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La ONU y el cambio climático: La voz del Planeta
Eduardo Saez Maldonado. 24.09.19 
Es evidente que algunos de los principales problemas a los que nos enfrentamos trascienden las fronteras. El agotamiento de los recursos, el cambio climático, la destrucción de biodiversidad etcétera, son problemas que no pueden ser abordados por cada país de forma independiente. Si al gobierno del Brasil le importa un pimiento la amazonia, esto nos afecta a todos, si USA sigue quemando petróleo de fracking hasta que se acabe nos afecta a todos, si China mantiene el crecimiento económico y demográfico desenfrenado inherente a este absurdo sistema, nos afecta a todos.
Y sí, es vital que cada uno a nuestro nivel (individual, vecinal, municipal, regional y nacional) hagamos lo que sea posible. Pero sin una coordinación supranacional, la acción individual de algunos países puede dar al traste con todo. Es por ello tan importante que esta coordinación exista, y lo más parecido a un gobierno mundial es la ONU que, aunque se le suele hacer poco caso (llevamos 60 años esperando que se cumpla la resolución que obliga a Israel a retirarse de los territorios palestinos ilegalmente ocupados) tendríamos que avanzar en darle cada vez más peso a un organismo de este tipo modificando los procedimientos que sean necesarios (consejo permanente de seguridad, vetos, papel de dictaduras) y cediendo soberanía progresivamente.
El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, acaba de hacer en los actos previos a la cumbre global por el clima que se celebra en Nueva York estos días una esperanzadora reflexión:

 "...los conflictos han existido siempre entre humanos, esta es la primera vez que el conflicto se produce entre las personas y la naturaleza. No hablamos solo de cómo se derriten los polos, sino directamente del sufrimiento de los pueblos..." (1)

Conecta así Guterres los dos grandes conceptos de nuestro tiempo: la justicia social y la justicia ambiental, tan relacionadas, tan interdependientes, tan necesarias, tan urgentes.

No parece probable que estos días se acuerden  las grandes decisiones que necesitamos que se tomen y que sólo pueden tomarse a este nivel. El fin del crecimiento infinito en un planeta finito (en este hecho se resume casi todo) supone un cambio de sistema (de paradigma en realidad) tan descomunal que, me temo, sólo una revolución global podría conseguir. Pero lo tendremos que abordar por las buenas o por las malas, cuando el cambio climático y la escasez de energía nos obliguen.

Esperemos que, al menos, se tomen las decisiones mínimas encaminadas a transformar nuestro demencial sistema de suministro energético en uno sostenible (es decir, adecuar nuestras condiciones de vida a la energía que podamos generar de forma limpia y renovable) y que los gobiernos de todos los países lo trasladen a hechos. Para ello necesitamos que nuestros representantes tomen conciencia de que, más allá de los intereses económicos que gobiernan el mundo, están los intereses socioecológicos de los habitantes de la Tierra. Y de la Tierra misma como ecosistema global.

Cada vez más gente acepta la evidencia de la insostenibilidad del sistema, y no sólo desde el punto de vista ecológico. Leíamos el otro día en una interesante entrevista a Felipe González (nada sospechoso de ser anticapitalista) en El Pais la siguiente (e inquietante) reflexión:

"El gran desafío es saber si el modelo económico financiero que se ha instalado en todo el globo es sostenible —y no le meto carga ideológica alguna—. Yo creo que no. Dicho en términos manchesterianos, el modelo del capitalismo triunfante está destruyéndose a sí mismo por su insostenibilidad. Tengo una perspectiva socialdemócrata y creo que la distribución del ingreso es muy injusta, pero más allá de la discusión sobre la justicia social o mejores oportunidades en la redistribución de la riqueza, un poco más allá del debate ideológico, hay una realidad, y es que la sostenibilidad de este modelo económico va a fracasar. Las sociedades no soportarán una nueva crisis. Ese es el primer elemento de análisis: el modelo no es sostenible desde el punto de vista socioeconómico." (2)

Para conseguir estos ineludibles objetivos mencionados y que pasan por un cambio de sistema debemos unirnos todos. Como países integrados en la ONU a nivel planetario y como defensores de ideologías rojiverdes a nivel nacional. Justo lo contrario de lo que estamos viendo en España con la desintegración de los partidos de este espectro ideológico (3), a los que necesitamos unidos y firmes en la defensa de la revolución pendiente y no haciendo cada uno la guerra por su cuenta para regocijo de los defensores del sistema imperante del que se lucran.

Empecemos por meterles presión a nuestros representantes (que esto es, no lo olvidemos, lo que son los políticos) saliendo a la calle el próximo viernes 27 a hacer oir nuestra voz, la voz del pueblo, la voz del planeta.

(1)    https://elpais.com/elpais/2019/09/21/planeta_futuro/1569090822_826034.html
(2)    https://elpais.com/elpais/2019/09/06/ideas/1567788069_700117.html  
(3)    https://www.elboletin.com/noticia/175935/nacional/la-irrupcion-de-errejon-para-el-10-n-provoca-divisiones-en-equo.html

Eduardo Sáez Maldonado
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