Visite nuestro patrocinador Tu diario. Libertad de expresion
Su opinión Patrocinadores Normas de Malaka.es Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca•1 usuario en línea • Martes 22 de Septiembre de 2020
El peligroso extremismo conservador
Eduardo Saez Maldonado. 25.05.20 
"Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros"  Artículo primero de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948
A raíz de las pintorescas manifestaciones que estamos viendo estos días protagonizadas por ciudadanos de derechas contra el gobierno, hemos leído en la prensa y en las redes gruesas críticas por parte de la izquierda hacia las mismas. Los partidos de "centro", sin embargo, tienden a recordar, al hacer su ineludible crítica, que la extrema izquierda también comete sus tropelías en un sospechoso escorzo siguiendo esa tradición tan arraigada del "y tú más". El argumento viene a concluir que los extremismos son peligrosos por definición y no hay nada tan sensato como un centrista moderado, ya cojee hacia la derecha o hacia la izquierda. Es la superioridad moral que antes se solía atribuir a la izquierda pero que ahora tienden a atribuirse los centristas con cierto aire de suficiencia. Sin embargo, las reaccionarias posiciones "centradas" se me antojan, si bien menos revolucionarias, desde luego no menos extremistas que las extremistas. Veamos.
Algunos somos muy críticos con el sistema vigente y somos tachados, supongo, de extremistas y antisistemas. Un sistema, el capitalista, que se basa en una norma fundamental: la ausencia de regulación, y en una serie de peligrosas asunciones que más adelante comentaremos. Las únicas normas a seguir son las leyes generales de las legislaciones habituales (no matarás, no robarás...) pero por lo demás, si tú eres capaz de generar dinero con cualquier actividad, por muy perversa que sea (invertir en fondos especulativos que gestionan venta de armas a países del tercer mundo en guerras de oscuros orígenes, por ejemplo), estás dentro del sistema. El capitalismo, por tanto, para poder seguir esta norma fundamental de no regulación debe ignorar (y de hecho suele hacerlo) cualquier aspecto que no sea cuantificable en forma de beneficio económico en la cuenta de resultados de las empresas. El famoso PIB. Y esto tiene dos vertientes indeseables.

1.- La primera es la vertiente (digamos ) "humanista".

Parémonos a leer con detenimiento el artículo primero de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que encabeza este escrito pues nos da dos claves fundamentales:

A).- "Todos los hombres nacen libres e iguales". Magnífica afirmación. Pero falsa. No tienen las mismas posibilidades de prosperar en nuestra sociedad, con las normas del sistema capitalista del sálvese quien pueda imperantes, el hijo de un jornalero andaluz que el hijo de la duquesa de Alba. Es como si participáramos en una carrera de 100 metros lisos pero algunos salen 10 metros por delante del resto, otros 20....y otros 90. Mal empezamos.

B).- "...deben comportarse fraternalmente los unos con los otros."  Magnífica afirmación, pero falsa. El sistema imperante promueve activamente la competitividad, que ha devenido con el tiempo en hipercompetitividad y en exaltación del triunfador sin importar a cuántos "competidores" ha tenido que pisotear por el camino. Se habla con grandes palabras de solidaridad y se inculcan en las escuelas valores de respeto al prójimo y ayuda al que lo necesita en clara sintonía con la tradición moral judeocristiana de la que hemos bebido; sin embargo, los mensajes que nos llegan a través de los medios de comunicación, y de la experiencia vital real es que más vale que te dejes de tonterías buenistas y te dediques a ganar (el segundo no cuenta) cueste lo que cueste sin mirar atrás. Se premia (con éxito y ascensos en las empresas)  la actitud agresiva, inflexible, impersonal y exenta de los valores aprendidos en la escuela. Si tienes que competir en un mundo implacable y te preocupas de tus compañeros, intentas ayudar a los demás etcétera, serás adelantado (o incluso pisoteado) por otros que no tienen tantos escrúpulos y  aprovechan todo su tiempo y energías en medrar y prosperar sin tener en cuenta criterios morales más allá de lo que dictan estrictamente las leyes. Y si me las puedo saltar sin que me pillen, mejor. De hecho, la frase, "de bueno es tonto", no nos resulta extraña pues la bondad tiene una clara desventaja competitiva en este mundo.

Es decir, que en esta sociedad hay dos premisas importantes. Nacer adecuadamente con ventajas y tener pocos escrúpulos morales para prosperar. Normas, cuantas menos mejor.

2.- La segunda vertiente indeseable de los fundamentos capitalistas es la (digamos) ecologista.

Y es que el capitalismo se basa, además, en unas premisas que considera dogmáticas. El crecimiento debe ser perpetuo (es la base que sustenta el sistema que ahora, por causa de la crisis que lo ha detenido, vemos tambalearse) y los recursos en los que se sustenta la actividad (y el crecimiento) económicos son infinitos. Ambas asunciones son objetivamente falsas en tanto que físicamente imposibles pero, a efectos prácticos, nos hemos podido comportar como si fueran posibles durante toda la historia del capitalismo hasta que hemos llegado a un grado de alteración y ocupación del Planeta Tierra tal, que ya empezamos a percibir su obvia imposibilidad física (agotamiento y encarecimiento de recursos, alteraciones climáticas...). Todo esto se ha producido dentro de las normas del capitalismo ortodoxo que fomenta el extractivismo de recursos finitos (y la sobreexplotación de los renovables) para beneficio de los pocos que, por el devenir de las (pocas) leyes del sistema, tienen el derecho de lucrarse con ellos aunque su agotamiento (sobreexplotación) y el impacto ambiental (contaminación etc.) que deje a su paso nos afecte a todos.

Pues bien, este sistema socioeconómico que tiende por un lado al suicidio por agotamiento de recursos, alteraciones climáticas, exterminio de la biodiversidad, etcétera, y que tiende por otro lado a incrementar las desigualdades sociales produciendo una acumulación de riqueza en unos cuantos poderosos, a mí no me gusta y creo que deberíamos intentar cambiarlo. Debo ser, por tanto, un peligroso antisistema. La alternativa es ignorar las evidencias y seguir viviendo más o menos como siempre sin cambiar mucho las cosas de manera que todo siga más o menos igual. Y esto es, precisamente lo que defienden las posiciones políticas centristas, moderadas, bienpensantes y educadas que tienden a criticar con cierto aire de suficiencia a aquéllos que, desde posiciones mucho más revolucionarias (¿extremistas?)  luchamos para que las cosas que entendemos injustas en la sociedad cambien.

Sin embargo, ¿cómo podemos calificar a una ideología conservadora, conformista con esta sucesión infinita de injusticias sociales y ambientales y, por lo tanto, cómplice de las mismas? ¿Cómo definimos una ideología que, siendo consciente de la (cada vez más obvia e inminente) deriva suicida de nuestra sociedad se mantiene reaccionaria a cualquier cambio importante en las reglas de juego que pueda, siquiera, amortiguar los efectos?

Extremismo no, claro porque ya tenemos registrado el nombre  los que nos ubicamos en la izquierda ecologista.

"¿Qué sabrán estos perroflautas antisistema?"

Eduardo Sáez Maldonado
Esta noticia ha recibido 729 visitas       Enviar esta noticia




<-Volver
Artículos de opinión y colaboraciones:
Animamos a los malagueños a expresar sus opiniones en este periódico digital.
Malaka.es no se responsabiliza del contenido o datos de dichas colaboraciones. Todo escrito debe traer necesariamente, incluso si quien escribe es un colectivo: Nombre, apellidos y un teléfono de contacto del autor.

Envíe su artículo o carta a:
redaccion@malaka.es


malaka.es
Periódico Independiente
Málaga

Depósito Legal:
MA - 1.023 - 2000

Andalucía Comunidad Cultural S.L.
Servidor de Internet

Director: Alejandro Ortega
Delegado: Federico Ortega

952 410 658
678 813 376
contador
visitas desde nov. 1998