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Cualquier tiempo pasado puede haber sido peor.
Jacinto Martinez Anton. 14.08.17 
En el consciente colectivo de todos los españoles hay momentos de nuestra historia que de forma general rechazamos todos, desde la Inquisición hasta la guerra civil y la dictadura franquista consiguiente. Así que cualquier tiempo pasado puede haber sido peor, y de hecho en opinión de la mayoría lo ha sido.
Para eso está nuestra historia de la que todos, sin que nadie tenga la capacidad de excluirse, somos herederos. La historia, nuestra historia, nos dice cómo hemos sido y cuáles son nuestras tendencias como pueblo. Conocerla y reconocerla nos ayudará a progresar. Ignorarla, distorsionarla o intentar excluirse de ella, nos llevará a repetir errores que posteriormente volveríamos a lamentar.
Hay quien piensa que dentro de esas situaciones deplorables de nuestra historia, había cuestiones que eran mejor gestionadas. Pongo por ejemplo la seguridad, sobre la que personas que han vivido las dos situaciones, dictadura franquista y democracia, expresan su sensación de que en el franquismo había mucha más seguridad. Probablemente esas personas puedan estar en cierto aspecto en lo cierto, pero esto era así, a mi juicio, dentro de dos parámetros, uno la falta de libertad, el otro el grado de cumplimiento de las leyes.
El grado de cumplimiento de las leyes, se ha ligado interesadamente, a la represión de la época; y aunque algo de eso hay, esto no puede transferirse ni instrumentarse en la democracia para justificar el complejo para aplicar la ley, sobre todo porque después de más de 40 años de democracia, las leyes que nos rigen en la actualidad distan significativamente de las que regían en el franquismo.

La Democracia como sistema, no debe ni tiene que abdicar de aplicar ( cumplir y hacer cumplir) las leyes con eficacia, contundencia y sobre todo sin complejos. Para ello, todos los que componemos nuestra democracia, sin ninguna excepción, sin ninguna instrumentalización partidaria, deberíamos tener la consciencia colectiva de que esa es una cuestión básica indiscutible. En caso contrario, estaremos abocados a un tipo de convivencia cada vez más caótico e injusto. La Democracia tiene el derecho y el deber de cumplir y hacer cumplir las leyes con todas las consecuencias, para que nadie tenga la tentación de comparar con tiempos pasados que nadie, estoy seguro, quisiera repetir.

Este planteamiento tampoco justifica el que a generaciones, a las que su nacimiento les aleja muy mucho de la guerra civil, se les siga arengando con “que viene el lobo”, porque afortunadamente nuestra sociedad, la sociedad que nos hemos dado hace ya muchos años que alejó a ese lobo. Por tanto, es tiempo ya de pasar de una vez esa página de nuestra historia, por supuesto sin olvidarla, pero también sin manipularla ni instrumentalizarla. La Historia es la que es, y se basa en hechos objetivos que no se van a alterar por mucho que cada uno haga su interpretación de los mismos.

Para separarme un poco del tema anterior, mucho más dado a la polémica por su carga emotiva, y la transmisión de esta emotividad en el seno de las familias hasta generaciones que como apuntaba antes ven cada vez con más extrañeza esas historias. Para separarme de este tema, decía, podríamos plantear, recogiendo la opinión de quienes así lo piensan, que la gestión del agua, ese bien natural cada vez más escaso, fue mejor durante el franquismo que durante la democracia. Y puede que no les falte razón, pero esto puede tener al menos dos explicaciones; por un lado el clima, la situación de sequía ha variado a lo largo del tiempo, sin que haya podido influir en ello el sistema que nos gobierne; y por otro lado por entender la democracia como un sistema de disgregar territorios, sin asegurar la solidaridad entre los mismos como base incuestionable de nuestra sociedad. Este último punto ha hecho que las discrepancias entre Comunidades, haya hecho que se obstaculicen y se impidan planes globales que asegure un bien común, gratuito y natural como es el agua, y que como tal bien común debe ser asegurado de forma equitativa a todos los ciudadanos.

En definitiva, aunque cualquier tiempo pasado puede haber sido peor, y de hecho en muchas ocasiones lo ha sido, hemos de ser capaces de extraer lo bueno y desdeñar lo malo de cualquier situación de nuestra historia, sin que etiquetas interesadas e impuestas nos impidan mirar al futuro con la intención de mejorar continuamente nuestro sistema de convivencia. Porque el devenir de la historia de un pueblo, es como el transcurrir de un río, que sin dejar de ser el mismo río, lleva aguas diferentes a su paso por un punto, en diferentes momentos.
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