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Transcón sindical
Jose Maria Barrionuevo Gil. 18.11.18 
Van ya para unos añitos y todavía no nos hemos enterado de algunas cuestiones. La transición sindical estuvo desde el principio atada y bien atada al tentetieso del sindicalismo vertical. Sin violencia paternal, pero sí con injusticia patrimonial, se iban consiguiendo, por así decirlo, ciertas prebendas, por un lado, y se dejaban cometer ciertos desmanes, por otro. El tema estaba en que era difícil caminar, pero había que hacerlo. Dificultades no faltaron, gente buena y entregada estaban al pie de las circunstancias, que no siempre fueron caminos de rosas para nadie al principio. Con todo el encanto que nos podían proporcionar las cuotas de libertad, se fueron construyendo alternativas al sindicato vertical, aunque la legislación no nos gustara a todos ni nos reconociera unos mínimos que podrían suponer un respiro con las elecciones sindicales, aunque no hubiera aire suficiente. Entre otras muchas cosas para las elecciones políticas con el 3% se consigue representatividad, mientras que en las sindicales la cota de reconocimiento está en el 5%. El ambiente en este sentido también estaba enrarecido. Sin embargo paso a paso y caminando juntos se consiguieron cosas, aunque no nos convencían a todos, ya que entre bambalinas las acotaciones y los cotos abrían las manos del poder poderoso a algunas organizaciones sindicales. Con todo había que empezar a andar y actuar de la mejor manera posible sin que nos causara mucho desaliento. Dificultades siempre las tendremos, pero nunca se pueden alimentar ante el guarda de seguridad. A pesar de todo se empezaba a caminar.
Podemos recordar que a finales del año 1976, se montó una huelga del profesorado que tuvo una respuesta ejemplar. Recordamos que cuando nos presentamos en un colegio de Archidona, teníamos a la Guardia Civil por allí para que fuéramos haciendo boca y no precisamente para hablar mucho. Como todos los maestros estaban en los colegios, pero sin niños, se acordó tener una reunión. La verdad es que no todo el mundo estaba de acuerdo, pero pudimos intercambiar opiniones. Alguien nos comunicó que el Alcalde había hecho un comentario más o menos indicando que los maestros que se pusieran de huelga “irían al cuartelillo”. Entonces un compañero preguntó si el alcalde tenía permiso del Ministro del Interior. Otro compañero que estaba molesto con la situación de huelga, ya que le era bastante extraña, nos dijo que no había que pensar en el alcalde sino que “las fuerzas vivas” del pueblo  no estaban con la actitud de los enseñantes. Otro compañero le dijo que podían presentarse a la reunión que se abría a esas “fuerzas vivas” y se podía hablar.
    En aquellos días estaba en la mente de todos un sindicalismo fuerte y se reivindicaba, entre otros temas, “un cuerpo único de enseñantes”. El poder también tenía miedo y poco a poco las organizaciones mayoritarias fueron edulcorando el discurso para que el Ministerio no se sintiera incómodo. El verticalismo adquiría una nueva dimensión, que la hacía bastante dulce al poder político, que convertía la horizontalidad en una línea, si no muy quebrada, bastante sinuosa. La reivindicación quedó en la cuneta del conformismo y así nos luce el pelo.
    Para que no se aprovechara en condiciones la horizontalidad de la acción sindical y el poder no se llevara demasiados sobresaltos, nos salió una normativa de elecciones sindicales, ahora sí, según el modelo político, y se desterró la idea de que la elecciones sindicales se hicieran en claustros extraordinarios, lo que supondría no perder horas lectivas, favorecer la participación del profesorado y ahorrar recursos al erario público.
    La desafección generalizada ha ido configurando los índices, cada vez menores, de participación. Y así con un participación del 35%, una marca sindical con el, pongamos,  40% de los votos, se puede convertir en hegemónica, cuando su representatividad real corresponde a a un  14%, que nos hace pensar que es un sindicalismo más vertical del que nos habíamos imaginado.
    Por último se ha favorecido el “funcionariado” sindical con las consabidas liberaciones. La desafección también se resiente con este tema. Recordaremos siempre las palabras de un compañero que iba por los centros diciendo: “Estoy jubilado, no liberado. Si nos votáis en serio, seguro que el poder cambia la normativa de las liberaciones, porque no nos pueden ver ni en pintura”.
    La transición sindical continúa y continuará si no paramos el bucle de alguna manera. Salud.
josemª   
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