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El coronavirus chino: un ensayo general de colapso civilizatorio
Eduardo Saez Maldonado. 16.03.20 
"He visto cosas que vosotros no creeríais...  naves ardiendo más allá de Orión".

No hablamos de otra cosa, los contagios, las mascarillas, la tasa de mortalidad, los lavados de manos, las suspensiones de actividades multitudinarias (¡¡incluso de partidos de fútbol, algo que no imaginábamos que pudiera ocurrir!!) y las no tan multitudinarias. Y ahora el confinamiento total. Restricción de libertades fundamentales... Y tenemos motivos de preocupación: no sabemos bien el alcance que esta epidemia puede llegar a tener. Pero hay un aspecto colateral interesante en el que me quería yo detener, y es que nos obliga a un descenso brusco en la actividad económica: la temida recesión (el decrecimiento económico): el tabú, lo innombrable. Y esto va a resultar ser un forzado ensayo general del colapso al que, si no lo remediamos, nos tendremos que enfrentar más pronto que tarde. Veamos.
Enumero a continuación algunos hechos objetivos sobre los que no cabe discusión:
1.- El sistema capitalista basa sus fundamentos en el crecimiento perpetuo que necesita para no desmoronarse.
2.- El crecimiento requiere de un continuo y creciente aporte al sistema de materias primas, algunas de las cuales son renovables pero otras no.
3.- Si no cambiamos de sistema, las materias primas renovables (agua) llegarán a ser sobreexplotadas y empezarán pues a escasear. Las no renovables (petróleo) escasearán también sea cual sea la manera de explotarlas.

Estas afirmaciones, ya digo, no son discutibles. Sí lo es, sin embargo, lo cerca que estamos de una situación así aunque cada vez más personas, no pocas de ellas con conocimiento de causa, defienden que estamos ya entrando en la zona de peligro y que el sistema se acabará desmoronando si no se ve sometido a un cambio muy importante en sus fundamentos socioeconómicos. La superpoblación del planeta y la voraz (e irresponsable) forma de consumir los recursos está alcanzando ya los máximos de producción de bastantes de los recursos no renovables (petróleo) y sobrepasando de largo la tasa natural de renovación de los renovables (agua) por lo que el colapso civilizatorio (aderezado con un calentamiento global ya iniciado) es, no ya posible, sino probable en un plazo no muy largo de tiempo.

El colapso de una sociedad supone que haya crisis económicas, encarecimiento de la energía, oscilaciones bruscas de precios, cierres  masivos de empresas, escasez de bienes, recesión, descontento social, revueltas.... ya está pasando, como sabemos, incluso en países que, como Chile, representan la bandera del neoliberalismo capitalista.

Y en este contexto de pre-crisis global, aparece un modesto virus (la más simple expresión de un organismo vivo) y genera una situación de caos dentro de nuestra "invulnerable" burbuja de imparable desarrollo tecnológico que nos recuerda que somos entes biológicos integrados en un ecosistema delimitado por las dimensiones y "recursos" existentes en el planeta Tierra. Nos recuerda, pues, que esto es Gaia. Que la inteligencia artificial, la realidad virtual, y el 5G están muy bien si el coronavirus lo permite. Que somos organismos vivos, sujetos a las mismas leyes biológicas ("somos física y química" decía Severo Ochoa) que el resto. Que quizás somos todopoderosos, pero no somos invulnerables. Y es que esta situación de caos podría asimilarse perfectamente a un ensayo general (temporal, esperamos) de colapso. Porque casi todos los sectores económicos se ven afectados por la retracción (paralización en muchos casos) obligada en la actividad económica. Y en un país como España, donde el sector turístico es tan importante, la caída puede ser brutal: agencias de viajes, hoteles, restaurantes, centros de ocio, aerolíneas, trenes, taxis... El gobierno ha anunciado medidas extraordinarias de ayuda a PYMES (pues no todo el mundo tiene unos ahorrillos para aguantar unos meses sin ingresos) hasta que pase el chaparrón. Complicada situación.

Pero todo esto que ahora se nos viene encima de golpe, y que llevará a la ruina a muchas empresas y al paro (en forma de ERTEs) a miles de trabajadores, es más que probable que pase otra vez en un futuro no muy lejano en el que la escasez de energía y materias primas en general, la sobreexplotación de recursos renovables, la extinción masiva de especies y el caos ecológico global (incluyendo el climático que ya ha comenzado) sean un hecho tangible. Entonces, los actuales ERTEs se convertirán en EREs.

Y este colapso civilizatorio del que cada vez estamos más cerca se puede afrontar de dos maneras:
1.- No haciendo nada hasta que el sistema se venga abajo y nos encontremos con una situación de crisis como la actual provocada por el virus pero sin esperanza de recuperación (hipótesis Mad Max, digamos).
2.- Tomando conciencia de la situación y haciendo una transición lo más rápida posible hacia un sistema económico que no se base en la competitividad extrema y la aniquilación de todo lo que nos salga al paso con tal de mantener el crecimiento económico eterno (por lo demás imposible), sino que busque un equilibrio demográfico, económico, social y ecológico global (hipótesis Gaia).

Esta crisis provocada por el virus nos puede ser muy útil para recuperar algo de sosiego y relaciones humanas, para dejar de correr como locos hacia no sabemos muy bien dónde, para recapacitar sobre qué tipo de inhumana, ultracompetitiva y despiadada sociedad hemos ido creando. Y también nos debería servir, en la misma línea, para hacernos una idea de cómo de resistentes somos a un decrecimiento económico más o menos brusco. Así quizás, tomemos conciencia de una vez de nuestra vulnerabilidad, de nuestra esencia biológica, de nuestra pertenencia a la Naturaleza, al ecosistema global de la Tierra y empecemos a tomar medidas como una transición tranquila, mediante un decrecimiento pausado, hacia una situación de estabilidad global que nos permita, con la energía que las fuentes renovables nos proporcionen, mantener un nivel de vida sustentado en la  JUSTICIA (social y ambiental) y la SOSTENIBILIDAD. Esto, claro, no es trivial: supone "repensar" las normas que este inhumano sistema capitalista nos obliga a acatar.

La cita que encabeza este escrito pertenece a la desgarradora reflexión del replicante Roy, (al final de la película "Blade Runner", de Ridley Scott) cuando, viendo inminente el final, toma conciencia de su vulnerabilidad, de su "humanidad":
"Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir."

Esta crisis global del coronavirus es una magnífica oportunidad para que la humanidad tome conciencia de su vulnerabilidad y de su suicida deriva. Roy era un replicante y estaba programado para morir joven. No tenía alternativa. Nosotros, como sociedad, tenemos la oportunidad de cambiar de rumbo para sobrevivir. Aprovechemos esta oportunidad. Mad Max no es, desde luego, la alternativa más deseable.


Eduardo Sáez Maldonado
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