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Su opinión Patrocinadores Normas de Malaka.es Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca•2 usuarios en línea • Martes 11 de Diciembre de 2018
El “hombre del bosque”
Eduardo Saez Maldonado. 12.06.18 
El impresionante vídeo del enlace adjunto (1) nos muestra un orangután enfrentándose a una gran excavadora que está destruyendo su hogar. Me recuerda, no se por qué, al vídeo de aquel  del joven chino que, a pecho descubierto, le plantaba cara a un carro de combate en la plaza de Tiananmén hace unos años (2). Héroes anónimos en defensa de derechos básicos en ambos casos. Héroes anónimos que, con gestos aparentemente inútiles, consiguen dar la vuelta al mundo mediáticamente (hacerse viral, se dice ahora) y divulgar la injusticia a la que se enfrentan tan valientemente.
El orangután (género “Pongo”, compuesto por dos o tres especies), junto a gorilas (género “Gorilla” con dos especies), chimpancé (género “Pan”: dos especies) y hombre (género “Homo”: una especie), conforman la familia de los homínidos. Esta circunstancia no es en absoluto irrelevante ya que, aunque mencionar la clasificación taxonómica de una especie (el grupo al que pertenece) suele ser considerado una extravagancia simpática de los aficionados a la naturaleza, tiene implicaciones evolutivas con trasfondo científico. En concreto, estos simios antropoides mencionados se agrupaban en una familia, los póngidos, distinta de la nuestra (homínidos) hasta que hace pocos años, y gracias a la biología molecular, se supo que los chimpancés están más estrechamente emparentados con nosotros que con el resto de póngidos. 
Esto nos obliga a reorganizar la clasificación e incluir todas las especies de este grupo, incluida la humana, en la misma familia: homínidos. Es una cuestión exclusivamente de parentesco. Si descendemos en nuestro árbol genealógico familiar (padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos…) unos 6 millones de años hacia atrás (¿300.000 generaciones?), nos encontramos con un antepasado compartido con los actuales bonobos (una de las dos especies de chimpancés).  Y otras miles de generaciones atrás, entroncamos con los gorilas y los orangutanes. Somos primos no muy lejanos.
La inteligencia de estos primates es, por lo demás, desconcertante y sobre chimpancés hay resultados científicos que ponen los pelos de punta. Con los orangutanes se ha trabajado menos a nivel científico (cognitivo) pero hay datos más que inquietantes. Definir la singularidad humana es cada vez más difícil. Se establecieron diferentes definiciones que han debido ir siendo desechadas progresivamente. Así, se consideraba que la característica única humana era la capacidad de usar herramientas…. hasta que Jane Goodall descubrió que  ciertos chimpancés lo hacían. Otro criterio era el de transmisión culturar de conocimientos… hasta que se vió que la fabricación y uso de herramientas en esos chimpancés se daba en unos grupos y no en otros, y los padres transmitían el conocimiento de la técnica a los hijos por lo que se perpetuaba culturalmente este comportamiento en ciertos grupos concretos. También se consideró como rasgo inequívocamente humano la capacidad de reconocerse en un espejo. Sin embargo se ha visto que muchos antropoides e incluso los elefantes son capaces de hacerlo.
En concreto, y volviendo al protagonista del sobrecogedor video adjunto (1), está registrado el caso de una orangután en un zoológico alemán a finales del siglo XX que seleccionaba algunas hojas de lechuga de las que le daban para comer, las apilaba cuidadosamente y se iba delante de un espejo que decidieron ponerle sus cuidadores al otro lado de los barrotes y allí, mientras se miraba, se las iba poniendo sobre la cabeza… se las aplastaba ligeramente con la mano, como viendo cuál le quedaba mejor…
Los miembros de la especie “Homo sapiens” que viven en la misma región que el orangután lo llaman curiosamente “hombre del bosque” (que es de donde viene la denominación “orangután”). Son nuestra familia. E independientemente de nuestro discutible derecho a alterar la superficie de nuestro planeta de forma tan descomunal e irreversible, maltratar a los demás miembros de nuestra familia humana manteniéndolos enjaulados o destruyendo su hábitat es particularmente injusto. Sencillamente, no tenemos derecho. Su aniquilación y la de su entorno natural es una catástrofe literalmente inhumana.
¿Hemos mirado a los ojos alguna vez a un orangután? (3)

Eduardo Sáez Maldonado
 
(1)    https://elpais.com/elpais/2018/06/07/mundo_animal/1528377262_790569.html?id_externo_rsoc=FB_CM
(2)    https://youtu.be/A-MTgEpcI-Q
(3)    http://www.alhaurin.com/noticias_ampliar.php?id=28755&comesfrom=Articulo%20circulando%20sin%20autor.php
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