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Día escolar de la no violencia y la paz (18)
Jose Maria Barrionuevo Gil. 09.06.18 
Muchas veces nos quedamos hipotecados para una buena temporada con la celebración de una efeméride, ya que la celebración nos une de alguna manera. Sin embargo, históricamente, muchas veces hemos hecho de “nuestra capa un sayo” y más de una efeméride ha sido usurpada por otra, ya sea por motivos políticos o religiosos o..., porque había que renovar “la casa”, aunque fuera solo por la fuerza de los “okupas”, que muchas veces lo han hecho en la historia, incluso “manu militari”. Nunca olvidaremos que no es lo mismo “La Paz” que “La Victoria”.
El “Día Escolar de la No Violencia y la Paz”, a nuestro parecer, no desalojó a nadie de sus recuerdos, sus celebraciones, sus amores, sus razones. Esta celebración de nuevo cuño está teniendo sus dificultades para extender su resonancia en este mundo que nos ha tocado vivir y, además, vivirlo en paz, si es que nuestro propósito no ceja. Hace más de veinticinco años, nos contaba un compañero (que celebraba siempre el “Día de la Paz” con su alumnado) que en sus clases de Lengua y Literatura, proponía, ese 30 de enero, que cada uno hiciera un poema o un cuento sobre el tema de “La Paz”.
Un día, llegó a una clase de 7º de la entonces EGB. Propuso el tema, explicando que la Paz es una criatura que tenemos que cuidar desde que es pequeña, que la Paz es un árbol que crece desde abajo y no un edificio que se hace de arriba hacia abajo con elementos ya prefabricados que se engarzan con sumo ingenio. Así, dejó hacer al personal para que se pusieran mano a la obra.
Enseguida se dio cuenta de que un chico, que estaba sentado junto a la pared y junto a la mesa del profesor, ya que su tutor lo había ubicado a mano para tenerlo mejor controlado, se puso de pie y por la ventana se dedicó a mirar hacia el recreo, donde un grupo estaba haciendo “Educación Física”. El maestro pensó que el chico necesitaba inspirarse de alguna manera. Además no podía construir ni hacer construir un relato sobre “La Paz” imponiéndose desde “arriba”, autoritariamente, ya que contradiría, las bases que había explicitado al principio. El maestro no se enfrentó y siguió corrigiendo los poemas que otro grupo le habían redactado en la clase anterior.
Cuando el chico se aburrió un poco, se levantó y fue al fondo del aula para colgar en la percha su chaquetón. Luego siguió “inspirándose” mirando al recreo. Cuando se cansó un poco le pidió permiso al maestro para ir al servicio. El maestro le dejó ir, ya que lo necesario debe ser permitido, porque así se contribuye a la buena convivencia. Luego volvió el chico, que siguió mirando el paisaje. Cuando se cansó se dijo en voz alta: “Bueno, haremos el poema”. Se sentó, pero estaba incómodo, porque , al parecer, no se había inspirado suficientemente. Como estaba extraño y no daba pie con bola, se levantó y ahora fue al fondo de la clase a por su chaquetón. Allí se puso a hablar con otro “menda” que estaba lejos de él, por razones que no son difíciles de conjeturar.
Entonces el maestro le dijo que se sentara en su sitio y llamó la atención de todos para hacerles participes de la explicación que podría tener la actitud del compañero.
El maestro les dijo que además de que La Paz se desarrolla desde abajo hacia arriba, necesita tiempo. Para desarrollar la Paz, no se debe ir con prisas, ya que sabemos que “las prisas son malas consejeras”. Sabemos que los proyectos de victoria siempre arruinan la Paz.
Así, el maestro dibujó en la pizarra un gran péndulo y les dijo a todos que entre un “sí” y un “no” hay un tiempo que es necesario para el recorrido del péndulo, que va de un lado, el SÍ, a otro, el NO. Entonces el maestro fue jalonando en el recorrido del péndulo todos los momentos de la actuación del compañero que parecía que tenía algunas ganas de provocar. Claro, eso sí: con todo el recorrido realizado por el maestro no había conseguido que el compañero hiciera el poema.
Después el maestro se preguntó ante todos: “¿Dónde está el problema? Viendo el panorama de todo lo que hemos expuesto en la pizarra, podemos contestarnos que el problema está en que el compañero no se hace caso ni a sí mismo, y el poema se ha quedado sin hacer”
Todos podemos estar de acuerdo en que no es fácil la construcción de la Paz y la convivencia, y que siempre nos podemos encontrar con dificultades sobrevenidas, que nos entorpecen nuestras manos y nuestras mentes para poder educar sin violencia y en Paz. (Continuará)

josemª
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