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“El  manantial  de  la  doncella” (y 2)
Jose Maria Barrionuevo Gil. 19.05.19 
Como todos sabemos, un manantial es, en general, “una fuente natural de agua que brota de la tierra o entre las rocas”. De todos es conocido el tema, ya que nos atrae especialmente, pues en los manantiales el agua se nos ofrece naturalmente filtrada, sin más máquinas artificiales que se tengan que tomar las consabidas molestias. Siempre recordaremos aquel balde de zinc, lastrado en un lado del asa para que, al llegar al fondo del pozo, se volcara y recogiera con facilidad el agua que ya venía filtrada. ¡Cómo nos ayudaba la garrucha, aunque no nos cantara, para que no tuviéramos que subir el cubo a pulso!
 No se nos olvidará que, cuando apretaba el verano y el pozo que nos servía el agua venía a menos o a nada, íbamos a una finca vecina, que tenía una minilla, un poco larga, estrecha y bastante oscura, donde fluía el agua tan fresquita y transparente, que se daba con toda nuestra paciencia y nos dejaba beber, allí mismo, de aquel manantial. Luego volvíamos hartitos y satisfechos, con el cántaro y los botijos llenos, para nuestra casa.
 De todos es conocido el valor y el significado del agua en nuestras vidas y en nuestras creencias. Lo más conocido es el bautismo cristiano. Con agua se nos recibe en la religión. Con agua también se nos despide de la vida, cuando nos esparcen agua bendita con el hisopo, para darnos el último adiós.
 En la película “El manantial de la doncella”, se nos va metiendo por los ojos, y por los oídos también, poco a poco, el tema del agua, que fluye por aquí y por allí. De todos es sabido la cantidad de leyendas  y de historias en que el agua goza de cierto protagonismo. En esta película tiene además bastante relevancia, como apuntábamos los otros días. Ya comentamos el bautismo inverso que se autoadministra el padre de la doncella.
 Siendo conscientes de la marcha y del rumbo tomado por la historia humana, echamos de menos una verdadera evolución que nos pueda garantizar la vida en común y esa vida en paz. Impresionados por el retroceso que contemplamos en la película, por el cambio de actitud del padre, podemos concluir que nuestras sociedades han avanzado poco y, a la más mínima dificultad que entorpece nuestra evolución ética, involucionamos, como si tal cosa, sin pedirle ni consejo ni permiso a nadie. Incluso, retrocedemos, si hace falta, siglos, porque nos cuesta digerir los argumentos que nos consagran en nuestra civilización, que pretendidamente nos concede a todos tantas y tamañas garantías. A nuestra sensibilidad, que mostramos a flor de piel  tantas veces, se le nubla el sentido y la razón, y parecemos enloquecer. Nos quedamos cegados por algunos acontecimientos y volvemos a tomarnos la justicia por nuestras manos.
 En estos días nuestros, podemos considerar que no hemos superado momentos históricos pasados, pues estamos creando una nueva y soterrada ley, la tan recurrente y tan inconsciente ley, tantas veces llamada  de la selva, que pueda cumplir los deseos y las hipócritas justificaciones  de una sociedad totalmente injusta, que constantemente va sembrando desigualdades, inestabilidad  y  alimenta odios artificial y mediáticamente por unos intereses, en absoluto éticos, y sí totalmente inhumanos. Todos sabemos que la vida es corta, pero unos cuantos quieren conservar las suyas a costa de acortar la de todos los demás. La crueldad debería ser defenestrada para siempre.
 Cuando, al final de la película, el padre levanta a su hija, debajo de ella, brota un manantial que ofrece un agua que es totalmente nueva y transparente. Con esa agua todos se dan abluciones, porque para todos, tengan las creencias que tengan, el agua nueva les cambia sus vidas y les transforma hasta el aspecto y el semblante. La alegría resulta diáfana y se hace contagiosa, dejándonos vacunados contra las que, podríamos llamar, míseras y oscuras manipulaciones.
 Un aire nuevo nos hace respirar, porque la escena se llena de luz, en contraposición de la oscuridad que contemplábamos en la muestra de esta pequeña pero aleccionadora historia.
 No hemos querido extrapolar, caprichosamente, esta historia, sino compartir hasta dónde nos ha llegado a llamar la atención, sin ningún tipo de autoritarismo ni manipulación, tanto el planteamiento como el desarrollo de esta bella cinta.
josemª           
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