
La sentencia de La Manada ha caído como un jarro de agua fría en los mentideros de la calle. Las líneas que separan el abuso de la violación han descosido las costuras de las togas. Hoy, por primera vez en su historia, la Hispania de Rajoy ha sido portada internacional por sus manifestaciones contra el poder judicial. Unas manifestaciones que cuestionan el Estado de Derecho y ponen en tela de juicio la profesionalidad de las balanzas. Desde la crítica debemos reflexionar sobre el asunto, más allá de la carga emocional de los gritos y pancartas. Como decíamos ayer en "de juicios y realidades", la justicia es subjetiva. Y lo es, queridísimos lectores, desde el momento en que los jueces interpretan y aplican las leyes con los mimbres de sus mentes. Las leyes, que se cocinan en los fogones de la aritmética parlamentaria, son el resultado de la soberanía popular. Una soberanía que determina el ordenamiento jurídico desde que existe el Estado liberal.
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