Visite nuestro patrocinador Tu diario. Libertad de expresion
Su opinión Patrocinadores Normas de Malaka.es Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca•4 usuarios en línea • Domingo 17 de Enero de 2021
-Molino de papel-
“Comadre, un café”
Cuentos y relatos globales. 10.01.21 
Es por  nuestra  lengua y  no  tanto por  nuestros defectos que  somos más  castigados
Escribe; Walter Pimienta.- A la  fastidiosa,  inoportuna, cansona, aburrida, insoportable y larga visita sólo le  faltaba pedir hamaca. Es una de  esas visitas que sentando  con comodidad papal sus astrales nalgas en un taburete recostado a  la pared,  sin cansarse y  habiendo ya hablado de todo el  mundo durante  más de media  hora, de  buena gana, tomando aire para  la retórica,  continúa en forma insidiosa repartiendo tramojazos contra  el alcalde de Candelaria, el  juez, el  cura, los  maestros, los  policías, la  mujer de  José y  su  vecina; contra  los miembros  de  la acción  comunal, las integrantes de  la Congregación Hijas  de María, los concejales, los  políticos, los  viciosos jugadores de dominó y  buchácara, la hila de Pello, las mujeres de la  vida, la  penosa  enfermedad de  Juaco y  el  sufrimiento de su  suegra,  dándoles sin  misericordia donde  más  les duele y  sin dejar de criticar de  paso y  sin escarmiento de lengua a cuanto cristiano se le  atraviesa.

Provoca  por demás esta “encantadora y  dulce  visita” no  brindarle siquiera un vaso  de agua y, por el  contrario, la misma despierta en uno un inaguantable deseo de levantarle a palos para  que se vaya cuando  ya  la escoba de pajita,  golpeada tres  veces con un  trapo y  puesta hacia  arriba detrás de  la  puerta de  la sala,  contra  ella no  surte efectos y,  entonces, sin renunciar a lo  que cree tener  derecho,  con la parsimonia de quien  realiza una eucaristía en latín, en presencia de quien sea,  raya un fosforo, enciende  un  cigarrillo, lo estrecha  en sus  labios, lo aspira profundo,  bota  humo, carraspea un poco, se desabotona los  primeros botones de la  camisa, suspira hondo, se quita el  sombrero,  con este se abanica para espantar el  calor y, arrogante,  con vos  de mando y  como si estuviera en  su casa, dice:
-Comadre,  un  café.
De  quien  así  hablo  es de  Cipriano de Jesús Bustamante y  Argote, de los Argote de  Cartagena,  como él se hace llamar.  Persona esta que  a la  hora de ir a visitar a otra en  su  casa hace  del  social acto  algo insufrible,  incómodo, enfadoso y  pesado por  su  verborrea longitudinal, abundante  y tendida sin  parangón en  cuatro leguas y  media a  la redonda…Y  quien en  esta  oportunidad padece los rigores inapetecibles de esta  indeseable cortesía es doña Juana María Mercado viuda de Rodríguez, mujer  tacaña, astuta, pícara, embustera, insensible, ruin y  cicatera por  herencia y  naturaleza y  quien después de un callado estupor, a la  voz  antojadiza de  Cipriano pidiéndole café,  para  deshacerse de  tan engorroso incordio, como  contraveneno aprovecha y  dice en  tono  por  demás despectivo:

-¿Café? ¿Compadre,  dijo café? Qué  pena con usted.  NO  tengo ni  una sola papeleta  de café y, aunque  la  tuviera,  tampoco  tengo azúcar ni  panela.

-Una mujer rica como usted, tiene para  comprarse miles de bolsas de café, cientos  de  bultos de azúcar y  cualquier  cantidad de cajas de panela- contestó el  visitante con voz incrédula.

-Rica,  yo,  ¿dice? Hoy  amanecía sin  cinco  centavos en el  bolsillo.  En  este  instante me  pueden matar  por  falta  de dinero…¿Sabe  compadre cuánto vale  hacer un  café? Saque  la  cuenta:  agua, azúcar o  panela;  súmele el  gasto  del  gas, el  del  fosforo  para  prender  la estufa, el  del detergente para  lavar la  olla en  que  lo  hago, la  cuarta de tela que invierte  uno para  hacer  la  bolsa  coladora, el  aro  de alambre de la misma, la aguja  y  el  hilo para  coserla, la  jarra donde se cuela, el  termo  donde se  guarda para que no se enfríe, el pocillo  donde se  brinda y  el  pasaje de ida  y  vuelta a Barranquilla para  comprar todo eso. Sale carísimo, carísimo.

-Usted  habla  como si…-
-Como  si  nada,  compadre. Es  verdad. Las cosas son  así…Y eso que  no  incluí  en las  cuentas los  siguientes otros  supuestos: el gasto del jabón y  el  agua al  bañarme para  salir  a hacer el  viaje, el  gasto de las suelas de mis zapatillas;  tengo mandarme a hacer un vestido  decente para  no  ir  a la  ciudad como  una cualquiera y  no  deje de meter alguna moneda en  la  compra de una gaseosa o un raspao que  me  provoque.  Dele usted un  valor al  café que  me  pide y  fíjese no más por  dónde van  ya las cuentas.  El  valor real  de un  café no se mide por  lo  que  contenga el pocillo donde nos lo  sirven sino por todo lo  que conlleva su  producción. Al  dueño  de la  tierra  le  toca prepararla para  sembrar la  mata, podarla, esperar que  para, esperar que el  grano  madure,  recoger  el fruto, secarlo, tostarlo, molerlo, empacarlo y  venderlo y  eso no  se lo  hacen gratis;  todo eso es pago…Y lo  mismo sucede con el azúcar o  la panela,  hay  que  sembrar  la  caña,  dejarla  crecer,  cortarla,  pasarla  por  el  trapiche,  fundir  la  miel  en el  ingenio y  no  sé qué más…Definitivamente  compadre, un  café,  un  café tiene un  valor  incalculable.  Es  por eso  que  ahora,  por  ejemplo, no  lo  tenemos a mano…Y  faltan  otras cosas…El  agua para  hacerlo  viene de  las nubes,  esta cae  en forma de lluvia,  llena los  ríos y  la  procesa  un  acueducto que  la envía a  las  casas por  unos tubos;  pero…¿Qué ocurre si  no  llueve? Se seca el  río y,  siendo  así, no  hay  agua  para el  café…supongamos que  sí  llueve,  que no  se  seca  el  río, pero  se  daña  el  acueducto,  habría  café porque, le repito, no  hay  agua  para  hacerlo y  demos  por  caso que nada  de lo  anterior ocurre, pero a usted le  cortan el  servicio por  no  pago,  igual…no  habría  café.

Cipriano se acomodó mucho  más en el  taburete, miró con algo de miseria a doña Juana quien, sin darle  chance,  sin apaciguarse e imprimiéndole más fuerza a  su  sermón, enseguida le espetó esta  seguidilla:

-Ahorita que  llegue a su  casa,  compadre, encárguese de ponerle valor económico a  todo lo  que demanda llevarnos un café a la  boca y  entenderá por  qué hasta esta  hora, 10: 30 de la mañana,  hay personas como  como  usted y  como  yo no  nos  hemos tomado siquiera uno.  Lo más  probable es que esas  personas y  nosotros  también, nos  acostemos sin probarlo.  Puede que algunas sí  lo  prueben, ¡pero seguro ignoran todo este  balance que hemos  hecho…!Qué gastadera  de  plata¡ ¡Por Dios¡ ¡Qué  gastadera¡ Mejor es no  seguir porque el  palo no  está  para   café…digo, para  cucharas! Así  que cuando  llegue, saque, saque cuentas, saque cuentas,  confíe y su  idoneidad para las matemáticas y  tírele,  tírele  pluma.

Doña  María Mercado viuda de  Rodríguez, suspendió de pronto su  versión hipotética de todos  los  acontecimientos domésticos que  genera hacer un  café casero. Cipriano de Jesús Bustamante y  Argote, de los Argote  de Cartagena,  como  él se hace  llamar, en actitud típica del  hombre que  ha  sufrido una inesperada  conspiración verbal, luego de haber  escuchado con  detenimiento y  suma atención toda esta  completa disertación de alta  economía familiar,  sin argumentos para  poner en  duda la  verdad,  se  puso de pie y  antes de irse, con voz de  navegante triste  dijo:
-Carajo  comadre. Nunca creí que  un amargo café    pudiera valer  tanto…Yo  lo  que  quero  es  un  té; pueda  que sea más barato.
-Té,  té,  ¿dijo  té? También  vale,  también vale…Y  con  todo gusto se lo  haría si  tuviera, pero  tampoco iba a ser posible porque ahora es que caigo en  la  cuenta de  que esta  mañanita, vinieron y  me  cortaron el  gas…¿Té? ¡Té? ¿Dijo  té? Te  agradezco  la  visita…


Walter Pimienta
De mi  libro “Historias  de  por  aquí”

Esta noticia ha recibido 1166 visitas       Enviar esta noticia




<-Volver
Artículos de opinión y colaboraciones:
Animamos a los malagueños a expresar sus opiniones en este periódico digital.
Malaka.es no se responsabiliza del contenido o datos de dichas colaboraciones. Todo escrito debe traer necesariamente, incluso si quien escribe es un colectivo: Nombre, apellidos y un teléfono de contacto del autor.

Envíe su artículo o carta a:
redaccion@malaka.es


malaka.es
Periódico Independiente
Málaga

Depósito Legal:
MA - 1.023 - 2000

Andalucía Comunidad Cultural S.L.
Servidor de Internet

Director: Alejandro Ortega
Delegado: Federico Ortega

952 410 658
678 813 376
contador
visitas desde nov. 1998