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Su opinión Patrocinadores Normas de Malaka.es Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca•4 usuarios en línea • Sábado 16 de Diciembre de 2017

Relato de alguna nostalgia…
El viajerito, o el sentir de un “pre viejo” que quisiera otra vez ser niño

Cuentos y relatos globales. 03.12.17 
El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta. Pablo Neruda
Escribe, Walter E. Pimienta Jiménez.- Los niños todo lo piensan, las armas, los asesinatos, la guerra, las violaciones, los abusos, el maltrato, el abandono, la indiferencia… uno cree que no; pero sí… todo lo piensan: la droga del barrio, el miedo a los adultos los arrasa…viven una tristeza diaria… Yo son un adulto, un “pre viejo” que a veces se siente niño y entonces, en este mundo duro de ahora, extraño a mi abuelo…era mi compañía… me cuidaba…Y desde que se fue me siento solo, añoro su albergue, sus cuentos, sus misterios, su trabajo diario incansable; pero ya no lo tengo. Él sabía de la guerra pero no me contaba para que siguiese siendo feliz… nunca me golpeó, ni me insultó; no peleaba ni con sus vacas rebeldes de ordeño; le era indiferente la lluvia y se bañaba con ella haciendo sus oficios… como que nunca le daba gripa como a mí; por eso duro 102 años . Mi abuelo era un libro sin editar y sin representante legal…Siempre tuvo una definición infantil a mis preguntas… ¿Qué es una cometa, abuelo?... Me miraba y me decía: “Un pájaro de papel”…¿Por qué los hombres no vuelan?... “Porque nacieron sin alas y son de la tierra”….
En ese imaginario me crie, abordando un mundo que no era como este… Preguntando inquietudes. Vivía con los cinco sentidos: todo olía, todo tenía sabor… me urgía encontrar respuestas y mi abuelo nunca me dio la espalda… “Mijo, el tigre engorda en octubre porque las vacas quedan atolladas en el barro y él sin esfuerzo las caza y se las come”… Me dejaba manosear las cosas… uno aprende una cantidad de cosas con las manos… Hoy, si fuera de nuevo niño, extraviado el camino urge encontrarme con él para recobrar la senda y recordarle que después de su muerte, por un descuido de la familia, alguien se robó su sombrero de fieltro y otras muchas cosas…Evoco mi niñez y es como si evocara otra vida… Necesito oír su voz limpia diciendo verdades que aprendía del Almanaque de Bristol… Se sabía todas las lluvias de agosto y los veranos de marzo… Y me lo hago en la mesa de comedor, la de mantel de hule, tomando las decisiones del día, contando con los dedos y sacando cuentas…Qué hermosa fue mi vida rural, pertenecía a ella como el mango guidando del árbol…Asistiendo a los corrillos de niños sin distingos de ninguna clase… La idea era que todos debíamos ser felices y que en aquella edad, sin las señales de violencia del mundo de hoy, se dieran las cosas más sencillas del mundo y entendiéramos la situación de que de un huevo salía un pollito; de un gusano, una mariposa; de un grano de maíz, miles de granos… y de que al pueblo viniera un señor llamado Próspero que compraba sapos y uno no sabía para qué…Quizás por estas cosas y otras similares, ahora escribo explicando cómo era mi mundo y sin entender cómo mi abuelo pensaba si no leía libros… pero sabía tanto…y yo aprendía escuchándolo y haciendo cosas con las manos; cometas, carritos de madera, barquitos de papel, cogederas de pájaros, mantear terneros, montar en burro, entendiendo el lenguaje de mi perro Limber. En mi mundo de niño, siempre tuve algo qué hacer, era la mejor manera de sentirme libre, sin rigideces esquemáticas, entendiendo que primero es la flor y después el fruto y llevando mi propio plan para aprender a leer y distinguir las letras unas de otras… la “p” era de papá; la “m” era de mamá; la “c” era de casa; la ch” era de chica…y la “d” es de Dios… Y así crecí, como la vida misma… así me encontré con otros niños en escuelas que de todo carecían; pero donde al calor paternal y maternal de maestros y maestras, surgieron otros caminos que espolearon mi imaginación y así encontrara mis propias respuestas, no las que suponían ellos si no las que yo creía y que me dejaban más satisfechos porque para mí todo era novedad, pensando y sintiendo…imágenes, recuerdos…
Hágame entonces el lector como un niño viajerito que en compañía del camino, busca hoy un mundo más sensible, más humano, multiplicado en la paz y no en la guerra ni el miedo. Llevando mi pequeña maleta llena de sueños a partir de los cuales escribir en la diversión que me da dibujar con las palabras…Con nadie hablo tanto como con las palabras cuando escribo…Ríanse si quieren de mi absurdez, pero hay palabras que lloran, palabras como estas que aquí he escrito y que me han hecho llorar escribiendo esto: Abuelo, como un niño, retomo el camino y vuelvo a ti… espérame…

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