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Tu diario. Libertad de expresion

Su opinión Patrocinadores Normas de Malaka.es Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca•83 usuarios en línea • Viernes 24 de Febrero de 2017

¿Como le dices a Dios que no?
   CAPÍTULO IV.  KATHERYN

Antonio Sanchez Varela. 12.12.16 
Ya sólo faltaban dos días para la última prueba de calibración del detector de antimateria en la que estaría presente el Doctor Akira Abbe. Todo marchaba según lo previsto. ¿Qué datos nuevos podría aportar el detector una vez estuviese instalado en la Estación Espacial Internacional? ¿Se podría realizar algún descubrimiento revelador acercar del Big Bang y los albores del universo?, o al menos, de este universo. Por su parte, Marcus se esforzaba por estar a la altura de las circunstancias a pesar de Katheryn y la desaparición misteriosa del Doctor Siwon. Pero no todo eran complicaciones: para su sorpresa, acababa de recibir una llamada del taller para decirle que su maltrecho descapotable ya estaba de nuevo listo para la acción. No podía creérselo, después del estado en que lo había dejado hacía escasamente veinticuatro horas.  Al parecer, el cuadro de mandos y la parte eléctrica habían sobrevivido al diluvio. Para la húmeda tapicería e interiores el horno de infrarrojos había sido suficiente. Una vez salido de¨ la secadora¨, como si de ropa se tratase, sólo quedó comprobar su estado. En apariencia el viejo coche llegado de la helada Suecia seguía en forma para más rock and roll. Ese coche significaba mucho más que un simple medio de transporte para Marcus; llevaba con él dieciséis años, y ahí seguía al pié del cañón su viejo Saab 900 turbo. Muchas veces se había dirigido a un concesionario con el ánimo de traicionar a su inseparable sueco, y cada vez que llegaba el momento de la verdad no encontraba el carácter distintivo de ese diseño mezcla del minimalismo nórdico y de los conocimientos que Saab atesoraba.
Una vez al volante dejó que su mente vagase libremente hasta llegar al puente Williansburg. En ese punto desconectó el piloto automático para pasar a modo manual, pero durante ese lapso de tiempo todo pareció fluir en un único sentido.
-Katheryn, soy...
-Marcus.
-¡Increíble! ¿Cómo lo has adivinado?
    -¿Tal vez porque el vaso de yogurt que tengo pegado a la oreja con un hilo, tienen identificación de llamada?
    -Muy bueno. Te llamaba por si querías que nos viésemos hoy por la noche.
    -Me encantaría.
    -¿Tienes alguna preferencia especial?, repuso Marcus.
    -¿Qué tal un musical?
    -Es un estilo que no frecuento mucho. Supongo que debo cultivarme más.
    -Entonces jugaremos sobre seguro. ¨Memphis¨, posiblemente es el mejor musical que hay programado para el dos mil trece en Brodway, responde a bocajarro Katheryn, como si llevase toda la vida esperando este momento.
    -¿En qué teatro está en cartel?
    -En el Schubert Theatre
    -Entonces espero disfrutar de mi primer musical en directo y de mi primera vez en el Schubert, digo no muy convencido de mis palabras.
    -De tu acompañante no dices nada, se quejó Katheryn.
    -Lo accesorio es el envoltorio, lo relevante eres tú.
    -Mucho mejor .Muy bien Walt Whitman. Casi estás a la altura de su prosa.
    -¿Te paso a recoger por algún sitio o quedamos directamente allí?
    -Casi mejor allí, tengo un...
    -¿Un desfile, tal vez?, pregunto con el recuerdo de que precisamente con un pase de modelos fue como desapareció de mi vida la última vez.
    -Un pase, efectivamente. Por cierto. Es difícil hablar contigo con el manos libres de tu coche. Debieras cambiar de coche o de manos libres.
    -No lo podrías entender. Eso de lo que hablas es mucho más que metal en movimiento.
    -Va ser cierto que todos los hombres sois iguales.
    -Matemáticas elementales, Katheryn: por la propiedad reflexiva…
    -Todas las mujeres somos iguales desde el momento que tenemos la misma percepción de los hombres.
    -Muy bien. De verdad que más de una vez me he planteado si realmente eres modelo.
    -¿Debería ser guapa y tonta?
    -En absoluto; podrías ser la persona más guapa del mundo y la más inteligente al mismo tiempo. Lo desconcertante es la rapidez de tus razonamientos sin dejar de observar todo. Algo extraño para tu profesión.
    -Lo tomaré como un cumplido.
    -Lo es.
    -Nos vemos en el Schubert.
    -Perfecto. ¿Atuendo informal?
    -No es la ópera, es un musical.
    -Entendido: Informal. Chiao.
    Feliz con lo que prometía ser una noche interesante; feliz por haber recuperado su coche; feliz por haber conseguido llegar a casa sin mucho atasco. Desconcertado dentro del ascensor…
    -¡Espera Marcus!
    No pudo ver quien le llamaba, las puertas se estaban cerrando. Intentó abrir las puertas con el botón de apertura. Después de varios intentos lo consiguió in extremis. Era Nu.
    -Hola Sherlock. ¿Cómo van nuestras pesquisas?
    -Tenemos que quedar otro día para hablar. Si al final mi amigo de Grand Station nos deja ver el vagón de Roosevelt, ¿te apuntarás?
    -No me lo perdería por nada. Y te recuerdo que os debo a ti y a tu madre una cena. Si te parece, tan pronto me encuentre un poco más libre de trabajo.
    -¡Qué guay!
    -¿Sabes? a lo mejor sí que es cierto que alguien estuvo investigando acerca de una super-arma, unos treinta años después de que esa estación fuese construida.
    -Y ¿qué hacía esa arma?
    -No está muy claro. Cuando nos volvamos a reunir en mi casa te contaré todo lo que sé. Si te lo digo ahora, ¿de qué hablaremos ese día? ¿Qué tal está tu madre?
    -Bien. Y tú, ¿lo has pasado bien con tu novia el otro día?
    -Esta vez te equivocas, mi pequeña Sherlock, respondo nervioso al ver la imagen de la decepción en la mirada de la pequeña.
    -Ibas muy arreglado la otra noche. Seguro que era para estar con una chica.
    -Nu eres una niña fantástica, pero no debieras estar pudiente de la vida de los adultos, sino, tu infancia pasará sin que te des cuenta.
    -Ya ha pasado. Adiós, Marcus, dijo mientras se marchaba enfurruñada.
    Iba todo demasiado bien para ser cierto, incluso el ascensor no había hecho de las suyas. Pobre Nu, por más que quiera no puedo suplir a su padre, ni me debo sentir responsable de su futuro.
Dentro de casa, a salvo de todo lo que parecía perseguirle en su vida Marcus decide navegar un poco por internet. Debo tener algún virus en el ordenador, desde hace casi un mes va demasiado lento. ¡Eh! El puntero se ha movido solo. ¡Qué raro! Ayer he pasado el antivirus sin ninguna alerta, el cortafuegos funciona e incluso he desfragmentado el disco duro. ¿Qué pasa aquí? Dispongo de suficiente espacio en el disco y en la memoria el ordenador; no tiene ni un año, debiera funcionar sin `problemas. Una buena disculpa para llamar a mí siempre bien bronceado amigo Steve.
    -¡Steve, tío, te veo pálido!
    -Y tú que lo digas. No paro de currar. Estoy perdiendo ese bronceado que tanto me he currado.
    -Ya sólo te queda tu sexs-machine de cuatro ruedas para triunfar.
    -Te equivocas, amigo. Lo importante no es el arco, sino el indio y, el indio sigue en forma. Tal vez más pálido, pero en forma. ¿A qué debo el honor de su llamada, caballero?
    -Una cuestión técnica. Tengo mi ordenador haciendo cosas raras y ya he hecho todo lo que yo podía hacer.
    -¿Cómo qué?, apagarlo y encenderlo otra vez
    -No, Steve, algo más sofisticado: revisar la junta de la trócola y el filtro del carburador. Pero la unidad aritmético-lógica del ordenador sigue diciendo que no.
    -Pues, lo siento por ti Marcus, eso va ser del manguito del radiador, que de eso sé un poco. Para eso me gradué en Stamford.
    -¡Vale, figura! Si tuvieses un momento para monitorizar mi cacharro por el Tean Viewer, te lo agradecería eternamente.
    -Eternamente suena mal. ¿Quién quiere vivir para siempre? Preséntame alguna chica interesante que conozcas, eso estaría mucho mejor.
    -No desesperes, el Señor proveerá
    -Muy bien; en tal caso mira el nivel de aceite de tu ordenador. Au revoire, Monsieur.
    -De acuerdo, Steve. Trataré de echarte una mano si tú me la echas a mí. Está hecho. ¿Lo pillas? Echar... hecho...
    -¡Jesús, Marcus! tus neuronas necesitan unas vacaciones.
    -Lo sé. Vamos allá. Te envío la dirección del Team Viewer
    -Ya estoy dentro de tu ordenador. ¿Dónde guardarás esas fotos que nadie debe ver?, ¿tal vez aquí?
    -Tío, céntrate.
    -¡Marcus, te están monitorizando!
    -No puede ser. Eso es gravísimo, digo pensando en el acuerdo de confidencialidad con Wislow y su gente. A no ser que sean ellos mismos los que no se fíen de mí.
    -Todo lo que haces, todo lo que tú ves, lo están viendo otros.
    -¿Quiénes?, Steve
    -A ver si pillo su I.P.  Utilizan un proxy en Rusia ¡Cabrones! Se han dado cuenta ¡se escapan! No daba la sensación de que sólo quisieran datos de tarjetas de crédito y datos personales. Estaban descargando e-mails. Todos tenían que ver con tú laboratorio, Marcus. ¿En qué andas metido? Estos parecían profesionales.
    -Las investigaciones típicas de un laboratorio de física.
    -Ya. Eso cuéntaselo a otro. Nadie se toma la molestia de hacer todo esto por los típicos estudios de un laboratorio, que en su mayoría aparecerán publicados.
    -No puedo decirte más, Steve. Lo único que te puedo comentar es que es algo para nuestro Gobierno.
    -Eso no sé si me tranquiliza o me preocupa más, pero si conoces a alguna espía que esté bien, no te olvides de tu viejo amigo.
    -Y ahora ¿qué puedo hacer para evitar que me vuelvan a controlar?
    -Poco. Podrías cambiar tu adsl para que no tengan tu i.p, estática. Aún así pueden dar nuevamente con ella. Y tú ya estás utilizando una vpn.
    -Espera. ¿Cómo han podido conseguir mi i.p?, pregunto aterrado ante la respuesta que ya conozco.
    -Alguien que haya accedido a internet desde tu casa. ¿Tienes router wifi?
    -No. Precisamente por seguridad conecto el ordenador por cable.
    -Entonces, alguien pudo estar en tu apartamento. ¿Hay alguien nuevo en el edificio?
    -La vecina de arriba. Y tiene aspecto ruso o de algún país nórdico. Lo mejor es que cambies de ordenador para que no rastreen la dirección mac de tu ordenador, sino, cada vez que te conectes con él te podrán localizar de nuevo. Y por supuesto, el que te compres, que no figure a tu nombre. Me preocupas Marcus. Júrame que estás bien.
    -Lo tengo todo bajo control, amigo.
    -Ya lo he visto. Necesites lo que necesites y pase lo que pase, sabes que me tienes sin que tengas que responderme a ninguna pregunta. Por favor, llámame más a menudo para ver cómo vas. O mejor, te iré llamando yo, y así vemos como va tu ordenador.
    -Si no supiese que te vuelven loco las mujeres, me sentiría halagado por tantas llamadas.
    -No seas capullo. ¡Cuídate!
    -Y tú también, Steve. Trataré de buscarte alguna espía. ¿Americana o rusa?
    -Sin duda, rusa, mucho mejor.
    Y si mi supuesta nueva vecina no fuese simplemente eso. No, supongo que sería demasiado evidente, trataría de pasar más desapercibida. Aunque la verdad, es que se deja ver poco, y los ruidos extraños que a veces parecen como un modem, con una voz de fondo ininteligible, incluso podría ser una conversación en ruso. De ser así, ¿qué riesgos puedo estar corriendo? O peor todavía ¿Jess y Nu? ¡Dios! No tengo ni idea de lo que debo hacer. Puede que lo mejor sea comunicárselo a Wislow y que sus chicos descubran la verdad. En el caso de que la vecina del 16-E sea una simple ciudadana, a saber a qué pruebas la someterían simplemente por una sospecha basada en indicios y sin fundamento alguno. Creo que lo mejor es tratar de hablar con ella. ¡Qué mejor que un ex militar! El vecino del 16-D, el Señor Dolan con su experiencia militar podrá valer. Mañana intentaré quedar con él y llamar a la puerta de nuestra enigmática nueva inquilina, con un poquito de suerte, sabré si tiene acento ruso, o incluso podríamos intentar entrar en su apartamento. Tengo una cita a la que acudir, de manera que las conspiraciones quedan para mañana. ¡Vamos allá mi querido ascensor! Con un poco de fortuna llegaré al hall sin sustos.  Respiro hondo y entro, al fin y al cabo bajar quince pisos a pié lleva su tiempo. Pulso el botón y todo va perfectamente: se abren las puertas veo el mostrador de la entrada donde debiera encontrarse el conserje. En fin, será mejor no perder tiempo en cuestiones intranscendentales.
-Toca coger un taxi. Justamente ahora empieza a llover y no he bajado paraguas.
-¡Ahí viene uno! Nada, debo ser invisible. Esta vez a ver si hay suerte. ¡Oiga estaba yo antes!
-Lo siento amigo. Yo lo he cogido primero.
-Usted es un sinvergüenza, le digo a punto de perder el control.
-¡Qué usted se moje bien!
Esta ciudad es increíble. Al siguiente, lo paro como sea. ¡Tenía que pasar por la otra acera! ¡Eh, eh! ¡Por fin!  Ahora la parte difícil va a ser cruzar. Si me tienen que atropellar, que me atropellen, pero no me sigo mojando más. Mi nariz parece una fuente de agua, con toda la que lluvia que canaliza desde mi pelo empapado.
-¡Estás loco! ¿Quieres que te maten?, me grita un conductor que casi me lleva por delante.
¡Dios! un autobús. ¡Uff por los pelos! Menos mal que he conseguido saltar a tiempo.
-Impresionante, caballero. Spiderman no tiene nada que hacer a su lado. Lo que no sé es para qué necesita un taxi teniendo esos superpoderes.
-¿El monólogo va incluido en la carrera?, pregunto sarcásticamente.
-Hoy está de suerte, va por cuenta de la casa.
-Ya que ha descubierto mi identidad secreta de superhéroe, tengo un asunto urgente en el Schubert Theatre.
-No me diga más; una invasión de alienígenas a los que les gustan los musicales.
-Usted lo ha dicho. Pero por favor, esta conversación nunca ha tenido lugar.
-Cuente con mi silencio de taxista.
-Eso es lo que esperaba desde que he abierto la puerta de su coche.
-Ustedes los clientes están convencidos que nos encanta hablar. Realmente en la mayoría de los casos no es así. Simplemente es una cuestión de educación. Estar a veces una hora dentro del mismo vehículo y que las únicas frases sean: ¿A dónde va?; ya hemos llegado; son tantos dólares. No es que sea muy estimulante para nadie.
-Entiendo. Siéntase liberado de esa responsabilidad.
-Muy bien. Si es lo que quiere.
     Algún día alguien debería dedicarles un libro a los taxistas de esta ciudad. Hay todo tipo de personajes: actores buscando su primera oportunidad, médicos en ciernes, inmigrantes de todo el mundo que traen consigo parte de su país y las historias que le han hecho llegar aquí. Algunas veces hay mucho más espectáculo dentro de estos Yellow Cab que en Broadway. Ya nos encontramos cerca, se pueden ver los primeros carteles iluminados: Cats, El Fantasma de la Ópera…
-Hemos llegado. Y son cuarenta y ocho con cincuenta.
-¡Me ha dado un buen paseo turístico!, protesto sin éxito alguno ante lo que me parece un robo.
-Cuarenta y ocho con cincuenta.
-Entiendo. Para un taxista no hace falta ser más amable de lo que constituyen esas tres frases. Debo reconocer que está en lo cierto. Buenas noches, me despido con cierto cargo de conciencia por haber sido prepotente.
-Buenas noches. Y no se olvide que la cortesía no es algo obligatorio.
No veo a Katheryn por ningún lado. Como siempre me toca esperar a mí. Y lo peor es que sigue lloviendo. Me resguardaré debajo de la marquesina. Parece que promete el musical, con este cartel: ¨ Su voz, su visión, el nacimiento del Rock´n´Roll
-¿Te he hecho esperar? Escucho la voz de Katheryn detrás de mí.
         - Acabo de llegar, respondo.
-Nadie lo diría con lo empapado que estás. Será mejor que te seques en los servicios con el secador de mano.
-A las mujeres no os cuesta lo mismo conseguir un taxi en un día lluvioso.
-La siguiente vez será mejor hacer un picnic en el hall de tu casa para que no corras ningún riesgo. Ya podemos entrar, he comprado las entradas por Internet.
-Será mi primer musical, Katheryn.
-Seguro que te gustará. No es nada iconoclasta, es un musical de corte coral y con un guión fácil de seguir.
-¿Cuánto te paga el productor de Menphis por hacerle propaganda?, preguntó un poco sorprendido por tantas explicaciones.  Yo voy a secarme un poco al servicio, te veo dentro.
-No tardes mucho Marcus.
-Debo suponer que avisan previamente a empezar la representación.
-Eso siempre es así. Pero no te despistes, me insiste ella.
-Qué difícil es manejar estos secadores de pared: hay que ponerse debajo de la tobera y no moverte mucho para que el sensor de infrarrojos siga funcione. Y ahora tiene que entrar este riéndose de mi postura en cuclillas debajo de este cacharro; es la única manera que hay para secarse la parte de arriba de la cabeza y un poco los hombros. Estoy tentado a sacar los zapatos para hacer lo propio, pero creo que voy justo de tiempo. De cualquier manera lo intentaré. Un zapato fuera y listo, en el secador.
-Caballero, ¿le molestaría dejarme secar las manos? Después puede proseguir con su zapato.
-Por supuesto, faltaría más.
-Muchas gracias. Termino rápido y ya sigue usted. Aunque… podrá secar los zapatos y aún así le quedará todo el cuerpo mojado. Realmente parece que le hayan vaciado un caldero de agua encima.
     -Más o menos: un diluvio y toda el agua de un charco salpicado por las ruedas de un camión.
- Siendo así, parece que incluso ha sido afortunado. Todo suyo.
-Seguiremos con el primer zapato. Debiera secar también el calcetín sino, es como no hacer nada. Ahora que no hay nadie colocaré el calcetín directamente en la tobera. Parece un globo negro despidiendo un vaporcillo con sutiles matices con esencia Chanel Camembert.
 ¡La señal de que hay que entrar! No me da tiempo a ponerme otra vez el calcetín. Bueno sólo el zapato. Calcetín en el bolsillo y cuando apaguen la luz me lo pondré otra vez.
-¡Marcus, has llegado por los pelos!
-Creo que no es para ponerse así.
Ahora debo dejar que Katheryn se tranquilice un poco, y amparado en la oscuridad me coloco el calcetín. Lo malo es que lo he metido en el bolsillo derecho, justo del lado que está ella, seguro que se dará cuenta.
-¿Qué te está pareciendo el musical?
-Me está sorprendiendo, pensaba que este tipo de representaciones eran otra cosa.
-No sabes cuánto me alegro, Marcus.
Me ha cogido la mano derecha. ¡Horror!, y ahora, ¿cómo me pongo el calcetín? Si no lo consigo hacer pronto el cuero húmedo del zapato va a congelarme el pie. Como no resuelva lo de la mano rápido, sacarme el zapato va a ser como quitarse una tirita de una zona con mucho vello. Tengo que simular que me cae algo al suelo, y antes, haberme sacado el zapato con el otro pié.
    -Perdona Katheryn me ha caído un bolígrafo al suelo.
-¡No me digas que llevas un bolígrafo en el bolsillo! ¡Cómo sois los científicos!
Primer paso conseguir sacar el pie, o lo que quede de el. Se resiste: la humedad de los dos zapatos hace que resbalen. ¡Uff, por fin! Ahora me inclino hacia el suelo y al mismo tiempo saco el calcetín del bolsillo derecho.
-¿No te huele a algo raro, Marcus?
-Ya sabes lo que pasa siempre cuando hay mucha gente en un sitio cerrado.
-¡No seas guarro!
-Lo que tú digas. Pero mira como se inclina lateralmente el señor que tienes en frente. Ese movimiento es francamente sospechoso.
-¿Encuentras el boli?
-No. Debió rodar por debajo de las butacas. Lo intento otra vez y si no lo dejo…
-¿Qué te ocurre? Nada, que creía que lo tenía, pero no.
Por fin he conseguido sacármelo. Falta desatar el zapato y ya está.
-Marcus por favor deja de bucear debajo de la butaca.
-Ya casi lo tengo, un momento. Por fin todo listo: calcetín puesto, me digo victorioso.
-¿Has encontrado e bolígrafo?
-No. Debió rodar filas hacia abajo.
-Seguro que era muy especial para ti, con el numerito que has montado, me recrimina Katheryn, un tanto abochornada por el espectáculo que he montado.
-No. Era uno de esos de usar y tirar.
-¡Todo este jaleo por eso!
-Tenía miedo que alguien lo pisase al levantarse y pudiese resbalar, se me ocurre decir como si fuese un tonto.
-Bueno, ahora a ver si eres capaz de estarte quieto el resto del musical.
 ¿No te vuelve a oler igual?, pregunta Katheryn después de haber agarrado la mano de Marcus.  Es inadmisible que la gente no tenga la más mínima consideración con los demás en espacios cerrados.
Finalmente pudimos disfrutar del magnífico musical sin más incidentes que el frío de mis pies y,  por supuesto ,la falta de educación del señor de la butaca situada enfrente de Katheryn del que procede ese hedor a Chanel Camembert nº5. O al menos eso creía ella.
-¿Qué te ha parecido?
-Sorprendente, me ha impactado la energía que transmite y el colorido del guión y el atrezo.
-Discúlpame un momento. Tengo que decirle unas palabras al individuo de la fila de adelante después de que me haya estado gaseando durante toda la obra.
- Creo que será mejor que lo dejes Katheryn. Esto al final siempre acaba igual. Tú insistirás en que no puede negar que los gases liberados ¨son igualitos que su padre ¨, y el presunto sospechoso se hará el ofendido consciente de que no tienes pruebas concluyentes de la autoría del delito. Incluso los más osados intentarán culparte a ti para desviar las sospechas. Bueno, y todo eso sin tener en cuenta sus más de dos metros.
-Y, ¿ya está? ¿Me fastidia toda la representación y se va de rositas?
-Muy agudo Katheryn: se va de rositas…
-No pretendía hacer un chiste, Marcus.
-Anda, vámonos. Si no, corremos el riesgo de que nos estropee el resto de la velada.
-No sé si eres un cobarde o un hombre sensato.
- ¿Qué quieres, que me líe a tortas con él, en un alarde de testosterona? Aunque fuese capaz de ganar yo, ¿eso me daría la razón?
-Yo no quería decir eso. Discúlpame, es que estoy francamente ofendida. Me da la sensación de que me huelan hasta las manos.
-Katheryn, lo mejor es que nos lavemos las manos y así nos olvidemos de todo.
-Vale, Marcus, me has convencido. Evitaremos problemas que nos estropeen la noche. El que acabe antes espera en el hall.
-Me lavaré las manos y a ver si le puedo dar un pequeño toque de secador al zapato izquierdo.
-¡Hombre, pero sigue todavía aquí secando sus zapatos!, escucha Marcus mientras pelea con el sensor de encendido del secador. ¿Ha pagado la entrada para estar toda la obra haciendo esto? De verdad que no me dejan de sorprender ustedes los neoyorkinos.
-No saque conclusiones anticipadas: primero, tal vez no sea de esta ciudad; segundo, he visto la representación y al salir he aprovechado para acabar de secarme.
-Me tranquiliza saber que ha sido así. De cualquier manera, usted seguro que es de aquí. Su comportamiento es tan frenético como el de Woody Allen.
-Va a ser que se queda con la duda de dónde procedo.
-Va a ser que me debiera permitir secar las manos otra vez. Es para lo que están diseñados estos aparatos. Si no se llamarían seca pies. ¿No le parece?
-Disfrute de los secos pies, mi querido vaquero tejano.
-Debo entender que no es un insulto, porque me siento muy orgulloso de donde he nacido.
- Es algo evidente, aunque los gemelos que sobresalen de la manga de su americana con la Estrella Solitaria me lo han puesto muy difícil.
     -Muy bien, Perry Manson, ahora… zapatero a tus zapatos.
-Querrá decir a sus botas de cowboy de piel de serpiente.
-Se la está jugando, amigo.
-Que disfrute de su visita a la ciudad.
-Ya creía que te habían abducido los extraterrestres, Marcus.
-Te puedo asegurar que he estado hablando con uno.
-¿Qué te apetece hacer ahora?, pregunta Katheryn no muy convencida de cómo se está desarrollando la velada.    
-Podemos tomar algo por aquí cerca. Me parece recordar que hay un local una par de manzanas más abajo que sirven un Cosmopolitan muy bueno.
-Me sirve. Mientras no empiece a llover otra vez.
-Tendremos que correr ese riesgo, no vamos a coger un taxi sólo por dos manzanas, digo convencido de que después de aguantar a un tejano cabreado, lo último que deseo es discutir con un taxista por un carrera corta.
-Yo no puedo trasnochar mucho. Mañana tengo una sesión de fotos y no quisiera tener ojeras.
-A mí me ocurre lo mismo, si me acuesto tarde y me excedo con la bebida me lo notan en el cutis mis colegas de laboratorio.
-Muy gracioso. Es mi Profesión y debo cuidar mi aspecto, es de lo que vivo. Además no sería responsable hacia quien me paga. Se supone que debo dar lo mejor de mí en cada sesión.
-De verdad que lo entiendo, no es necesario que me lo aclares con tanto lujo de detalles. Fíjate en lo impresionante que es pasear por Broadway con sus carteles iluminados, y sin lluvia.
-Me siento como la protagonista de una película entre tantas luces. Pero ya que no te importa mi trabajo, hablemos de cómo van tus investigaciones.
-Bien. Vamos avanzando, aunque estamos con cambios que inicialmente nos están ralentizando.
-¿Te afectan a ti a nivel personal o simplemente son cuestión de logística e          infraestructura?
-Un poco de todo, respondo extrañado por la precisión del las preguntas de Katheryn.
-¿Por qué lo dices?
-Pareces un miembro del consejo de administración, respondo yo.
-Tal vez estoy siendo muy directa. Algo me debe quedar de mi Master Busines Administration en Berkeley.
-Ahora sí que me has dejado fuera de juego, Katheryn. No entiendo como estando tan capacita acabas siendo modelo.
-Hija única que debía dirigir una empresa familiar de logística proveedora de la U.S Navy. Por eso vivo en San Diego. Entre viaje y viaje echo una mano a mi madre.
-Familia de amazonas. ¿La presidenta de la sociedad es tu madre?
- Si mi padre era militar.
    -¿Era?...Entiendo.
-No, Marcus; seguro que no. Murió estando en la reserva. No fue una bala, fue un cáncer el que acabo con él demasiado joven. Mi madre mantiene un negocio que factura setenta y tres millones de dólares año.
-¿Y cómo has llegado al mundo de las pasarela?
-Mejor te lo cuento tomando algo.
-Ya hemos llegado, Katheryn. Este es el sitio del que te he hablado.
-Nadie diría que aquí sirvan Cosmopolitans: con esos marcos de madera, con la pintura desconchada y la puerta de cristal emplomado; reparado un millón de veces con parches de vidrio que nada tienen que ver con los originales.
-Si te pones así ya no entramos, me hago el ofendido.
-No, no. Tengo curiosidad por ver el interior. Entremos
-Avant madmuasel, s´il vuos plâit
-Merçi Mounsieur Wainwraight. No me esperaba estos sofás de cuero surcados por grietas ¨centenarias¨. Después de todo tiene su encanto este sitio. Parece como si el tiempo se haya decidido parar aquí,
-Confiemos en que terecuerde algo bueno.
-Me evoca una situación placentera, como esta misma, responde ella.
-¿Con otra persona?
-Sí.
-Entonces prefiero que te olvides de ese recuerdo y sólo veas al hombre que tienes a tu lado. Este es mi tiempo contigo y no deseo compartirlo con nadie más. Aunque se encuentre en algún lugar de tu memoria.
-Era mi mejor amiga. Es decir, fue un momento muy especial con una amiga. Puedes estar tranquilo.
-Aún no me has contado cómo has llegado a las pasarelas.
-Como suele llegar la mayor parte de las modelos. Por casualidad. Estando en los últimos años de universidad hubo una marca de ropa deportiva que comenzaba a despuntar y quería caras nuevas que no se asociasen con otras campañas publicitarias. El resto es historia.
-Lo dices como si te hubiese ido mal.
- Para ser una mujer en un mundo de hombres no me puedo quejar. En el plano económico gano más que si dirigiese una empresa de tamaño mediano con menos responsabilidad.
-Y tú, siendo de una familia reconocida socialmente, ¿qué te ha decantado por la física?
-Lo que me sigue atrayendo todavía. Necesito encontrar respuestas…
-¿Y ahora es lo único que te mueve o tienes otras motivaciones?
-Ahora; ahora no debiera hablar de esto, Katheryn.
-Si no quieres, no lo hagas.
-Necesito compartirlo con alguien. Lo necesito… Estamos cerca de obtener una fuente de energética sostenible no contaminante.
-¡Dios mío Marcus, eso cambiaría el mundo! Es increíble.
-La palabra correcta no es ¨increíble¨ para algo que cambiará para siempre la historia del ser humano. La cuestión es que esto podría llevar muchas décadas. Sólo si se conseguimos una financiación como ningún país lo ha hecho antes, y con colaboración de más científicos y laboratorios, sería viable en un plazo razonable.
-Si me lo llegan a decir no me lo creo. De manera que tenemos una esperanza para este planeta convaleciente, y para sus futuras generaciones. ¿Tal vez nuestros nietos lo llegarán a ver?
-Siendo muy optimistas puede ser que antes. Por favor no lo comentes con nadie. No sé cómo te podría afectar a ti.
-¿No me digas que está la CIA de por medio?, dice Katheryn con expresión de pánico en su cara de porcelana.
-No. Desearía no seguir hablando de sobre esto.  ¡Y por Dios! , no lo comentes con nadie.
-Tranquilo, no te preocupes. No revelaré a nadie tu identidad secreta como salvador del mundo.
-No te lo debes tomar a broma Katheryn.
- Lo que me sorprende es que en una situación de recesión a nivel mundial nuestro país esté dispuesto a realizar una inversión de esas dimensiones.
-¡Déjalo ya, Katheryn!, es mejor.
-Vale, no te pongas así. Parece difícil creer que nuestro país apoye un proyecto tan colosal.
-Puede que haya más países. ¿Eso es lo que querías oír?
-De verdad Marcus, no quiero que estropeemos nuevamente lo nuestro.
     -Entonces cambiemos de tema, es lo mejor para los dos.
-Tú me has preguntado acerca de las pasarelas, y yo acerca de tu laboratorio. Ahora podemos hablar de nuestros hobbies. No he visto en tu apartamento nada que me hablase de ellos.
-Los tenías todos delante, pero no los has visto o tal vez no los has querido ver. En la tablet que controla la domótica de mi apartamento. Recuerda que había miles de canciones, películas, y e-books. Hubo un tiempo que el golf formaba parte de ellos, e incluso la natación. Para mi desgracia no dispongo del tiempo necesario para ninguno de los dos.
-A ver si adivinas alguno de los míos.
-Es muy fácil: uno de los tuyos sin duda es el patinaje o el voleibol, la música es otro, afirmo sin titubear.
-¿Cómo puedes haber acertado?
-Recuerdo nuestro primer encuentro en el que mencionaste una canción que estaba sonando. En cuanto al deporte, esta parte es menos romántica. Un culo como el tuyo sólo se tiene por la combinación de dos cosas: la genética y un deporte que lo muscule así; y según tengo entendido el vóley y el patinaje dan buenos resultados…
-Hay alguno que no has detectado, aunque ya tendrás tiempo para descubrirlo.
-Tal vez si te someto algún tipo de interrogatorio más minucioso, los descubra.
-No serás capaz de hacerle eso a una pobre damisela como yo.
-A todo esto, se han olvidado de nosotros. ¡Por favor!
-Un momento y ya estoy con ustedes, responde el camarero.
-La verdad que es simpático el hombre éste. ¨Un momento¨. Llevamos esperando unos cuantos momentos, le respondo un tanto airado.
-Relájate, Marcus.  Venimos aquí para disfrutar. Hoy estás muy nervioso. Debió ser tu lucha por el taxi. Aunque tal vez debiera decir tu ducha por el taxi.
-Muy graciosa. Para ser honesto, sí que me ha puesto de mal humor. Esperaba que la noche empezase de otra manera. Incluso venía del laboratorio excepcionalmente contento. Me habían reparado mi viejo coche y todo iba genial, hasta la mojadura que me pillé esperando el taxi. Mejor dicho cazando un taxi
-Ahora ya no llueve, de manera que no tienes disculpa para seguir enfadado.
-Mis pies no opinan lo mismo. Empiezo a notar una extraña sensación entre los dedos y estoy convencido que es debido a la membrana interdigital que me está creciendo. ¿Me estaré convirtiendo en una rana?
-Creo que sí.
- ¿Desde cuándo a las mujeres os gustan esos bichos verdes?
-Desde que se les puede besar y se convierten en tu príncipe azul.
-¿Qué deseaban tomar?, pregunta el ¨afable¨ camarero. Su sonrisa ha quedado olvidada en alguna de las miles de noches sufridas en este local.
-¿Cosmopolitan?
Si están tan buenos como aseguras pediré lo mismo...
-Dos Cosmopolitan.
Katheryn si no me besas pronto no quedaré en este estado para siempre.
-No fallezcáis mi bello príncipe azul os liberaré de vuestro hechizo.
-¡Ya noto el efecto! Pero quizás será necesaria una sobredosis.
Menudo príncipe me he encontrado. Lo intentaremos nuevamente.
-Sus bebidas, si me permiten.
-Esta noche los elementos se alían en contra de un pobre hombre como yo.
-Brindemos por tu proyecto internacional. ¿En ruso, chino…?
-En lo que quieras. Buen intento, pero no has acertado el idioma, pequeña intrigante. Está claro que hasta que sepas que país o países colaboran con nosotros no vas a parar.
-No era esa mi intención. ¡Kampai!
-¡Kampai! ¿Hablas japonés también?
-¿Necesitas una intérprete? Porque suelo viajar bastante a Tokio.
-Tal vez podamos hacer un viaje junto allí dentro de unos meses si cuadramos nuestras agendas. ¿Qué te parece, Katheryn?
-Sería fantástico. ¿Nunca has estado allí?
-¿No? Yo lo conozco muy bien. Y es fascinante. Es como otra galaxia. Quizás no para vivir indefinidamente. Pero sin lugar a dudas para pasar una temporada. Su responsabilidad social, su concepto del honor, su cultura y comida. Lo malo es que es una sociedad muy agresiva.
-Tan pronto te pueda comentar algo más tratamos de planificarnos. Insisto en lo importante que es que no digas nada a nadie. No quiero saber lo que nos podría ocurrir.
-Esta conversación no ha tenido lugar .Está delicioso el Cosmopolitan. Sin duda ha merecido la pena este sitio. Me lo apuntaré en mi agenda de locales muy recomendables.
-¡Menos mal! Cuando vi tú cara en la entrada pensé que saldrías corriendo.
-Sabes Marcus, me alegro que nos hayamos vuelto a encontrar. A veces tenemos objetivos en la vida que nos hacen perder la perspectiva de lo que realmente merece la pena. Y tú para mí, mereces la pena,
-La primera vez que te vi, me intimidó tu belleza. Pensaba que una mujer como tú no le dedicaría ni una mirada a un simple mortal. Y ahora sólo veo la persona que eres.
-Mira que eres complicado. No sé si quieres decir que sólo soy guapa o que ya no te impone tanto que lo pueda ser, y por eso has visto algo más en mí.
-Perdona. Tienes razón, soy un desastre. Lo que quiero decir es que mucho más allá de tu innegable belleza, está Katheryn.
-Por cosas como estás es por lo que me pareces tan especial, Marcus. Lo que no sé es de dónde sacas ese complejo de patito feo, a no ser que sea falsa modestia. Eres un chico muy atractivo, como ya te dije la primera vez que estuvimos solos: rubio, ojos claros, alto, buen cuerpo, facciones marcadas. No sé que más querías que te diesen tus genes. Para la inmensa mayoría de las mujeres seguro que eres muy deseable. De cualquier manera sigue con esa filosofía, mejor que no te descubran más mujeres.
-Nunca me he considerado nadie especial. Siempre me he sentido más bien un tipo normal. Creo que debiéramos irnos. Mañana será un largo día para mí en el laboratorio
-Entonces, nos vamos. Digo mientras me levanto para acercarme a la barra donde se encuentra refugiado el buen humor del camarero y le pido la cuenta. ¿Me podría decir cuánto le debo, por favor?
-Treinta y dos dólares.
-Quédese con el cambio.
-¡Qué rápida eres Katehryn! Iba a pagar yo.
-Ya sabes que no me gustan los estereotipos.
-Entonces me toca a mí el taxi, si no te importa que vayamos juntos. ¿Duermes en casa de Zoë, en Tribeca?
-Sí.
-Caminando un poco más podemos coger un taxi en la Sexta Avenida; va directa al Soho. Yo me quedo allí y tú continúas a Tribeca.
-Muy bien. Ya me dirás como vas a pagar tú, si te quedas antes.
-Tienes razón. Pago lo que cueste hasta allí y le dejo…
-No seas absurdo. Si quieres paga hasta donde vayas tú y yo ya pago lo que me quede.
-Sí que soy un poco absurdo.
-Con el mundo en manos de científicos despistados como tú espero que algún ser supremos nos eche una manita.
-Ese siempre es el plan b.
-¿Qué quieres decir? Ahora, sí que me empiezo a preocupar por la raza humana. Ja, ja,ja
-Cuando todo va mal, Katheryn, da por hecho que aún podrán ir peor. A no ser que la casualidad ponga de su parte. Siempre hay que confiar en un plan b.
-Ahora, ya puedo respirar: en resumen, hagamos lo que hagamos estamos perdidos... Casualidad, plan b. Y eso me lo dice alguien que vive de la precisión en sucesos subatómicos.  No cabe duda alguna de que es reconfortante.
  Ya dentro del taxi, Katheryn apoya su cabeza en el hombro de Marcus para quedarse dormida casi al momento. Él iba feliz, estaba con alguien que lo valoraba incluso a nivel físico, como nunca antes nadie se lo había manifestado. O tal vez, nunca se había arriesgado para que alguna mujer se lo dijese. Se encontraba tan a gusto, que sólo veía como se sucedían los edificios, sin que la emisora de radio del taxi llegase a invadir el silencio que se había apoderado del interior de su cerebro. No necesitaba pensamiento alguno: la mujer que quería estaba dormida a su lado, todo lo demás no importaba, ni el tiempo, ni el espacio, ni los problemas cotidianos. Sólo el silencio y...Katheryn.  
-Ya estamos en el Soho, ¿dónde desea parar?
-Por favor siga en dirección a Tribeca, por la sexta.
Marcus continuó abstraído en su burbuja de felicidad, hasta que en un frenazo del taxi para evitar a un vagabundo que cruzaba la calle, aparentemente en estado de embriaguez, hizo despertar a Kathye.
-¿Dónde estamos, Marcus?
-Ya casi has llegado.
-Has venido hasta Tribeca. No hacía falta, ahora tienes que dar vuelta.
-Me ha encantado verte dormir. Ha merecido la pena el viaje.
-Eres un cielo. Todo por no despertarme.
-Te quedaste dormida al subir al taxi. Se te veía tan a gusto durmiendo que preferí dejarte dormir; eso y, que estaba en una nube contigo.
-Ya hemos llegado. Espera, te acompaño al portal.
-  Vuelvo ahora mismo. No hace falta que apague el taxi.
-Te quiero Doctor Wainwraight, más de lo que nunca pude llegar a imaginar.
-Me parece estar viviendo un sueño, es todo demasiado bonito para ser cierto. Si esto no es verdad, no me despiertes nunca, Katheryn.
-Siempre piensas que no te mereces las cosas buenas que te ocurren. Esta te la mereces. Porque soy yo quien lo decide, y yo digo que te quiero.  Sueña conmigo, Marcus.
-Y tú conmigo. Hasta mañana.
-Marcus llegó a casa agotado, pero desbordante de felicidad. Tan pronto se puso el pijama se metió en la cama con sus sábanas favoritas: con la temperatura justa, un poco frías pero no demasiado, y sin humedad alguna; suaves debido al desgaste que producen los lavados y el uso sobre el algodón, se quedó dormido casi sin darse cuenta, como hacía años que no le ocurría. De hecho, soñó con su amor paseando por Tokio, ella lo miraba a él con lágrimas en su cara al tiempo que se iba difuminándose como arrastrada por el viento. Él gritaba pero el viento le impedía darle alcance. Suponía que todo seguía siendo parte de lo mismo, de lo que ya se había percatado Katheryn: básicamente su subconsciente seguía considerando que no se merecía aquella mujer. Ante la imposibilidad de continuar durmiendo decidió ponerse a la leer las noticias de los periódicos a pesar de que eran las cinco y media de la mañana: el paro, los republicanos con el recorte de la inflación, la recesión de Europa, continuaban siendo los titulares. Todo eran buenas noticias para empezar bien el día. Hasta que en la sección de economía salía el Señor Adelson haciendo previsiones de autosuficiencia energética de los Estados Unidos a unos veinte años vista, sin necesidad de energías alternativas: es más, hacía una apología vehemente de que estas no eran ni serían una alternativa. Al menos de las que teníamos constancia hasta la fecha, ya que si se realizaba un cálculo real de su productividad saldría negativo en base a los costes: su dependencia de los factores climatológicos y la imposibilidad de almacenar los picos de energía, la hacían totalmente deficitaria y dependiente de las tan cuestionadas subvenciones estatales. Por desgracia no le faltaba un poco de razón a ese tiburón. La cuestión era cuantificar el daño que producían las emisiones de CO2 más que el ahorro que suponían el uso los recursos fósiles frente a las energías “verdes “. Finalmente la noche había pasado sin tiempo para una cabezada, de manera que con la música para despertarse a punto de sonar se metió bajo los chorros de la ducha, que se alargaría como ya hacía tiempo que no recordaba. Incluso fue capaz de terminar con unos minutos de agua fría. Según decían los nórdicos mejoraba la circulación y el sistema inmunológico. Era evidente que con sólo una vez no conseguiría esos efectos, pero por lo menos estaría más despierto. Daba la sensación que el ¨shock¨ del agua fría había conseguido hacerle sentirse mucho mejor al salir de la ducha. Desayunó con calma un sándwich vegetal y un zumo de naranja. Todo con calma, con mucha calma, hasta que llegó la hora de ir a visitar a su extraña vecina. Primero buscar un testigo, no fuese a desaparecer misteriosamente sin dejar rastro después de pulsar aquel timbre que podía dar paso a cualquier cosa en el interior del 16-E.
    Subió las escaleras hasta el piso del Señor Dolan. Llamó una vez, y otra, incluso una tercera, hasta que la figura encorvada por el paso de los años de lo que antes debió ser todo un titán, apareció en el umbral de la puerta.
-¿Qué hora es, Marcus?
- Son las ocho.
-¿Y no tienes más cosas que hacer a estas horas que fastidiar a un jubilado?
-No era mi intención despertarle. Pero habíamos quedado hoy a esta hora para tratar de hablar con la nueva vecina de esos ruidos tan molestos.
-Ya no me acordaba. Supongo que con que me ponga mi batín de seda será suficientemente aparente a estas horas.
-Sí. Básicamente se trata de que sepa que no sólo me molesta a mí.
-Pues cuanto antes acabemos, antes me vuelvo a la cama.
-El timbre por lo menos funciona. No se escucha nada. Es raro. A estas horas una persona joven debiera estar en pie para trabajar.
-¿Qué insinúas Marcus?
-No lo sé. Simplemente que debiera haber alguien despierto ahí dentro. Lo intento otra vez. Parece que si hay alguien no quiere abrir.
    -Inténtalo una última vez, y si no contesta me voy a la cama de nuevo.    
    -Bueno, parece que hoy no podremos resolver la misteriosa cuestión de los ruidos.
    -¡Y para esto me despiertas! La próxima vez te rogaría que te cerciores de que el enemigo se encuentra en su cuartel.
-Así será. Muchas gracias Señor Dolan. Agradezco en lo que vale su esfuerzo vespertino.
-Hasta luego muchacho.
    Esto empieza a resultar absolutamente desconcertante. Me hubiese gustado zanjarlo de alguna manera hoy. Poder escuchar la voz de esa mujer por primera vez, ver que hay en el interior de su vivienda. O incluso mejor, haber podido entrar. Al menos eso me proporcionaría algún tipo de indicio acerca de esta persona. Y si de alguna manera tiene algo que ver con lo que le pasa a mi ordenador. Ya lo descubriré otro día, ahora toca ir a trabajar.
     A veces me pregunto, ¿qué hago viviendo tan lejos de mi trabajo? Si no fuese porque no debo ir todos los días, seguramente hubiese dejado el laboratorio. De alguna manera esta ciudad me hace sentir vivo ¡Qué raro! El ascensor lleva una temporada funcionando sin problemas: he llegado al hall sin ningún susto ¿Se abrirán las puertas, saldré disparado al espacio? Pues no, las puertas se abren con normalidad, acompañadas de ese leve sonido que produce el roce de la goma .Todo está correcto, incluso la habitual expresión de prepotencia de Bill, el conserje.
-Bueno día Bill. ¿Ha visto recientemente la inquilina del 16-E?
-Dependiendo lo que usted entienda por reciente.
-Una semana.
-Pues mire, ahora mismo se está marchando en aquel taxi, con tres maletas grandes.
    No puedo evitar echar a correr absurdamente para alcanzarla, pero cuando ya estoy a la altura de su taxi, arranca. ¡Qué estupidez acabo de hacer! ¿Qué hubiese conseguido? Tal vez oír su voz. Eso no me hubiese aportado gran cosa. A lo mejor un acento de procedencia rusa... Más allá de eso, todo seguirían siendo conjeturas. El objetivo era poder ver algo en su piso que le pudiese delatar. Intentaré que el insufrible de Bill me comente algo más de esta mujer.
-¿Sabe si se irá durante mucho tiempo?
-No estoy muy seguro. Pero por su acento y las dos maletas yo diría que sí.
-¿Su acento?, repito atónito.
-Sí, algo parecido al ruso. Además el taxi me lo ha pedido para el aeropuerto.
-Gracias Bill.
-¿Le sigue ocasionando molestias el ascensor?
-Es curioso, desde hace una semana, no.
-Que coincidencias, ¿no le parece, Señor Wainwraight?
-¿Por qué?
-Hacía casi una semana que no veía a su vecina.
-Buenos días Bill, debo irme.
-Buenos días, Señor Wainwraight
No sé que le ha podido pasar a Bill para estar tan agradable. Lo mejor será que me olvide durante una temporada de todo esto y me centre en la calibración final del detector de rayos gamma. Mañana es el gran día, vienen los de la N.A.S.A y el Doctor Akira Abbe llega de Japón.
Mientras Marcus se dirige al laboratorio, Jess recibe la llamada de Stephen, el guía del Grand Station. Finalmente ha conseguido un permiso para poder entrar a la estación secreta de Roosvelt. No había sido nada fácil convencer a los responsables de relaciones externas de Amtrak de que una niña pueda entrar allí con el riesgo que puede suponer para ella. Stephen tuvo que apelar a los sentimientos, mencionando lo que supuso para Anne la trágica pérdida de su padre en un ataque talibán en suelo afgano. Ese argumento fue definitivo para que accedieran a la visita de Anne. Sólo hubo unas cuantas condiciones: la primera, nada de fotografías; la segunda era que con ella sólo podrían ir dos adultos más.
    Jess aún estaba sorprendida por lo que la tenacidad de su pequeña había conseguido. Siempre había pensado que era un faro en su día a día, y estaba convencida de que seguramente lo era para el resto de la gente. A pesar de algunas amigas que la rodeaban como polillas robándole su luz y energía. Cuanto añoraba en este momento que el padre de Nu pudiese estar presente para ver lo que el amor por él había llegado a conseguir. Era un momento de amarga alegría, y por desgracia aún le quedarían bastantes a lo largo de sus vidas sin Jeremy. ¿Por qué tenía que haber elegido servir a su país como militar?, ¿por qué no se había enfermado antes de que lo destinase Afganistán? ¿Por qué, por qué…? Tantos porqués, contra los que nunca podría luchar con la entereza que siempre demostró Jeremy. Jess creía que en algún momento se acostumbraría a esta cruel realidad. De alguna forma ella ya era consciente que este vacío nunca podría ser llenado. No lo quedaba más remedio que aprender a vivir con el dolor que supone el hueco que deja en la vida de los demás la ausencia de un ser querido.
    Todas estas reflexiones revoloteaban por la cabeza de Jess mientras Stephen le seguía comentando los pormenores de su visita a la misteriosa estación y a su vagón. ¡Vagón!. No ha mencionado nada de si será posible verlo por dentro o no.
-Stephen, ¿sabe si podremos entrar en el vagón del presidente?
-Francamente, no me han comentado nada al respecto y, dado lo dificultoso de las negociaciones para conseguir el acceso a la estación, considero que lo debiéramos obviar. Si tenemos suerte la persona que les acompañe puede que les permita verlo por dentro.
-Supongo que eso será lo mejor.
-Créame Señora, sé lo que me digo. Sabe que no le fallaría a Nu
-Lo sé Stephen, está consiguiendo que ella vaya hacer realidad su pequeña aventura.
-Eso sería más que suficiente para un viejo como yo. No he conocido nunca a una niña como ella. Disculpe, se me olvidaba la fecha y la hora para la visita. Deberá ser pasado mañana
-¿Y la hora?
-Han tenido la deferencia de considerar que sería por la tarde a la 18:00 el mejor momento para Nu, debido a las clases.
-Perfecto. Lo que me parece increíble es que le hayan respondido tan rápido.
-Se debe a que La Primera Dama se encontrará en la ciudad participando en el programa de Late Night de Jymmy Fallon, y en consecuencia la estación la controlará el Servicio Secreto, como suele ser habitual, como posible alternativa de salida de emergencia.
Por otro lado, seguro que su pequeña ya sabe que el 2 de febrero nuestra anciana Grand Central Station celebra su centenario, lo que lo complica todo.
-Da la sensación que los astros se hayan alineado para poder conseguir un sueño. Y que este sueño pueda servir para algo bueno.
-Ya lo creo, Señora Adams.
- ¿En dónde nos esperarán para entrar a la estación?
-Lo más fácil y seguro será que Nu no transite por pasillos y estancias que puedan suponer un mínimo riesgo de tropiezos, etc.… Me han indicado que lo pertinente será que se encuentren diez minutos antes de la hora señalada en hall del Waldorf Astoria, y de esta manera poder acceder a través del ascensor del vehículo presidencial.
-Veo que han pensado en todo.
-Al fin y al cabo es parte de nuestro trabajo
-Stephen, esto va mucho más allá de su obligación.
-Sabe que no es una obligación, es un auténtico placer. Les llamaré para ver que tal les ha ido, y para que nuestra pequeña investigadora me ilustre con todo lujo de detalles de lo que encuentre en esa estación. Si no le parece desproporcionado por mi parte, Stephen, me gustaría invitarles a comer a usted y su familia, de esta manera Nu le contará todo de primera mano.
-Será sin duda un placer para mi mujer y para mí mismo. Mis dos hijos ya tienen su propia familia. Ya se puede imaginar que es un poco complejo reunirlos a todos.
-Lo comprendo perfectamente. Siendo así, ¿le parece bien el próximo domingo?, para mí sería posible.
-Tengo la comida mensual con mis hijos. Es decir, una vez al mes comemos todos juntos, y resulta que es este domingo.
-Lo haremos de otra manera. Nu le llamará para contarle como ha ido todo, y cuando dispongan de una fecha nos lo dice.
-Me parece muy buena idea.
-Un abrazo muy grande Stephen. Que tenga buen día.
-Igualmente, Señora Adams
-¡Qué tarde se me ha hecho!, y tengo que salir del despacho a la reunión con los servicios sociales del ayuntamiento.
    Por su parte Marcus se encontraba ya en el laboratorio realizando los chequeos rutinarios antes de la calibración que tendría lugar al día siguiente.
-¿Cómo va todo, María?
-Hemos vuelto a repasar los datos de la primera calibración, comparándola con el modelo de emisión de rayos gamma que habíamos desarrollado nosotros. Hay una coincidencia del 99,7%.
-Marcus ¿Has avisado a los de Long Island Power Authority (LIPA)? Ya sabes el pico de consumo que le metemos a la red eléctrica cuando activamos el acelerador lineal.
-Están sobre aviso, Mat. Sólo me han pedido que les demos un margen de unos cuarenta y cinco minutos, por si la hora que han calculado como de menor consumo en la red varía por cualquier motivo. Después de lo Huracán Sandy, aún se están recuperando.
-¡Buen trabajo pareja! Voy a ver al otro mosquetero, les digo un poco más tranquilo.
-Suerte con el scanner de retina. A mí el otro día me dijo que tenía alta la glucosa y que tendría dos hijos y un trabajo bien pagado.
-Mat, mira que te he dicho veces, que no pongas a María en el scanner cuando quieras entrar tú.
-Muy bueno Marcus, se ríe él.
La rutina odiosa de siempre para bajar al aclerador: scanner, ascensor y…
-¡Hola Jake!, debo felicitarte por tu magnífico trabajo.
-¡No me lo puedo creer! Estás reconociendo mi trabajo.
-Te equivocas, Jake, eso siempre lo he hecho, con mayor o menor fortuna. Lo que estoy tratando que comprendas es que no es simplemente un trabajo. Es un magnífico trabajo.
-Marcus, sea lo que sea lo que has desayunado hoy, no lo dejes de tomar. De vez en cuando gusta escuchar esas palabras.
-He tenido tiempo suficiente para reflexionar sobre nuestra desafortunada y última conversación. La realidad es que tenías parte de razón.
-Es algo que te honra, Marcus. No siempre es fácil manifestar un cambio de opinión.
-Bueno, Jake, una vez que hemos abierto nuestros corazones y nos hemos declarado amor eterno, debiéramos centrarnos en todo lo que nos espera mañana.
-Soy consciente de la importancia que tiene la calibración de mañana. La última antes de su lanzamiento.
-Lo dejo en tus manos. Cualquier cosa, sea la hora que sea, llámame.
-No te preocupes, Marcus.
- Por cierto, ¿sabes algo acerca de Doctor Siwon?
-Nada de nada, es como si se hubiese desintegrado. Incluso me he tomado la libertad de llamar al Laurence Libermore Laboratory, por si hubiese vuelto allí.
     - Y, ¿saben algo de él?, pregunto preocupado.
-Por desgracia no.
-Confío en que no le haya pasado nada. No parecía mala persona. Daba la sensación de que todo le había venido impuesto.
-Tal vez eso era el problema. ¿No te parece Jake?
-Probablemente. Era como James Dean en Rebeldes sin Causa.Lo triste, Marcus es que nos podía haber aportado muchísimo.
-Seguramente habrá alguien en su laboratorio que pueda continuar su labor, en mayor o menor medida. Mientras, vamos a demostrar de lo que estamos hechos. Nos vemos a la comida.
-¿Langosta otra vez?
-Mañana; si todo sale bien.
-Puedes pagar la comida hoy. Nada fallará.
-Lo sé, Jake. Pero con un poco de suerte cae una gran nevada y no podemos salir de aquí, je,je...
-Estás desconocido, Marcus. En otra persona diría que el cambio de humor es por un flechazo. Esa cara... ¡No me lo puedo creer, si que estás enamorado!
-¿Qué tal si dejas tu consultorio del Doctor Amor y le das caña al tema?
-Lo que tú digas Marcus. Pero te han cazado.
-Adiós Jake. Hasta la comida.
 Marcus se sentó en su despacho e instintivamente trató de encontrar a través de la visión que le permitía su ventana el Dodge Charger del Doctor Siwon aparcado. Se sentía culpable de alguna manera, ya que al fin y al cabo se había ido debido a las duras palabras de Marcus. ¿Qué sería de ese joven tan prometedor? ¿Se encontraría bien?
     Por su parte el amigo tejano de Alice había realizado la llamada a la CIA advirtiendo que en el Consulado Chino de Chicago estaban reteniendo al Doctor Siwon, miembro fundamental en un proyecto gubernamental de vital importancia para la seguridad nacional. La llamada parecía no haber resultado como esperaba Siwon, ya que Alice no pudo ver entrar en el Consulado a nadie con aspecto occidental en las últimas horas. No quedó más remedio que volver a realizar una nueva llamada desde un teléfono público, esta vez, amenazando con filtrarlo a la prensa. Ante esta amenaza la respuesta desde la CIA fue que estaban en conversaciones con el Gobierno Chino debido a que el Consulado se considera territorio de la República Popular China, de tal manera que no podían entrar a comprobar la veracidad de los hechos. Carl, que así se llamaba el amigo de Alice que residía en Houston, colgó todo lo rápido que le fue posible para que no pudiesen localizar la llamada. Media hora después comenzó el movimiento cerca del Consulado: dos coches con dos individuos cada uno que, curiosamente se sumaron a los que habían intentado detener al Doctor Siwon disfrazado de mujer .Estos últimos no tenían nada que ver con este caso, estaban allí tratando de realizar un seguimiento a un administrativo chino, que aprovechando la cobertura del cuerpo diplomático introducía droga en Estados Unidos. Los agentes del FBI, al ver las dimensiones del bolso de la supuesta mujer china, sospecharon en seguida, tratando de detenerla para registrarla antes de que pisase suelo extranjero.
Desde este último movimiento habían pasado ya casi cuarenta y ocho horas, en las cuales Bryan, como Alice recordaba al Doctor Siwon, no había salido de allí, y los diversos agentes que se encontraban realizando turnos de vigilancia tampoco habían intentado entrar. Supuestamente debido a que la cámara térmica que utilizaban para detectar la radiación infrarroja de cualquier persona que se encontrase en el interior de los vehículos que entraban y salían del Consulado, no había aportado nada. Sería motivo suficiente para detenerlos y registrar dentro del maletero, a pesar de la inmunidad diplomática. Aún así, se seguía a todos los automóviles que salían.
     Alice ya no confiaba en lo que la CIA le había asegurado a su amigo Carl. Parecía más una estrategia para ganar tiempo. Ante esta situación no era una buena idea darse a conocer, ya que pondría en duda la teoría del secuestro: ¿cómo justificaría su relación?; ¿cómo había podido tener constancia del secuestro? Entonces recordó que el Doctor Siwon le había hablado de un laboratorio y de una persona arrogante, que en último término podría hacer algo. Pero con cada nuevo intento fallido por recuperar ese nombre oculto en algún rincón de su memoria veía como Bryan se le escapaba como los granos de arena entre los dedos de la mano.
     Marcus dejó de pensar en el Doctor Siwon y se centró en la montaña de trabajo que tenía delante. Pero su instinto le decía que algo no marchaba bien. Era un sexto sentido heredado de su madre que le solía funcionar bien. En este caso la sensación que tenía era intensa, aunque no concreta. No era capaz de saber cuál era el motivo de su desasosiego.
     -Marcus, ¿dispone de tiempo ahora para que le comente algo?
-Por supuesto, Profesor Rusell. Permítame cinco minutos.
Le espero en mi despacho, dijo después descolgar el teléfono.
¿Qué deseará ahora el Profesor ?Envío este e-mail y voy para allá.
-Buenos días Profesor.
-Buenos días, Marcus. Me ha llamado el Señor Wislow para pedirme permiso para hacerles unas cuantas preguntas a su equipo y a usted acerca del Doctor Siwon.
-No entiendo el motivo. Recuerda que el Señor Wislow nos dijo que trataría de localizarle.
-La cuestión, Marcus, es que quiere tratar de encontrar alguna pista que le pueda conducir a dar con su paradero.
-Me parece francamente extraño que a esos individuos se les escape alguien sin dejar rastro. En mi opinión trata de tantear si alguien sabe el motivo real de su desaparición. Por otro lado, ¿cómo presentaremos al Señor Wislow al resto del equipo? ¿Cómo un agente gubernamental? ¿Cómo alguien del FBI que investiga la desaparición?
-Me parece bien esta última opción. En cualquier caso no quiero que se descentre de lo que nos espera mañana. Simplemente mencióneselo a los chicos.
-Así lo haré Profesor.
-Gracias Marcus.
-Iré a anticipar la visita de Wislow.
Últimamente cada vez que recorro este pasillo siempre es para recibir malas noticias. Nunca me imginé que mi trabajo pudiese derivar en esto. Bueno, a ver qué se me ocurre.
- De verdad Marcus, no es necesario que vengas cada segundo. Está todo ok, dice sin más María al verme aparecer.
- No vengo por eso. ¿Podríamos comer juntos? Os querría comentar algo.
-¿Bueno o malo?
- Ni bueno ni malo, María. Voy a decirle a Jake que nos vemos para comer. Aunque tan sólo queda media hora. Mejor se lo decís vosotros. Debo encargarme de una cosa.
     Marcus se dirigió con paso firme hacia la entrada, abrió la puerta exterior y se quedó un momento observando detenidamente el parking, como buscando algo. Una vez se había convencido de que lo que estaba buscando no se encontraba allí, fue a junto del guarda de seguridad de la garita de la entrada.
-¡Hola Carl! ¿Me podrías ayudar en una pequeña cuestión?
     -Si está dentro de mis posibilidades será un placer.
- Pienso que sí. Simplemente desearía saber si en estos últimos cinco días ha entrado algún vehículo gubernamental.
-Permítame unos segundos. Ya sabe que no le puedo revelar el propietario de los mismos, si fuese el caso. La matrícula obviamente es de dominio público.Ummm… déjeme que compruebe. Hay varios vehículos.
-¿Son habituales?    
- Efectivamente
-¿Y algún otro, que no consideres dentro de los frecuentes aún cuando sea un particular?
     -Uno, ayer
-Uno ayer. ¿Y es de por aquí?
     -No. Discúlpeme, pero comprenderá que no le pueda dar más información.
- Ha sido suficiente Carl.
     Confío en que le haya podido resultar de ayuda.
     -Tal vez sí. Que tenga un buen día, digo volviendo al despacho.
-Marcus ¿vamos a comer? Ya están Mat y Jake conmigo.
- Sí, ya voy María.
- Últimamente te veo muy ausente. Algo te ronda por la cabeza.
- El Doctor Siwon. No puedo olvidarme de él. Estoy preocupado, creo que le ha ocurrido algo.
-¡Hey! Estamos de suerte. Hay Brownie de postre.
- Jake, a veces me sorprende con que poco os conformáis los hombres.
     -Puede que tengas razón, pero te puedo asegurar que la clave de la felicidad reside en las pequeñas cosas de cada día.
     -Os pediría que cojáis la comida que os apetezca de este " magnífico" bufet. Necesito tiempo para anticiparos una noticia.
     -¡Cuánto secretismo Marcus! Vamos a la cola antes de que se acabe lo bueno, si es que encontramos algo.
     Una vez todos llenaron sus bandejas, tras la inevitable espera a lo largo de las variantes que ofrecía el menú, se sentaron todos expectantes de aquello que Marcus les tenía que comentar.
     Ahora que estamos todos os debo anticipar que en breve recibiremos la visita de alguien del FBI
-¿Del FBI?
¿Por qué te asustas Jake? ¿Hay algo que debiera saber?    
- En absoluto, era sólo una pregunta.
- ¿Estás seguro?, insisto.
- ¡Ya te he dicho que sí!
- Entonces, ¿a qué viene tu nerviosismo? Te diré, por si te ayuda en algo, que están aquí por la desaparición del Doctor Siwon. La idea es que a lo mejor recordáis algún detalle por pequeño que sea que pueda resultar de ayuda.
-Me temo que el hecho de que alguien se vaya voluntariamente de un sitio, no se puede considerar una desaparición.
- Efectivamente, María. Por desgracia, desde aquel día nadie sabe nada de él: padres, amigos, compañeros de trabajo...
     -Si es así, debemos colaborar, aunque yo he sido la que menos relación he tenido con él.
-¿Alguien lo sustituirá?
- No te precipites Mat, ahora lo primero es encontrarlo, le respondo sorprendido por la pregunta. Jake, ¿te has quedado mudo?
-¿Por qué no me dejas en paz? ¡Ya vuelves a lo de siempre! Marcus, te ha durado muy poco tu cambio de humor.
     -Te equivocas. Creo que cualquiera de nosotros te echaríamos una mano, si lo necesitas.
- Muchas gracias, no me hace falta, masculla Jake.
     -Cada vez es mejor la comida aquí. ¿No os parece?, interrumpe María para evitar que la discusión continúe.
     -Si que es cierto. Aunque lo que es seguro es que hay categorías: a Marcus le han puesto más Brownie, concreta Mat.
- Ya sabes; prebendas de los jefes, proclamo aún dolido por las palabras de Jake.
     -Si la única que te figura por contrato es un poco más de postre… casi mejor me quedo siendo un currito más.
-Viéndolo así, Mat, no cabe duda que algo he hecho mal.  Os tengo que dejar chicos.
Marcus abandonó el laboratorio justo después de la comida para recoger al Doctor Akira Abbe en el aeropuerto y cenar con él. Al mismo tiempo Nu recibía la gran noticia de su visita a la misteriosa estación dentro de dos días.
Cuando Jess vio a su hija lo primero que hizo fue abrazarla como queriendo que todos estos momentos mágicos no se esfumasen con el paso del tiempo. La tenía entre sus brazos, en ese espacio de protección dod
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