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Su opinión Patrocinadores Normas de Malaka.es Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca•16 usuarios en línea • Lunes 13 de Julio de 2020
Entonces… ¿cambiamos de modelo o no?
Eduardo Saez Maldonado. 22.06.20 
La pandemia provocada por el virus SARS Cov 2 ha supuesto un vuelco total a nivel planetario en la economía, en la sociedad, en las costumbres... en todo. El origen de la infección parece claro: un salto de un virus de una especie animal a la especie humana. La causa también: hemos forzado demasiado las condiciones ambientales iniciando una extinción masiva de especies (disminución de la biodiversidad) mezclada con unas prácticas comerciales en condiciones insalubres (dejando aparte los aspectos de maltrato animal, que por otra parte no son nada irrelevantes) que han propiciado que alguna de las constantes mutaciones espontáneas que los virus experimentan les haya permitido pasar a nuestra "todopoderosa" especie. Esto nos pone frente a frente con nuestra vulnerabilidad biológica (que ya olvidábamos a base de tecnología) pero también nos muestra que la disminución sustancial de la actividad humana permite a la naturaleza recuperarse de forma sorprendente. Todos hemos visto infinidad de videos de animales más o menos silvestres que empezaban a "reconquistar" territorios y hemos sabido que los niveles de contaminación han disminuido apreciablemente aunque, por desgracia, la inercia climática que nos está llevando a un calentamiento global es ya irreversible y sólo podemos aspirar a mitigarla.
Pero también se han oído voces desde foros muy distintos que abogaban por replantearnos nuestra manera de vivir y nuestro sistema económico-social modificando nuestras costumbres (ahora que ya nos hemos visto obligados a empezar a hacerlo y sabemos que es posible) con el objetivo de implantar una forma de vida más sostenible desde un punto de vista ecológico, energético y hasta demográfico que, además, nos permita vivir más felices. Hemos experimentado la empatía con los servidores públicos (sanitarios, policía, bomberos... vendedores de alimentos) que han arriesgado su salud (su vida) por mantener los mínimos necesarios para que la sociedad funcione y nos hemos sentido cercanos a los habitantes de los balcones de enfrente, a quienes no conocíamos. Hemos sentido nuestra vulnerabilidad, no ya sólo biológica, sino social en tanto que dependemos de suministros básicos que provienen frecuentemente de lejanos países y hemos empezado a pensar en lo que ocurriría si se cortara el suministro de productos fabricados en China, del gas natural de Argelia o del petróleo de Oriente Medio.

Es este el momento, sin duda, de replantearnos el futuro. De reflexionar sobre si queremos seguir viviendo en la alocada carrera (egoísta, depredadora, implacable) en la que ya vivíamos y que nos llevaba hacia no sabemos muy bien dónde (aunque cada vez tenemos más claro que es hacia el colapso general del sistema) o preferimos pararnos a pensar un poco, aunque no esté de moda. Sin embargo, las decisiones que se toman a nivel político (más allá de alguna timidísima iniciativa en el campo de la llamada "transición energética") están todas encaminadas a recuperar la normalidad "prepandémica" lo antes posible asumiendo incluso el riesgo de un rebrote virulento. En cambios relevantes no parece que estemos pensando mucho.

Y no es sólo a nivel de gobierno nacional o autonómico (del europeo ni hablamos) que son los que tienen, lógicamente, más que decir, sino a nivel local donde también hay iniciativas que se pueden ir aplicando. Propongo, a modo de reflexión, un ejemplo local de Alhaurín de la Torre, donde el grupo municipal de Adelante (conformado por una coalición de IU, Podemos e independientes de perfil ecologista) ha propuesto en el pleno de este mes de Junio una moción encaminada a dinamizar el sector agrario y la trasformación secundaria de la producción local. El objetivo era promover la actividad agrícola y ganadera sostenibles y la producción de derivados de esta actividad y su comercialización a nivel local con el objeto de promover los circuitos cortos de producción/consumo con lo que esto supone en el ahorro energético y de contaminación, dinamización social local y soberanía alimentaria.

Pues bien, el partido que ostenta la mayoría absoluta en este ayuntamiento (PP), ha tumbado la moción aduciendo excusas de mal pagador y mostrando abiertamente su decidida apuesta por la construcción incrementando la edificabilidad del municipio y promoviendo una "ciudad aeroportuaria" para terminar de hormigonar las últimas zonas fértiles de la vega del Guadalhorce. No tiene este equipo de gobierno la más mínima intención de cambiar nada en su política habitual, ni la epidemia vírica les ha hecho replantearse nada.

Y no son muy distintas, por lo que parece, las iniciativas que se están tomando a nivel regional o nacional. Seguimos pues con el ladrillo y el turismo como únicas (y volátiles, como estamos viendo) actividades en el horizonte sin ánimo de cambiar nada. No aprendemos, y si conseguimos salir (sin rebrotes) de esta brutal crisis económica que aún no ha llegado del todo (lo veremos cuando acaben los ERTEs...), nos esperan la climática y la energética (las dos a la vez probablemente) mientras nosotros seguimos aferrados a nuestro sagrado (es ya casi una religión) crecimiento económico infinito hasta el colapso total.

Cambiar el rumbo de una sociedad basada en el beneficio económico a costa de la felicidad de la gente y de su futuro hacia una sociedad humana y respetuosa con nuestro entorno es ya, no sólo aconsejable, sino obligatorio si no queremos vernos abocados al desastre. Estamos, pues,  ante una oportunidad histórica, no ya en nuestras vidas, sino de toda una civilización.

No deberíamos perderla.

Eduardo Sáez Máldonado
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