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Día escolar de la no violencia y la paz (6)
Jose Maria Barrionuevo Gil. 10.03.18 
Con tantas idas y venidas, no sabemos muchas veces si la genética nos ayuda a ser nobles o es la educación la que corrige a nuestros genes. Lo que cada día nos parece más claro es que si las condiciones genéticas que tienen una inclinación hacia la ayuda a los demás son asistidas por la educación sin prejuicios, podemos conseguir una sociedad muy distinta de la que estamos soportando. Podemos observar muchas veces cómo funciona una educación que prioriza la memoria, que a veces es cerrada, y otra que prioriza la resolución de problemas y la creatividad.
Hace la friolera de treinta y cinco años y con un grupo clase de treinta y cuatro chicos y chicas, un compañero nos refirió el caso de una chiquita, que entró en su tutoría de Segundo Nivel de Primaria. La chica venía de un colegio privado, del que no diremos el nombre, para que no se mosquee ningún santo ni ningún rey, por muy santos y sabios que sean. A los pocos días de llegar la niña, sin venir a cuento, le dijo: “¿Verdad, profe, que nueve por nueve son ochenta y una?”. El maestro le contestó: “Sí. ¡Qué le vamos a hacer!”.
En el colegio había cinco líneas y los compañeros del Segundo Nivel se habían puesto de acuerdo para distribuirse las áreas alternativas por especialidad, una hora por la tarde, de manera que todo el alumnado del Nivel pasaba una hora a la semana por todas ellas, cuando no había especialistas para nada ni apoyos escolares (como está volviendo a suceder).
El compañero, que daba el área de Dinámica, disponía solo de un aula que tenía unos bancos pegados a tres paredes, que formaban una “U”. Pudo observar que aquella niña tenía problemas en expresión dinámica, pues las propuestas de aquella clase eran abiertas y cada niño o niña las llevaba a cabo según su espontánea creatividad. Se podía correr, andar, saltar... y acomodar los movimientos libremente. Una de las propuestas era la de “los puntos de contacto”. Por ejemplo: “Un punto de contacto con el suelo y otro con la pared”. La chica nueva siempre esperaba para ver lo que hacían los demás que se movían como locos.
También nos contó que aparte de la hora de plástica que daba otro compañero, en su aula él tenía la costumbre de hacer libritos con los textos libres, con los poemas, con las canciones y con las letras mayúsculas. Pues bien, poco a poco, cuando no faltaba nadie, iba pintando en la pizarra una letra mayúscula, con un diseño elemental de figura y fondo, sobre una cuartilla, en la que se reservaba una parte a la izquierda para que, cuando se le pusieran las grapas al libro, no pisaran parte del dibujo. La propuesta del maestro era copiar la letra y adornarla de la manera que quisieran, tanto la figura como el fondo. Tenía que quedar claro que la letra se reconociera, ya que la figura, como nos decía Rubin, tiene contorno, sobresale, comporta significado y se recuerda mejor. La creatividad de los niños y niñas no conocía límites: paisajes en los que la letra en cuestión podía ser una pirámide, un rascacielos, un deportista, un vaquero, un animal exótico... El fondo podía ser tan variopinto como la figura, pero no podía ser más que un paisaje en el que destacaba la letra.
El compañero nos contó que la chica del dato matemático del “ochenta y uno”, se llevó al final “El libro de las letras mayúsculas” con todas las hojas pintadas en dos colores planos, uno para el fondo y otro para la figura. Según nos dijo, le dio mucho que pensar el comportamiento “académico” de la chica, ya que podía, sin querer, echarle en cara que con sus propuestas no se va a ninguna parte y que lo que importa es terminar el trabajo cuanto antes. Sin embargo, fue aquel año, cuando H. Gardner nos habló de las “Inteligencias múltiples”, que son potenciales, “que se activan o no según los valores de una cultura determinada, de las oportunidades disponibles en esa cultura y de las decisiones tomadas por cada persona, su familia, sus enseñantes y otras personas”. Pensamos que memoria, mientras más, mejor; pero memorismo solo, no. Reducir la inteligencia a lo lingüístico y a lo matemático puede impedir abrir el abanico de la mente para tomar aire. Facilitar la apertura de la mente no nos hace daño. Gardner cree que «las personas que son ayudadas para hacerlo, van a ser más comprometidas y competentes, por lo tanto, más inclinadas a servir a la sociedad de una manera constructiva». Estamos hablando de la evolución de los humanos con el propósito de construir, día a día, el humanismo de la No Violencia y la Paz. (Continuará)
josemª
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