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Sísifo se va de elecciones
Jose Maria Barrionuevo Gil. 02.11.19 
Podemos decir ahora que la gente, que hace unos añitos dejamos el colegio, pensábamos que ya no volveríamos nunca, porque habíamos cubierto una etapa de nuestra vida y de nuestra sabiduría. Los conocimientos que habíamos adquirido nos habían lanzado hacia el futuro por méritos propios sin raras concesiones ni extrañas convalidaciones. Ya éramos personas preparadas, pues habíamos superado la Enseñanza Obligatoria, que nos abría las puertas de la juventud. Con unos añitos más ya conocimos algo de la mitología griega y latina. Para nosotros eran curiosidades que nos abrían la mente a otras maneras de pensar y hasta de creer.
Podemos pensar ahora que entonces no nos venía mal el conocer esas alternativas a la religión dominante, que fue para nosotros todo el cuerpo bíblico, presentado como histórico, aunque tuviera una buena parte de pensamiento mítico también.
Podemos pensar que hoy también proliferan los dioses, aunque sean más cercanos y se hayan encarnado en figuras políticas, que la mayoría de las veces mantienen las distancias y solo se nos acercan para hacernos creer en sus palabras, de tal manera que no veamos la realidad que nos rodea. Solo vienen a pedirnos el voto, pero sus argumentos cortan por lo sano y solo sirven, como mucho, para sostener sus propuestas, aunque no nos aclaren verdaderamente cuáles son sus propósitos.
Podemos pensar que la fortaleza la tienen ellos, porque al parecer han sido ungidos por otros dioses para llevarnos a la tierra de promisión, porque de promesas se trata. Pero después de tantas idas y venidas, de tantas vueltas y revueltas, los mortales no podíamos ni pensar que los colegios, a los que pensábamos no volver, nos iban a convocar, con su camuflaje electoral, tantas veces como lo han hecho recientemente. Este tanto ir y venir, y a veces para no conseguir lo más o menos soñado, nos ha recordado el mito de Sísifo.
Nos cuentan en la mitología griega que hubo un rey de Corinto que era muy astuto y audaz, que se fue de la lengua, y que Zeus le mandó un pesado castigo: subir una pesada piedra a lo alto de un monte; pero, cuando llegaba a lo alto, la piedra se le escapaba y rodaba por la ladera. Sísifo tenía que volver abajo y recoger la piedra y vuelta a empezar.
Podemos, con poco esfuerzo, hacer la cuenta de cuántas veces se nos ha convocado para que nos pasemos por los colegios electorales y poder conseguir con nuestra participación que los poderes políticos se pusieran de acuerdo. Como la reata de votos ya no podía seguir consagrando la alternancia en el poder, los acuerdos se vieron extrañados y no llegaron, porque no nos hicieron caso a los españolitos de a pie. Podemos pensar que el defenestrado y redimido Sánchez se saltó el protocolo del mandato popular y firmó con Rivera, pero la culpa era de Iglesias. Tiempo después, el “no es no” a la derecha, que dignos diputados del PSOE mantuvieron, le sirvió a Sánchez para hacer mutis y que el partido no le pusiera una multa por no seguir la consigna de abstenerse ante el gran Rajoy. Este verano pasado, solo el tiempo atmosférico ha cambiado más que el acuerdo con el socio prioritario, que era Podemos, al menos para la galería.  
Ahora, el pueblo, al que han convertido y condenado a ser el moderno Sísifo, tiene que coger de nuevo la piedra de sus votos y subirla a los colegios electorales, procurando que a la hora de votar se quede muy patente cuál es la voluntad del pueblo y no se nos escape por la ladera de los inconvenientes y de las conveniencias, el peso tan digno de los votos del pueblo.
El votar no es una condena, sino que se nos convierte en una condena, tan cansina como hemos padecido, si no sabemos cómo funciona la ley electoral; si, como estamos viendo, no nos ponemos a cambiar a nuestros representantes por otros que estén dispuestos a desvelarse por la gente y no por los poderes fácticos que les asisten desde instancias muy poderosas y que son los que quieren dormir tranquilos y a costa del empobrecimiento y la fastidiosa vigilia de los demás.
Sin ir más lejos, hemos podido leer que “los mandamases dicen que la gente no ahorra, porque no sabe la pensión que les va a quedar”. Nosotros podemos considerar que “ellos despilfarran a toda pastilla, porque saben muy bien las pensiones que ya tienen aseguradas”. Tendremos que votar muchos más que nunca para que no nos acaben de desheredar ni reducir derechos, porque de lo contrario Sisifo tendrá que esperar cuatro años para poder subir una piedra y más pesada todavía.
josemª    
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