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Día  escolar  de  la  no  violencia  y  la  paz  (22)
Jose Maria Barrionuevo Gil. 07.07.18 
Aunque el ciclo de las estaciones del año se está desajustando cada vez más, no nos importa mucho, por ahora, seguir atentos a la Madre Naturaleza, que con más o menos acierto nos muestra los campos en primavera con su renovación anual. Para nuestras experiencias, así como para nuestras alergias, nos visita cada año y nos brinda el verdor nuevo y los coloridos que lo acompañan.
Hace casi treinta años, nos contó un compañero que, cuando llegaba la primavera, una tarde a la semana salía con su clase de Tercer Nivel de EGB a visitar a “Nuestros amigos los árboles”. Todas las salidas tenían el objetivo de acercarse a los árboles que vivían cerca del Colegio y examinarlos colectivamente para ir construyendo una información que después serviría para rellenar un folio con un texto colectivo que se elaboraba desde la experiencia. Si las niñas y los niños no habían reparado, en esa “excursión”, en algunos  detalles que fueran interesantes o fundamentales, el maestro hacía preguntas, que no venían prefabricadas ni constituían tampoco un examen “tipo test”, como se suele llevar en estos tiempos, ahora que se están evitando tanto las preguntas de desarrollo como el mismísimo desarrollo mental. Las preguntas del maestro completaban la investigación sobre el terreno, ayudando a los chavales en cuestiones en las que no habían caído, cuando se dedicaban al examen colectivo del objeto de su estudio.
De vueltas al Colegio, el maestro iba desarrollando un texto colectivo con las aportaciones de todos y al final se copiaba de la pizarra en un folio y luego cada uno y cada una realizaba el dibujo del árbol que se había estudiado. Terminado el trabajo con el texto y la ilustración del árbol estudiado, los dos folios se guardaban en una “carpeta” de cartulina, en A-2, en la que figuraba el titular de “EXPERIENCIAS”.
    Siempre todos, incluido el maestro, recordarían el aspecto que presentaba aquel pino que tenía forma de horquilla o de “Y”, el empaque que poseía aquel viejo y solitario acebuche de tronco retorcido,   la elegancia de aquellos altos cipreses colocados en fila, la asombrosa sombra de los platanales orientales de abundantes hojas, la espectacular floración rojiza o rosa pálido de los pompones  de las albizias o acacias de Constantinopla, la majestuosidad de los frondosos ficus, la elegancia y sencillez de los naranjos  que se repartían en algunas aceras, la sencillez de la joven  higuera que estaba junto al antiguo Parque de Bomberos, la señorial copa de aquellos algarrobos, la acogedora presencia de aquella mimosa que ya nos mostraba sus amarillas flores...
    Nuestro compañero nunca olvidará la tarde en que visitaron a “nuestra amiga la mimosa”,  cuando estaban observando y estudiando las características de este precioso árbol. En un momento del trabajo de observación colectiva y de investigación, el maestro preguntó a todos qué nombre se le podría poner al árbol, ya que se mostraba con ese aspecto tan precioso que caía desde lo alto alrededor del tronco. Todos empezaron a proponer nombres. Cuando el maestro insistió en qué impresión les  producía la forma tan especial de aquel árbol, una niña dijo que ella le pondría el nombre de “cariñosa”. No le dio tiempo al maestro a decir nada más, porque unas cuantas niñas empezaron a aplaudir y luego todos terminaron con sus palmadas al reconocer ese nombre tan acertado. El maestro les dijo que era el nombre que más se acercaba al verdadero, pues el nombre de aquel árbol era nada más y nada menos que “mimosa”.
    Nada tienen que ver estas escenas de clase al aire libre con esas láminas que reorganizan los  conocimientos que directamente podríamos sacar de la Naturaleza misma, pues más de una vez nos hemos llevado sorpresas con las ilustraciones de los libros. Siempre recordaremos que en una lámina que ilustraba la lectura del “olmo alto”, para reforzar la lectura de las sílabas  indirectas “al, el, il, ol, ul”, en que se mostraba un árbol muy alto, pero que parecía más el dibujo de un álamo, que es alto y largo, más bien que el de un olmo que sabemos que tiene una copa muy redondeada.
    Las experiencias siempre nos pueden sacar de dudas y nos pueden ayudar a mejorar nuestras actitudes, porque estamos aquí para hacernos más humanos con una convivencia cada día más pacífica y menos prejuiciosa. (Continuará).
josemª        
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