para los lobbies de la energía. Ese sería su argumento: que mientras le hacieron preguntas en el Consulado Chino pudo escuchar el nombre de Deep.co. Esto podría incluso aclarar que alguien de esta empresa, en desacuerdo con las prácticas del Señor Adelson, C.E.O de esta compañía, llamase a la C.I.A, para ponerlos sobre aviso.
    No sabía si alguien se creería todo esto, pero precisamente, porque acabase en Chicago y por esos argumentos tan extraños, tenía posibilidades de ser creído, con reservas. Además en las cámaras del Consulado sólo figuraría la entrada de una mujer. Derrotado por la búsqueda de lo que parecía una salida imposible, se le fueron cerrando los ojos hasta quedar dormido soñando con Alice. Era como una continuación de todo lo ocurrido en el día más increíble de su corta existencia.
    -¡Bryan! ¡Bryan! ¡Despierta!
    -¿Qué haces? ¡Suéltame alice! Te pude haber matado. Creía que me habían cogido.
    -Me has dicho que no eras un espía. Me has mentido. La gente normal no sabe defenderse así.
    -Te lo puedo explicar.
    -No te creo.
    Desde pequeño he practicado Taekwondo. Mi padre era maestro en China. Y cuando tengo tiempo, colaboro en programas de integración social dando clases.
    -Mírame a los ojos y dime que no me mientes.
    -Otra vez lo de los ojos. ¿Te crees un polígrafo, Alice?
    -Es algo que he heredado de mi madre. Detectar cambios en el leguaje corporal, micro expresiones, etc...
    -Creía que confiabas en mí. Da igual, lo puedo entender. Pero no te he mentido. ¿Necesitas ver si se dilatan mis pupilas, o se altera las pulsaciones en mis muñecas?
    -Perdona, Bryan.  Ahora debes levantarte, nos quedan muchas cosas por hacer.
    -He pensado que la llamada para avisar a la C.I.A de que me han secuestrado los servicios secretos chinos tendría que hacerse desde Houston. Es donde se encuentra la sede de Deep.co.
    -No entiendo nada. ¿Siempre habláis en clave los científicos?
    -Esta empresa tiene que ver de alguna manera con lo que nosotros estamos haciendo. La idea es que alguien de dentro de corporación ha pasado la información a los chinos para que puedan boicotear nuestras investigaciones.
    - Ya sé que sólo soy una pintora. ¿Realmente crees que se lo tomarán en serio?
     -Confío en que sí.
    -¿Tienes otro amigo por ahí?
    - Sí, un escultor.
    En el momento que nos separemos, tú amigo debe llamar al cuartel general de la C.I.A en Langley , diciendo que el Doctor Siwon, físico del Lawrence Berkeley, se encuentra retenido contra su voluntad en el Consulado chino de Chicago, y  que pretenden sacarlo del país.
    -Si sale bien todo esto vendemos los derechos para una película, dice Alice, por primera vez nerviosa.
    -Si sale bien quiero que no te olvides de mí.
    -Ya veremos, Bruce Lee.
El Consulado chino dispone de dos entradas en una calle de dos carriles de dirección única. Si hay agentes americanos vigilando aparcarán enfrente. Es el único sitio donde lo pueden hacer con posibilidad de interceptarte. Yo estaré en un café que se llamar Kerryman, al lado del Consulado. Desde ahí podré ver lo que pasa.
    ¿Has pensado en lo que dirás si te paran?
    -Intentaría que se creyeran que escapaba de la gente de Deep.co. Junto con la llamada de tu amigo desde Houston podría llegar a funcionar.
    -¿Y por qué no te habrían protegido de los que te han contratado para ese proyecto?
    -Porque está claro que hay una filtración en su agencia o en alguna secretaría, ya que Deep.co no lo podría saber. Y si hay una filtración, ya no me puedo fiar de nadie; por eso estaba tratando de poner a salvo a mi familia en China.
    -¿Ves como lo tuyo es la literatura? El timbre del interfono interrumpe las palabras de Alice.
    Esa que llama debe ser Bridney.
    -¿Habéis pensado en poner algún día un ascensor?
    -¡Qué más quisiera yo! Son edificios protegidos. Voy a ver si esta mujer no se ha muerto subiendo las escaleras. ¡Venga un esfuerzo, ya sólo te quedan cinco escalones!
    -Para ti es muy fácil decirlo, ya tienes mucha práctica, responde Bridney jadeando.
    -Bryan, te presento a lo que queda de Bridney, después de este esfuerzo sobrehumano: para ella.
-Antes de nada me gustaría agradecerte todo lo que estás haciendo, dice Bryan.
    -Me parece muy bien, pero lo hago por Alice. Lo primero es que te afeites todo lo bien que puedas. Despídete de tus patillas. No es algo que solamos llevar las mujeres.
    Mientras tú te afeitas iremos preparando la ropa, maquillaje etc...
    -Vale.
    -¿De dónde lo has sacado, Alice?
    -Si te lo contase no te lo creerías. Lo que si te puedo decir es que es alguien muy especial que se ha visto envuelto en algo demasiado grande para cualquier persona.
    -Y qué tratamos de hacer, ¿devolverle la vida de ¨mujer¨ que pretenden robarle?
    -¡No! Se tiene que disfrazar para conseguir hablar con unas personas, y que de alguna manera así se olviden de él.
    -No entiendo nada, Alice.¿Quiénes se tienen que olvidar?, ellos, los otros… ¿Quiénes son ellos?
    -¡Qué preguntas haces! Ellos son ¨los malos¨; siempre son¨ los malos¨
    -¿Y los otros?
    -Esto parece Barrio Sésamo. De verdad, Bridney, es más seguro para ti, para mí y para Bryan que sólo sepas lo que ya sabes.
    -De acuerdo, yo a lo mío, a que éste parezca ésta y los otros no lo sepan para que no se lo digan a ellos.
    -¿Empezamos la transformación ¨Señora Doubtfire¨? Su afeitado es correcto. Ha ganado mucho deshaciéndose de esas patillas metrosexuales.
    -Agradezco de todo corazón sus opiniones como referente de la moda como Madame Batterfly. Aunque no se qué opinaría de su caracterización el Señor Puccini.
    -Mira tú. Otro graciosillo como mi querida amiga Alice. Ya entiendo lo que os une. ¿Vaís a montar una compañía de humoristas multirracial? Empecemos por el maquillaje, ¿o mejor por la ropa…? Primero una base en la cara para rellenar los poros de la barba, y mientras la piel la absorber lo vamos vistiendo: relleno de pecho y algo de nalgas. Chico, tú no tienes mucho donde agarrar. Eres toda fibra. Pareces el karateca ése: Bruce Willis.
    -Bruce Lee. Se llamaba Bruce Lee.
    -Que más da. Tenía un cuerpo como el tuyo. Eso era lo que quería decir, sentencia Briden.
    -También comparten la capacidad de repartir tortas.
    -Sigo sin entender qué haces con Bryan Lee, Alice. Debemos arreglarte el pelo para poder poner una peluca. Ahora, con esta melena ya veo tu otro yo, Bryan.
    Se me olvidaba. Tienes que afeitarte las piernas para poner medias y que no salgan los pelos a través de ellas.
-La verdad, es que viendo todo lo que debe hacer una mujer, es increíble que aún seáis capaces de estar de buen humor.
    -Bryan Lee, ya me empiezas a caer mejor.
¡En menudos jaleos te metes, Alice! Desde que murió tu hermana llevas una vida trepidante.
    -Sí. Es duro ver morir a una hermana por una enfermedad: y más, cuando es tu gemela. Parte de mí se fue aquel día con ella, aunque una parte de ella aún sigue conmigo. Le debo vivir la vida que ella no pudo.
    -Te entiendo. Pero debes tómatelo con un poco más de calma.
    -Señoritas. ¿Qué les parece el proceso de desforestación? Empecé con unos cortafuegos, pero al final se me ha ido la mano y he quedado sin masa forestal en mis piernas.
    -El mismo humor que tú, Alice. Dios nos coja asistidos. Ha llegado nuestro Armagedón.
Ayúdame hora con tu querido karateca:
    -Medias...
    -Medias.
    -Falda...
    -Falda.
    -Bisturí...
    -Perdone si les interrumpo, pero no soy judío. No necesito retocar nada por ahí.
    -Devuelvan bisturí, dice sonriendo Alice.
    -Sujetador con relleno...ordena Bridney.
    -Procediendo con sujetador.
    -No está mal con los rellenos y una vez maquillado.
    -Confío en no estar demasiado atractiv@. Se trata de pasar desapercibida.
    -Entendido. Procediendo e extracción de relleno superior. Y retirada de soportes estilizantes.
    -¿Y eso qué es, Bridney?, pregunta Bryan sorprendido.
    -¿Los soportes estilizantes?
    -Sí.
    -Tacones.
    -¡Ni de broma voy con tacones! Entonces sí que se darían cuenta de que soy un hombre. Parecería un pato mareado andando.
    -¡Anda, no protestes tanto y dale un beso a esta servilleta!
    -¿Para qué?
    -Sacar el exceso de maquillaje. Ya te puedes mirar en el espejo.
    -¡Increíble! No soy capaz de reconocerme. Muchísimas gracias, Bridney.
    -Hay una manera mejor de agradecérmelo. Tengo un amigo al que no conseguimos encontrar pareja. Una mujer de tu belleza natural...Bryan, o debo decir Señorita Lee.
    -Soís maravillosas. Estaba acostumbrado a tratar con científicos cuadriculados. Me quedo con los artistas.
    -Sin ningún género de dudas, replica Alice. Las artistas tenemos un mundo interior más grande, por eso vosotros lo tenéis que buscar en las galaxias.
    -De manera que, científico… Si te escondes es que has inventado algo muy bueno o muy malo.
    -Lo siento Bridney, es algo muy bueno que en malas manos podría convertirse en desastoroso.
    -Esa es la diferencia: una ópera puede ser buena o muy buena independientemente de las manos en que caiga. Pero nunca mala.
    -Es lo que me dijo Hittler con las Valkirias de Wagner.
    -Bryan, Bryan, Bryan. Eso fueron rumores infundados.
    -Ya me parecía a mí. Bridney, Bridney, Bridney.
    -Yo me tengo que ir, chicos. De verdad Bryan, te deseo mucha suerte.
    Y tú Alice, no le dejes escapar. No todos los días aparece un Bryan Lee Einstein.
    -Te acompaño hasta ¨el ascensor¨, Bridney.
    -No hace falta. Conozco la salida de esta mansión. Por cierto, ¨el ascensor está estropeado¨. Ja, ja, ja…
Una vez estuvieron los dos solos comenzaron a repasar con detalle los pasos a seguir.
    -Alice, ¿tu amigo de Houston está preparado?
    -Sí. Tan pronto como nos separemos en la cafetería Karryman, le llamo.
    -Perfecto. ¿Podríamos ir ya?
    -Cómo quieras, Bryan.
En el coche memorizaban una y mil veces los detalles esperando que nada saliese mal. Al llegar aparcaron a unos doscientos metros de la cafetería y salieron los dos, no sin antes recolocar los rellenos superiores y traseros, y mirarse en el espejo del parasol.
    Se separaron a la altura de la cafetería Karryman con un apretón de manos para no levantar sospechas. Alice entró en la cafetería viendo como él intentaba cruzar hacia la embajada, pero justo cuando estaba cruzando, un chico desarrapado muy corpulento se le acercó para robarle el bolso en el que llevaba su dinero y documentación. Alice se levantó de la silla, impotente, apoyando las manos en la cristalera. En seguida vio que no tenía porque preocuparse. Con un rápido movimiento del codo izquierdo le había roto la nariz al maleante, que se había quedado sangrando en la acera. Realmente Bryan no había dispuesto de muchas opciones. Lo que sí era cierto es que se había expuesto a ser descubierto. Si había algún agente vigilando, sería imposible que este incidente hubiese pasado desapercibido. La ventaja, es que desde la entrada del Consulado era imposible ver el incidente.
    A medida que se acercaba aquella puerta custodiada por cámaras su corazón parecía querer salir huyendo y dejar a Bryan allí solo. Al girar levemente su cabeza vio que se acercaban a él dos hombres de traje con aspecto típico del FBI, o algo similar. Estuvo tentado de echar a correr, aunque fue capaz de controlarse. Ellos apuraron el paso, ya que la distancia a una de las dos puertas del Consulado era un poco más corta para él que para ellos. Justo cuando ya estaban casi a su altura un coche frenó en seco para no saltarse un semáforo. Instintivamente esos dos individuos se giraron dirigiendo sus manos derechas hacia algo que debían llevar debajo de la americana. Esos escasos segundos le dieron el tiempo necesario a Bryan para llamar a la puerta. Los supuestos agentes estaban cruzando la avenida corriendo. Ya sólo se interponía entre ellos unos diez metros, no más de tres segundos. Siguió llamando desesperadamente, dos segundos, lo intentó nuevamente, un segundo. ¡Alto, espere!, dijeron los agente. Buenos días, ya creía que no abrirían a una compatriota, dijo Bryan en chino.
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