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LAS NAVIDADES
(Religión aparte XLVIII)

Jose Maria Barrionuevo Gil. 16.12.17 
Hace tan solo unos días, un antiguo amigo nuestro nos hablaba no solo de la Navidad, sino de las Navidades, ya que eran muchas las que le habían acompañado en su vida. Todas, a pesar del frío y de los fríos, habían estado aderezadas con alegrías y esperanzas. Las Navidades son unas fiestas y celebraciones que dejan arrinconadas todas las fiestas locales y nacionales, que se constituyeron como un politeísmo histórico cifrado en las Vírgenes y Santos de los “pagos” (aldeas y pueblos) y que por ello fueron consideradas paganas todas las fiestas locales anteriores al Edicto de Milán y que, con el tiempo, fueron sustituidas popularmente por las festividades históricas y locales que conocemos actualmente, sobre todo, en la tierra de María Santísima.
De todas ellas nos recordaba la Navidad del año 1967 (hace ya la friolera, pues también se trata de una fiesta de invierno, de cincuenta años), cuando él dio con sus huesos de maestro interino en una escuela de la Axarquía (que no de la anarquía). En aquella escuela, para empezar las clases, todos los días en vez de rezar, como era costumbre en el paradójico y contradictorio Nacionalcatolicismo de la época, lo hacía cantando una bonita canción que creaba mejor clima que un monótono rezo. La canción rezaba así: “Bendita sea la luz del día y el buen Dios que nos la envía. Bendito sea el Sol y el buen Dios que lo encendió. Benditos sean el pájaro y la flor y el buen Dios que los hizo con amor. Bendito sea y alabado el Dios bueno que a todos nos ha creado”.

Como su clase contaba con cuatro pizarras, desde aquellas Navidades, dedicó una pizarra a la liturgia de las principales efemérides religiosas del año. Así iba pintando la pizarra con tizas de colores con los siguientes motivos: Navidad, San José, Semana Santa, Resurrección y el mes de la Virgen María, mayo. Fue una Navidad muy cortita de celebraciones, y muy larga de frío, como solían ser las de antes. Muchos días la sierra Tejeda estaba blanca y en las calles el agua se helaba. El frío era un vecino pesado de aquellos días que no te permitía ni abrir la boca en plena calle.
Sin embargo, hoy ya las Navidades ya no son lo que eran todas aquellas Navidades que en el mundo han sido. Incluso “Las Tres Navidades” de Mr. Scrooge, según nos relata Charles Dickens, hoy día, se han transmutado. El avariento capitalista ha reconvertido las Navidades y ya no las odia, sino que las ha apadrinado muy ricamente. Hoy hasta la mismísima calle Larios parece una verbena, aunque se vista con la seda, perdón, con las luces de una gran basílica luciendo cristaleras ojivales con sus cruces camufladas de tréboles de cuatro hojas para disimular, porque lo importante es el comercio. Los iluminados árboles de la Alameda parecen declarar su malestar con sus torcidos troncos, pero aguantan todos los abrazos del montaje ferial en sus cansadas ramas, no sea que venga el “honorable” Pujol a darles un meneo y haga más clara la noche de este país, despejando tantas sombras como nos cubren y que no nos dejan ver ninguna clase de Paraíso por el momento. Además las luces realzan en la noche las ristras de banderas nacionales que penden de los balcones, para que en un ritual de la confusión puedan hacer patria con las Navidades. La luminaria nos hace poder ver cómo se iluminan los defectos de las fachadas, los lastres del tiempo y el olvido de los misterios.

Ahora se ve, mejor que nunca, que la religión debe quedar e ir aparte, algo así como por dentro, para no infectarse y pecar de tanta barbarie del despilfarro que, para más “inri”, deja a los olvidados en las cunetas, apartándolos de tantas alegrías sucedáneas y que, marcando estilo con su gran austeridad omnipotente, mueve a los borregos al seguidismo, pero desactiva a los pastores, enfría hasta los hornos de los autónomos panaderos, deja sin luz a las viudas, sin casas a algunas familias, sin ahorros a los abuelos, sin agua a las lavanderas, sin estrella a los Magos y hasta sin pancarta a los ángeles por aquello de la ley mordaza. Podemos decir que “se armó el Belén”.
Ya las Navidades se han reconvertido en una postverdad, porque se ha pulverizado la Navidad en las Navidades; así, en plural, como quedaron a su tiempo los intereses, los valores, los amores, las paces, las bellezas, las amistades... que han venido a ser algo muy concreto y hasta material, cuando en singular tenían significados totalmente abstractos y hasta dignos y excelentes.

Ahora las Navidades también son contantes y sonantes, pero parecen más contantes que sonantes.

josemª


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