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Su opinión Patrocinadores Normas de Malaka.es Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca•1 usuario en línea • Sábado 16 de Diciembre de 2017
Las soberanías
Jose Maria Barrionuevo Gil. 02.12.17 
Cuando al personal político les da el volunto de “comernos el tarro”, parece ser que su avidez consiste en no dejarnos ni las zurrapas. En estos días de tantísimas dependencias se nos habla de muchísimas independencias, o mejor dicho: de una independencia que se repite, por activa y por pasiva, pero infinidad de veces. Tantas reiteraciones, tantas idas y venidas, y todos los golpes van al mismo sitio, es decir, a los oídos de las maltrechas audiencias, que no de las “escuchantías”, porque ya nos cansa demasiado auscultar tantos ruidos que hasta nos enferman.
“Pasadme el mando, que no lo puedo soportar más”, nos dicen en casa cada vez que se nos habla en los medios del mismísimo tema de la independencia. Y todo porque queremos todos ser independientes, al menos, de tanta monserga.
Claro, lo mismo lo hemos entendido mal y de lo que nos  quieren hablar es solo de soberanías. Ahí ya estamos en mejores condiciones para el entendimiento, porque desde las soberanías podemos acercarnos a las demás soberanías y podemos ponernos a dialogar, hasta de las independencias.
En verdad, hay muchas clases y hasta formas de independencias, porque en el fondo todas y todos queremos ser independientes, al menos de algo, porque son las cosas más vulgares las que, a veces, nos atan. Sin ir más lejos, el club Barcelona tiene dependencia del sponsor  de Qatar y el club Madrid, de Flay Emirates. Los padrinos son los padrinos y tienen que figurar en los papeles, aunque estos sean de telas más o menos tejidas, y, así siempre,  por manos demasiado dependientes, rayanas, con demasiada poca independencia, en la esclavitud del tercer mundo. Con este paradigma, nos podemos situar no ya en una escala de valores, pues es difícil percibirla, sino en una escala de dependencias más que de soberanías, que, eso sí, pueden invalidar muchos otros valores.
    Ahora que todos estamos interesados en recuperar soberanías, nos choca el tema de las independencias. Por ejemplo, se habla de soberanía alimentaria, proponiendo alimentarnos de aquellos productos que tenemos más a mano, y que no tienen que pegarse un viaje casi interminable para caer rendidos ante nuestros ojos. Es más, la soberana cercanía y la autoridad del boca a boca nos ahorraría los esfuerzos de la publicidad, porque apenas necesitan carta de presentación, y además pueden ir multiplicando el trabajo de producción y no tanto el de representación y comercialización.
    El problema se nos ha disparado casi suicidamente, porque las grandes empresas, que se consideran más independientes y que fácticamente lo son, cogen las de Villadiego y “ahora te sientas y llora”. Podemos decir que la independencia sin la soberanía está bastante tullida y ahora vienen, tarde por supuesto, todos los facilones diagnósticos y todas las envenenadas terapias.
    Parece ser que se han leído demasiados libros de política y de economía, y los resultados nos descubren que con las falsas promesas nos caen encima apostasías políticas y herejías económicas. Además, es de notar cómo hemos ido cayendo en la dependencia de todo aquello que nos dicen, nos cuentan y nos prometen, y todo ha sido porque hemos abandonado la soberanía, que podíamos llamar patria, de la lectura de los clásicos. La tecnología nos ha hecho abandonar en el olvido a nuestros mejores maestros de nuestra soberana literatura.
    Pocos son los que han leído la palabras de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita (1283?–1350?):
“Hace mucho el dinero...comprarás Paraíso, ganarás la salvación...de verdad hace mentiras; de mentiras hace verdades...a los pobres les dicen que no son ilustrados... por dinero otorgan los perdones...”. Tampoco son muchos los que han echado una ojeada al poema “Poderoso caballero es don dinero” de Francisco de Quevedo (1580–1645), con su profético verso “Y es en Génova enterrado” así como estos otros: “Y quebranta cualquier fuero...Y ablanda al juez más severo...Y hace propio al forastero”. Estos dos autores, tan nuestros, también dieron con sus soberanos cuerpos en el trullo, y no sabemos por qué 155 de aquel entonces.
    La superindependencia de las empresas que se van de Cataluña nos pueden ablandar y refrescar la memoria, ya que la democracia no ha conseguido ser  soberana ni aquí ni en Europa.
josemª
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