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Su opinión Patrocinadores Normas de Malaka.es Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca•13 usuarios en línea • Lunes 1 de Junio de 2020

El dinosaurio

Eduardo Saez Maldonado. 06.04.20 

"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí". Augusto Monterroso

El Gobierno está cometiendo errores, sin duda. En una situación como esta no es fácil tomar siempre las decisiones correctas a pesar de que hay que estar permanentemente tomándolas. Y son decisiones muy relevantes que, sin duda, determinarán nuestro futuro. Nos enfrentamos a una situación que no hemos vivido ninguno de nosotros y debemos ser respetuosos con los que tienen la responsabilidad de tomar estas decisiones en una situación de enorme presión. Lógicamente deberemos tomar nota de todo lo que está pasando para analizarlo después pues esta crisis es una magnífica oportunidad para recapacitar de forma global y no cabe duda, además, de que la oposición política entrará "a saco" criticando todas y cada una de las decisiones del gobierno mientras que los partidos de gobierno defenderán vehementemente todas y cada una de las decisiones tomadas. En este sentido no es esperable otra cosa, por desgracia, pero hay algunos aspectos curiosos que me han llamado la atención y de los que creo que  convendría ir tomando nota.

Por ejemplo, el líder de la oposición, Sr. Casado, ha criticado duramente que el Gobierno obligue a las empresas declaradas "no esenciales" a seguir pagando a sus trabajadores a pesar del cierre provisional decretado y afirma que debería ser el Estado, y no los empresarios, el que se hiciera cargo de estos sueldos (1). Puede que no le falte razón al Sr. Casado, especialmente pensando en pequeños empresarios con poca capacidad de maniobra, pero es que la ideología política a la que representa preconiza precisamente que deben bajarse impuestos para que el dinero esté en manos de los emprendedores "que son los que crean riqueza" y no del Estado que es visto por el neoliberalismo como un parásito (2). Es decir, somos intervencionistas para las duras pero liberales para las maduras.

Y es que una de las cosas más importantes que estamos aprendiendo, hasta los liberales más redomados como el ex ministro de economía Luis de Guindos (3), es que el Estado debe ser fuerte para poder garantizar derechos básicos de los ciudadanos en situaciones en las que, como la presente, el sagrado sistema de libre mercado debe quedar interrumpido porque, obviamente, no contempla reaccionar ante situaciones tan extraordinarias, tan globales, tan demoledoras y tan poco rentables como una pandemia de alcance planetario.  El capitalismo funciona bien (para los capitalistas claro, para los otros no tanto) siempre que no se den situaciones catastróficas. Entonces las empresas, que "privatizan" sus ganancias y evitan pagar impuestos, exigen al estado que "socialice" sus pérdidas aduciendo que las circunstancias son extraordinarias.

Y lo peor es que las vacas flacas no han hecho más que empezar, porque una vez superada esta epidemia y nos despertemos de este extraño sueño con una brutal crisis económica encima, nos empezaremos a dar cuenta de que (como en el genial cuento de Monterroso que encabeza este escrito) el dinosaurio está todavía aquí. El cambio climático y el incremento de frecuencia e intensidad de fenómenos extremos, la crisis de biodiversidad con la extinción masiva de especies, el agotamiento de recursos con la crisis energética y el decrecimiento económico consecuente; en definitiva una crisis ecológica demográfica y social que está a la vuelta de la esquina y que no podemos abordar desde un sistema capitalista que basa en el crecimiento infinito regido por el egoísmo (el máximo beneficio económico) su único criterio de funcionamiento.

Y ¿de qué forma abordamos esta nueva situación? Hace pocas fechas reflexionaba yo sobre el ensayo general de colapso civilizatorio que nos está suponiendo esta situación de confinamiento forzoso (4). Pero  la experiencia de la pandemia vírica también nos da algunas ideas para irlas pensando ya que hemos podido constatar que:

1.- La existencia de un estado robusto es la única forma de afrontar situaciones extremas y asegurar el bienestar general de la población en tiempos en los que el libre mercado "no vale". Debe ser el estado el que controle y garantice sectores clave, y no sólo los obvios de seguridad, sanidad y  educación, sino también estratégicos como la energía o la agricultura evitando las grandes concentraciones de producción energética o agrícola en unas pocas manos privadas y promoviendo la producción de cercanía en aras de una mayor soberanía que nos garantice cierta autonomía.

2.- El ámbito global de los problemas venideros nos obligará a simultanear esta proximidad con una adecuada coordinación de decisiones de alcance planetario. No vale que cada país recuente infectados como le de la gana, decida abordar el problema confinando a la población o promoviendo la movilidad, acapare mascarillas en detrimento de otros países que puedan necesitarlas más. Los problemas globales son globales y así deben ser abordados. Ni los virus, ni las crisis climáticas ni las energéticas, ni todo lo que se nos viene encima entienden de fronteras.

Pero también hemos podido comprobar que nuestra sociedad está necesitada de un cambio de normas que eleven a otro nivel aspectos como las emociones, las relaciones personales y los sentimientos que están ninguneados por un sistema hipercompetitivo que basa en el éxito económico sus normas de funcionamiento. Todos nos emocionamos con las muestras de entrega y abnegación de nuestro personal sanitario, cuerpos de seguridad etc. No se mueven por dinero, asumen su responsabilidad y se sacrifican en beneficio del bien común. Algo que el sistema capitalista ni contempla ni comprende, pero que está ahí, forma parte de nuestra naturaleza social, de nuestra esencia como primates y que, de alguna manera, añoramos en nuestra forma de vida.

El problema es, pues, el sistema capitalista que debe ser superado de una vez por todas para pasar a un nuevo orden mundial coordinado globalmente (una especie de ONU que funcione de verdad) pero desarrollado localmente para adecuar nuestro consumo energético a la disponibilidad de las energías renovables: esto es, decrecer hasta alcanzar una situación ecológica, energética y demográficamente sostenible extendida a toda la humanidad con criterios de justicia social y ambiental. Es decir: persiguiendo el bienestar y la felicidad de la población en su entorno natural del que, como estamos viendo, no podemos escapar aunque queramos. Esto supone una revolución de tal magnitud que sólo una situación catastrófica (y esta epidemia nos empieza a hacer pensar en lo que sería una situación de ese tipo) hará que se tome en consideración.

Lógicamente, los que defendemos revoluciones de este tipo somos considerados peligrosos antisistema. O mejor dicho, no somos considerados en absoluto. La otra opción, claro, es tratar de recuperar lo que teníamos antes de la epidemia chocando con la crisis brutal en la que ya estamos (y de la que probablemente no nos podamos recuperar) y esperar a que otra crisis sanitaria, o energética, o ecológica, o demográfica, o climática, o todas a la vez colapsen definitivamente nuestra civilización con dramáticas e imprevisibles consecuencias.

Porque, nos guste o no, el dinosaurio todavía está aquí, y ha venido para quedarse.

 

(1) https://www.elespanol.com/espana/politica/20200330/pp-decreto-paraliza-actividad-productiva-no-modifica/478702786_0.html

(2) https://cincodias.elpais.com/cincodias/2019/10/29/economia/1572352254_102346.html

(3) https://elpais.com/economia/2020-03-23/luis-de-guindos-defiende-una-renta-minima-de-emergencia.html   

(4)http://www.alhaurin.com/noticias_ampliar.php?id=78048 HYPERLINK "http://www.alhaurin.com/noticias_ampliar.php?id=78048&comesfrom=Eduardo%20Saez%20Maldonado.php "& HYPERLINK "http://www.alhaurin.com/noticias_ampliar.php?id=78048&comesfrom=Eduardo%20Saez%20Maldonado.php"comesfrom=Eduardo%20Saez%20Maldonado.php
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