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Su opinión Patrocinadores Normas de Malaka.es Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca•2 usuarios en línea • Lunes 3 de Agosto de 2020
Los cometas y nosotros
Jose Maria Barrionuevo Gil. 01.08.20 
Llevamos unos días, aunque no tengamos claro si nos volveremos a confinar, que como agua de mayo, el cometa nos ha prestado la oportunidad de alzar la vista. Podemos elevar la mirada con mascarillas o sin mascarillas, pues todo depende del lugar donde nos encontremos y de la compañía que podamos tener, para rastrear los cielos y buscar por dónde se encuentra este ilustre visitante. Se trata de una visita que nos contagia la búsqueda del saber y también la consideración de que no estamos tan solos como siempre habíamos podido pensar, ¿o sí? Sin embargo, tenemos que hacer ingentes esfuerzos para descubrir su presencia, porque nuestra vista es limitada y, además, la contaminación lumínica nos deja ciegos con tantas luces y neones que, a veces, solo nos permite contemplar nuestro ombligo.
Los cometas no son tan "errantes" como lo somos nosotros algunas veces. Vienen y van, pero no se van tanto de calle como solemos hacer nosotros. Sabemos que sus luces son prestadas y, a la vez, más sencillas, pero más sorprendentes que las nuestras. Sus aproximaciones y visitas son más prudentes que las nuestras y eso que no entienden de pandemias ni saben de sus peligros, a pesar de la fama que, muchas veces, les hemos dado. De siempre, que sepamos, han sabido mantener las distancias y seguir sus rutas sin molestarnos mucho.
Desde el pasado 23 de marzo nos visita el cometa Neowise y el pasado 23 de julio ha conseguido aproximarse lo más posible a la Tierra, a una distancia de 103 millones de kilómetros. Por esta razón no necesita llevar mascarilla. Con la que nos está cayendo, hace bien en guardar las distancias, aunque parezca que es más exagerado que nosotros, los andaluces. Este cometa, viendo el panorama que tenemos aquí, no volverá a visitarnos hasta dentro de 6.766 años, para ver si hemos conseguido ponernos de acuerdo en algunos asuntos importantes, que todavía tenemos pendientes.
El cometa más popular de todos los tiempos es el Halley, descubierto en 1682 y que nos visita cada 76 años. Tampoco es un visitante muy pesado y su presencia parece que es más agradable. La última vez que se pasó por nuestro vecindario, nos cogió a muchos vivitos y coleando (como los cometas). Tuvimos la suerte, en medio de nuestras sabias curiosidades, de podernos poner de acuerdo con un profesor de Instituto, que se prestó para que aprendiéramos a localizarlo. Una noche nos llevó a un sitio que no estaba muy iluminado, la punta de un morro de Puerto Marina. Como los cometas no se andan con muchas prisas, a nuestro modo de ver, lo pudimos contemplar perfectamente y añadir miles de comentarios. Halley se nos mostraba majestuoso. Después de aquella noche, ya teníamos los parámetros controlados para poder seguir disfrutando de su presencia, cada noche en la que no tuviéramos mucha tarea. Tuvimos la suerte de que desde las ventanas de nuestra casa podíamos contemplarlo perfectamente, mirando hacia el SE y no a mucha altura. Una de las noches se nos ocurrió la posibilidad de verlo a alguna hora desde nuestro dormitorio y allí se asomaba, respetándonos un horario. Es más, como su elevación no era ni mucha ni poca, lo podíamos contemplar incluso desde nuestra almohada, durante un rato cada noche.
Hablamos con nuestro padre, que siempre nos había hecho referencias a muchas cosas del firmamento, porque él conservaba un libro de Cosmografía elemental, que había sido un libro de texto para una asignatura del programa de estudios de sus años mozos. Le dijimos que no había problemas en que pudiera ver a Halley tranquilamente desde nuestra almohada. De buen grado, accedió a nuestro ofrecimiento, pues no le faltaban ganas de verlo, ya que en 1910, la anterior visita del cometa, él no había nacido. Disfrutó de lo lindo durante unas cuantas noches.
Podemos pensar que la mala fama que los humanos les hemos dado a los cometas no es más que una excusa más de tirar pelotas fuera y echarle la culpa a los demás. Nos parece que no es verdad que, cuando nos visita un cometa, nos acompañan las desgracias. Por ello, podríamos ir pensando que, como tenemos el vicio de buscarnos desgracias, hambrunas y guerras, las visitas de los cometas nos cogen siempre "de faena". A la vista está, a simple vista está, sin prismáticos, que el cambio climático ya lo tenemos encima; pero, si no lo queremos ver, puede pasar que tampoco estemos en condiciones de poder ver al cometa Halley en su próxima visita, de aquí a 42 años, cuando se acerque para ver cómo estamos resolviendo nuestros problemas o si ya los problemas se nos habrán convertido totalmente en insolubles, porque no hemos sabido solucionarlos a tiempo.
josemª
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