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Su opinión Patrocinadores Normas de Malaka.es Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca•5 usuarios en línea • Martes 2 de Junio de 2020
Puertas al campo
Eduardo Saez Maldonado. 23.01.17 
La conocida expresión “ponerle puertas al campo” hace referencia metafórica a algo que es imposible evitar, imparable. La sabiduría popular entiende que el campo es tan grande, y las ciudades tan pequeñas en la inmensidad de la naturaleza, que es imposible acotarlo. O más bien era. Publicaba un buen amigo el otro día en las redes sociales la foto adjunta con el siguiente comentario  ”… la decepción no ha podido ser mayor, la carretera se ha convertido en una vía de la que es imposible salir porque la propiedad privada y este cartel, el más extendido en todos esos kilómetros, te avisa de que le han puesto puertas al campo….”. La reflexión de mi amigo tiene dos vertientes sobre las que merece la pena pararse a pensar: propiedad y uso de las zonas rurales (léase “campo”) y ocupación del territorio. Veamos.

Desconozco si es que se ha incrementado la superficie privada o es que los propietarios han decidido acotar el acceso a las mismas, quizás para evitar robos de cosechas, caza furtiva etc. Me temo que es esto último porque todos conocemos fincas por las que se podía transitar libremente hace años, a pesar de ser privadas, pues los dueños no tenían nada que temer de los caminantes que recorrían los campos con el ánimo de disfrutar de la naturaleza. Esta libertad de paso permitía también a la fauna mantener los flujos genéticos naturales y necesarios para mantener la biodiversidad. Quizás el llamativo auge de la caza en los últimos lustros ha tenido que ver con la proliferación de las desagradables vallas que,  aunque permiten el paso de la fauna menor, impiden el mismo a la considerada “caza Mayor” así como a nosotros. Así, cuando circulamos por las carreteras comarcales (y no digamos ya las autovías) tenemos la angustiosa sensación de estar prisioneros de las ciudades y las vías que las comunican. Sin embargo no iba yo a hablar de la propiedad privada en sí, tema muy controvertido, particularmente desde Marx en adelante. Quizás en otro momento en que me encuentre con más ánimo. No. Yo quería reflexionar sobre uno de los problemas fundamentales de nuestro mundo: la creciente superpoblación humana, que unida al creciente nivel de vida (ligado a la ¿creciente? disponibilidad energética) nos lleva a un consumo suicida de recursos: energía, minerales, agua, superficie urbana, superficie cultivable… La ocupación del territorio es, pues cada vez mayor, llegando a niveles preocupantes.
Leía yo el otro día un trabajo que analizaba esta circunstancia (1) “…la mitad de la superficie europea no urbanizada se encuentra a menos de 1,5 kilómetros de alguna carretera o vía férrea, y casi el 100 % a menos de 10 kilómetros…”. Es decir, que en la mayor parte de Europa, si te pones a caminar en línea recta te topas con una carretera o vía de tren en no más de 10 km. El dato es desolador. Hemos ocupado el territorio de forma tan intensa que ya apenas quedan zonas naturales fragmentadas e inconexas lo que, desde el punto de vista de la conservación de la naturaleza y la preservación de la biodiversidad, nos anuncia un futuro descorazonador.
Un ejemplo claro lo leíamos hace poco: cinco linces muertos por atropello en una semana (2). Quedan menos de 500 linces (y ya tiro alto) en el mundo. La administración pública tiene en marcha un ambicioso proyecto de cría en cautividad del lince que está dando muy buenos resultados; pero las causas de extinción de este gran gato tienen que ver con la disminución de áreas naturales donde vivir. Mientras no solucionemos este problema (de cada vez más difícil solución) no salvaremos al lince por mucho que lo reproduzcamos en cautividad. El avance en la protección razonable de territorio interconectado que permita los flujos genéticos es ya urgente. No basta con proteger cuatro sitios representativos a modo de islas como se ha venido haciendo hasta ahora: la protección del territorio debe abordarse de forma global y decidida. Porque el lince no es más que una especie de las consideradas emblemáticas. Como el águila imperial o el oso pardo, especies muy representativas que nos llaman la atención sobre lo que está ocurriendo de forma más callada: el declive generalizado de la biodiversidad.
Pero claro, ¿a quién le importa la biodiversidad? Es más: ¿para qué sirve la biodiversidad?
Resulta que hay una especie de anfibio, la salamandra, cuyo límite de distribución más oriental en el sur de la península es la Sierra de Mijas, en el término municipal de Alhaurín de la Torre. Al este de Jarapalos no esperamos encontrar más salamandras. Y es que es una de las zonas más orientales del sur de Andalucía con suficiente humedad como para que viva este llamativo anfibio. Y ¿qué mas nos da que se extingan las salamandras? se preguntarán no pocas personas. Pue bien: se publicaba el otro día que el prestigioso investigador español Dr. Izpisúa está obteniendo interesantísimos avances en el estudio de la longevidad  “…hay animales, como determinados peces o como la salamandra, que son capaces de regenerar sus extremidades. Estamos estudiando cómo lo hacen, cuáles son las células y los genes implicados en este proceso…”. Por tanto, y más allá de consideraciones morales sobre nuestro derecho a provocar la extinción de especies, si se hubieran extinguido ya las salamandras, no dispondríamos de tan adecuado modelo base de investigación.
El problema es que mientras no cambiemos el paradigma (el chip, se dice ahora) de crecimiento perpetuo (imposible físicamente, por lo demás) seguiremos consumiendo más y más recursos, incluido el territorio, hasta el colapso definitivo de la biodiversidad. Entre otras cosas. Y esto, más allá de que nos resulte desagradable no poder caminar libremente por los campos (que nos resulta), puede llegar a ser un gravísimo problema determinante en nuestro futuro.
No se si seremos capaces de parar esto a tiempo, aunque me temo que no.
 
(1)    http://www.efefuturo.com/noticia/fauna-amenazada-expansion-infraestructuras-humanas 
(2)    http://www.rtve.es/noticias/20170117/cinco-linces-mueren-menos-semana-tres-ellos-atropellados/1474880.shtml

Eduardo Sáez Maldonado
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