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Su opinión Patrocinadores Normas de Malaka.es Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca•0 usuarios en línea • Jueves 4 de Marzo de 2021
Molino de papel
Rafa, sin pico ni céducla...
Cuentos y relatos globales. 14.02.21 
La  buena rutina de un amigo que  hace  de su costumbre y  sus  paseos matutinos, su  sana forma  de vida.
Escribe; Walter Pimienta.- A Rafa, desde muchísimo antes de la pandemia, y  ni siquiera con la llegada de esta que dizque no  perdona viejos, jamás de los  “jamaces” lo ha detenido  ningún confinamiento, pues, desde joven, anda todo el día por el pueblo, de aquí  ara  allá y de allá para  acá, inspirado en  su  propia historia. En  la de saber,  quién nació, quién  murió, quién se casó, a quién lo  dejó  la  mujer, por qué  el alcalde no hace  un  carajo, quién  está  quebrao,  quién  se mudó,  quién  vendió  la  casa… De  otra  manera  dicho; a Rafa no  lo  detiene nada  ni  nadie. El,  esto de salir  a caminar,  que de paso le sirve  para  saber qué ocurre y qué  no  ocurre en  la  comunidad,  al  tiempo  que  sin ningún  interés  le  hace  un mandado a alguien,   no lo hace por prescripción médica, lo  hace por  su  cuenta y deber y  así  evitar  el  estrés y la  angustia que el mismo  encerramiento  le causa; de modo que, bien temprano,  con  el  tapaboca en  su  boca, a sus sesenta  y  algo,   a  las  cinco y  media  de  la mañana, Rafa sale cotidiana y religiosamente y,  poniendo marcha  al  sitio más alto de la localidad,  llamado “El Cerro de la  Cumbre”, cada  paso  que  da, lo  da  a favor de sus  vías respiratorias, de  sus  bronquios y sus  pulmones,  así  como  por  el endurecimiento vital  de sus  piernas  de acero loma arriba…Y  ahí,  en medio  de  la penumbra y de  la  neblina característica de los  pueblos de   la sabana, a siete  grados, resguardado  en  ropa  gruesa para  el  frío,  ahí va Rafa… Rafa puesto en escena bajo  la  ilusión visual de la luz  amarillenta de los  focos de la calle, hasta que el sol,  y el  aire libre de un nuevo  día,  luego de  tres horas de  caminata por entre el  húmedo pasto, le permitan, loma abajo,  “el  vuelo de sus alas” de regreso a su  casa…
Por   años,  meses  y  días ,  Rafa hace esto,  felizmente  atrapado en su quehacer y  sin miedo ahora  al  coronavirus. Veranos,  inviernos,  un  paso  leve de  la  primavera y una que  otra hoja caída  del  otoño criollo, lo  han  visto  pasar,  cruzar  esquinas, atravesar  calles  y  callejones,  siguiéndole  la  pista  a la  vida.
Rafa  tiene  trazado  el  mapa de  su  rutina  diaria  y  una carta de  “viaje” en  la que “con un chulito”,  señala las diligencias hechas. Él  es de esas personas que está  dispuesta a ir, cuatas  veces sea posible,  al  sitio donde  le dijeron quinientas mil  veces no hasta  que un  día le  dicen  sí…En el  pueblo,  afirman   que él camina   más  que la  epidemia porque nació  con  espíritu  de  nómada urbano a  fin de  cumplir su viaje  a pie en  la  vida…
Las  vueltas y  revueltas que Rafa hace  a  diario  por  el  pueblo, calculan  los matemáticos  locales, en  línea  recta, y de haber  sido posible,  le dan para  haber ido   y  volver de   París,  tres  veces  y  le  sobran  metros… de lo  que dejan  constancia  por  el  gasto  de las suelas de sus zapatos que,  con  solo  ponérselos,  se  saben  “de memoria”  los pasos  de  su  rumbo y  los sitios donde en descampado  se detiene para que,  sonriente, le  tomen una  foto con la gracia de  rostro banal y, en la  pausa,  para combatir  el  frío, se toma un tinto  bien caliente.
Luego de los  alucinados  paseos diarios de  Rafa, la  gente  le pregunta  dónde estuvo y,  él, con una mirada  inédita, como  si  fuera   la  primera  vez que  le  preguntan esto, habla  de lo  siempre  visto. De las  mismas fachadas,  de las mismas caras, de los mismos escenarios,  del  mismo  pueblo y  del mismo  cementerio donde,  infaltable, cada  mañana, lleva flores nuevas  a la tumba de su  mamá…
Rafa añora  la escenografía antigua de su pueblo…y,  por  lo  tanto,  recuerda  la calle  y  la  casa  de  los Reyes, la de  los Navarrete, la de los Borja, la de los Amaya, la de los Bernal, la de los Gonzalez,  la de los Jiménez, la de los Rodríguez… en  fin…Rafa sabe si los  vestidos que cuelgan  en  las vitrinas de los almacenes del  pueblo, son  nuevos  o  llevan  años y años   de estar  exhibidos ahí esperando  clientes… y en la práctica  y  la  teoría,  igual  conoce  dónde  puede  uno conseguir  huevos  de toro. La  modernidad de los callejones y de los centros  comerciales, conoce  a Rafa,  él es “sitiocionista” (de  sitio) y  por ello sabe en  qué sitio  queda  “Madecentro”, en  la carrera 5  con  calle  4  sur; y  que Carliani  Ropa,  está  en la  Avenida  6 local 61. Y así,  todo lo  sabe. Él es el paseante de su  propia  paradoja…
Sabe  tanto  Rafa  del pueblo,  que  lo  llaman para que ubique en  qué  sitio quedan mejor  los proyectos  urbanos.  Rafa  es de los que  abre caminos, no los cierra. Conoce  dónde inician y  comienzan las  rutas;  dónde  las  paradas y  dónde  las subidas… Y  así,  caminando, encuentra su  destino…por  ello,  con ojo  crítico hace correctas  propuestas para corregir entornos  urbanos en  favor  de  la  comunidad…No  es  mentira,  la  consciente  sociedad toma nota de lo  que  dice Rafa sobre  parqueaderos.
Para Rafa,  pasear  o  caminar es  como  un juego,  una distracción;  sus  neuronas  funcionan  en el  sentido  de sus  pasos.  Él llega  a un  sitio y  lo  saludan antes de él  saludar…Pero  no  pasea  sin  rumbo…es dueño  de los  caminos  y  de los atajos,  sabe  cómo  llegar  temprano y,  ahora  que por  culpa  de la pandemia es tiempo  de hacer “colas” para  todo, es el  primero en  las filas…Rafa  conoce  los  sonidos  y  olores de  su  pueblo  por  sus  pasos…
Según  dicen,  Rafa caminó a los cinco meses y  lleva  algo más de sesenta y pico  haciéndolo dejando atrás a muchos  amigos  que, bastón en mano,  ya no  le  marcan  el  paso…Desde niño,  era el primero en llegar puntual  a la escuela, al  parque, a la cancha; al  cine, para  encontrarse  con  su  novia, a la estación  del  tren para que el  tren nunca lo dejara y  el  tren nunca lo dejó… y por  eso, los  policías que  le  conocen  caminante, le consultan,  porque  él sabe de su  pueblo lo más escondido… Y, sin que  estos le  pidan documentos  de identidad,   ahí  va Rafa, Rafa en  tiempos de  pandemia, un  caminante  sin pico  y  cédula…
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