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Su opinión Patrocinadores Normas de Malaka.es Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca• usuarios en línea • Lunes 23 de Septiembre de 2019
Un domingo en el parque
Pedro Biedma. 02.06.18 
Un día más, Paco, un señor de unos 60 años, esperaba impaciente, sentado en su banco del parque de las Palomas, la llegada de su joven amigo Fran. Seguro que a las 12:00 ya estaría allí, igual que todos los domingos desde hacía ya cerca de un año, faltaban escasamente cinco minutos.
Se conocieron casualmente un día en el que una repentina lluvia sorprendió a Fran en mitad del parque y sin paraguas, Paco amablemente le ofreció cobijo debajo del suyo. Al principio Fran dudó, se veía demasiado joven para compartir asiento con ese señor, además era muy tímido y no sabría de qué hablar, el anciano lo notó al instante y fue él quien rompió el hielo con un tema muy recorrido en estos casos, el tiempo, comenzaron a dialogar y poco a poco el joven se fue soltando y alargando sus frases. Ese encuentro puntual se convirtió pronto en rutina semanal.

Fran era muy joven, acababa de cumplir 18 años,  le gustaba recibir consejos de una persona sabia y con mucha experiencia en todos los aspectos de la vida, aprendía cosas que no aparecen en los libros. En cierto modo su amistad tenía un alto porcentaje de conveniencia, pero para ser sinceros, hay que decir que sentía mucha ternura, y porqué no decirlo, cariño a ese señor que un día a la semana le proporcionaba una gran dosis de autoestima y fe en sus posibilidades de conseguir cualquier cosa que se propusiera. Además le ayudaba a guardar su profunda  timidez en el cajón de los recuerdos y mantenerlas allí un buen rato.
Paco recibía a cambio un grato momento de compañía y disfrutaba observando la cara absorta de él al oír sus “batallitas” y anécdotas sufridas todos estos años, durante esos momentos
parecía rejuvenecer y trasladarse al pasado, ese pasado ya lejano. Se sentía orgulloso cuándo lo veía regresar camino a su casa, con paso firme, cabeza muy alta y decidido a comerse el mundo tras escuchar sus recomendaciones, al marcharse parecía otra persona distinta a la que llegaba. Por fin apareció el zagal, tras el saludo habitual comenzaron a dialogar sobre los acontecimientos vividos por ambos en el transcurso de la semana. Más tarde debatieron sobre las noticias estrellas generadas esos días, en esta ocasión tocaba una nueva trama de corrupción política, algo de fútbol, etc. Por último solicitaba el consejo sabio de Paco para alguna cuestión personal e importante.
Ese domingo Fran le comentó que el próximo miércoles tenía pensado acudir a una excursión a la Sierra de Gredos, con dos amigos suyos, en el coche de uno de ellos. Al oír esto, se le desencajó la cara, palideció de repente y le suplicó por favor que no fuese y que tratase de impedir por todos los medios que sus compañeros realizaran dicha excursión. Le comentó que el hombre del tiempo había pronosticado lluvias y tormentas torrenciales en esa zona y no era buena idea. Le rogó por activa y por pasiva, que desistiesen,  tenía un mal presentimiento. Sin más y tras despedirse, Fran se fue dubitativo, no tenía claro que decisión tomar, por un lado no había oído nada de esa previsión de lluvias y por otro Paco siempre acertaba con sus consejos, parecía disponer de una bola mágica.
Esa noche el chaval durmió poco, no paró de darle vueltas a la almohada y después de pensar y pensar, decidió hacer caso a la intuición de su sabio consejero, no iba a romper la tradición.
El lunes se lo comunicó a sus camaradas pero estos hicieron caso omiso a sus palabras y hasta se burlaron de él por creer las tonterías del “viejo”, !qué sabrá él, jaja”, “tu te lo pierdes”, “nos llevaremos la barca por sí acaso jaja”,  le respondieron.
Fran volvió a insistir de nuevo el martes, obteniendo respuestas similares. Pasó otra noche inquieto, pensando en sus amigos, no sabía muy bien el motivo pero estaba seguro de que algo iba a ocurrir y él no lo había podido impedir, a pesar de su insistencia.
El miércoles por la tarde se encontraba en su habitación intentando estudiar, aunque no conseguía concentrarse, cuándo recibió la llamada de un compañero de clase, al ver el número supo que no se trataban de buenas noticias, era Luis quien con voz temblorosa le preguntó, ¿te has enterado?”, no respondió Fran, entonces una horrible noticia lo dejó totalmente abatido, se le cayó el móvil al suelo y tuvo que echarse sobre la cama, sus dos mejores amigos desde la infancia, habían fallecido cuando, camino de la Sierra, su coche se salió de la carretera al planear sobre un tremendo charco que la torrencial e inesperada lluvia había formado.
Fran quedó hundido, apenas salió de su habitación durante esos días, su mente repasaba una y otra vez todas las andanzas vividas junto a sus amigos, Pablo y Juan, desde los primeros días de la vieja guardería hasta llegar a esa última imagen en la que ambos se burlaban de él por hacerle caso a los consejos de ese “viejo”, se martirizaba por no haber sido capaz de convencerlos para no realizar ese maldito viaje.
Deseaba que llegara el domingo para poder desahogarse con su colega y ahora salvador Paco y como no, agradecerle de todo corazón su divino consejo, le había librado de una muerte casi segura. Por fin llegó ese día y en esta ocasión se presentó diez minutos antes de las 12, Paco no había aparecido todavía, así que tomó asiento e impaciente esperó y esperó.
Transcurrió cerca de una hora y Paco seguía sin llegar, entonces una temerosa sensación de inquietud se apoderó de él, no podía ni imaginar que algo malo le hubiese sucedido también a Paco, no, eso no podía ocurrir. Pasado unos diez minutos más, se levantó y se dirigió a un banco cercano donde solía sentarse todos los domingos otro caballero mayor, “buenos días”, ¿sabe usted sí Paco vendrá hoy?”, le preguntó. Entonces el señor con cara de interrogación y sin saber muy bien que decir, le respondió “perdona hijo, no se quien es”, “sí, la persona con quien me siento en ese banco todos los domingos, tiene usted que habernos visto seguro”, comentó Fran. El hombre se levantó con gesto de incredulidad y algo asustado, mientras se marchaba a toda prisa le comentó, “hijo en ese banco te observo a ti hablando sólo durante un rato y luego te levantas y te vas”. Fran se quedó totalmente confundido y tras un momento de reflexión pensó que el pobre señor debía de tener sus facultades mentales en malas condiciones.
Eran las 13:20 y desistió de esperar por más tiempo y regresó a su casa bastante preocupado al no haberse presentado Paco, intentó justificar su ausencia con algún problema urgente o un compromiso familiar.
Por la tarde, la tristeza por la pérdida de sus dos amigos, de nuevo se apoderó de él y decidió bajar al desván donde sus padres guardaban todas las fotografías, además de infinidad de trastos antiguos. Sus padres tenían la tradición de adornar la casa con fotografías de los seres queridos, sólo las que decoraban los marcos, era una especie de superstición o algo así, decían siempre.
Una vez en el desván Fran comenzó a abrir cajas y álbumes buscando todas en las que aparecía junto a sus dos apreciados compañeros, hojeando los álbumes más alejados, una foto antigua llamó su atención, lo que vio le dejó sin habla, se tuvo que frotar fuertemente los ojos un par de veces para asegurarse de que era cierto lo que observaba con estupor. Salió corriendo y gritando en busca de su madre que se encontraba en la cocina, tomó asiento y le preguntó tartamudeando “mamá, ¿quienes son los que aparecen en esta foto?, ella respondió “hijo, el de la derecha es papá y el de la izquierda es su padre Paco, tu abuelo, tu eras muy pequeño cuándo el falleció con 60 años en un accidente, su coche se salió de la carretera por los efectos de una lluvia torrencial”.
¿Pura casualidad ?, la realidad es que Paco nunca más volvió a ser visto en el parque

Dedicado a todos aquellos que creen que alguien los cuida aunque no puedan verle
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