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El Miedo a la Soledad
Natividad Castejon Valero. 14.08.19 
De entre los problemas más comunes y más dañinos que he llegado a tratar en consulta, se encuentra este: el miedo a la soledad o eremofobia.
Generalmente el paciente no es consciente, ni llega con noción alguna de que ése sea el origen del problema que trae; sin embargo, al hurgar un poco en la herida, acaba surgiendo como trasfondo y causante de todo lo demás.
Algunos de los problemas que nos puede acarrear este miedo, son: 
* apego excesivo a las personas,
* rupturas o pérdidas no superadas,
* encontrarse involucrad@ en una relación tóxica sin poder salir,
* pánico al pensar en la posibilidad de que los hijos se independicen,
* pánico al pensar que la pareja pueda dejarnos,
* síndrome de Diógenes,
* sentir que no llevamos la batuta de nuestra vida,
* soportar un trato vejatorio,
* tristeza profunda,
* sensación de vacío,
* miedo a la vejez,
* dolores de cabeza y migrañas,
* fibromialgia,
* hipocondría,
* necesidad de estar siempre acompañados,
... (la lista es más larga).

¿Te ves reflejad@ e alguno de ellos? Pues todos tienen su origen en ese miedo tan común, y tan poco valorado.

En mi caso personal (ya lo he contado en alguna ocasión), no podía coger el coche. Aún no me explico cómo pude sacarme el carnet de conducir, pero lo cierto es que una vez con el carnet en la mano, el pánico fue más fuerte.

Busqué quién pudiera ayudarme, y no lo encontré. Y sólo sabía que al ponerme al volante, todo mi cuerpo comenzaba a temblar.
Conducir de esta manera no era nada seguro ni para mí, ni para quien viniera conmigo en el coche... y mucho menos, para cualquier vehículo que viniera de frente.

Mis amigos saben que es cierto, porque cuando salíamos por ahí siempre me recogían y me dejaban en casa, y a menudo, haciendo muchos más kilómetros de los que deberían... desde aquí mi agradecimiento infinito para todos ellos.

Hasta que un día me regalaron un libro muy especial: Lazos de Amor, de Brian Weiss.

Ese libro me cambió la vida.

Descubrí entonces que existía un método para curar mi pánico a conducir, y además supe con toda certeza que esa era la profesión a la que quería dedicarme el resto de mi vida: la Terapia Regresiva y Terapia de Vidas Pasadas.

Me apunté a un primer curso como un año después, con la intención de sanar mi pánico, y aprovechar para iniciarme en esta maravillosa disciplina... pero no fue hasta después de otro año más, cuando pude sanarlo completamente.

Fue coincidiendo con una de las visitas de Brian Weiss a España. Casi todas las chicas que nos habíamos apuntado al curso, asistimos a la charla que dio en Madrid.

Utilizó una herramienta diferente, y allí afloró la respuesta: mi miedo a conducir me protegía de un mal mayor... la soledad.

Parece ser que en una vida anterior (esto sólo para quien crea en la reencarnación) todo mi mundo se reducía a mi caballo, mi rifle, y mi libertad. Todo lo demás (amigos, familia, seguridad, estabilidad...) fue sacrificado por la libertad de dormir bajo las estrellas y pensar sólo por mí.

Así que al término de esa vida yo misma bloqueé todo lo que me diera sensación de libertad, para no volver a vivir una vida tan solitaria...

De hecho, de pequeña nunca monté en bici... lo hice ya de adolescente y tampoco me resultó una experiencia como para tirar cohetes. Porque todo lo que me diera sensación de libertad, estaba bloqueado.

Y nada podía hacer sospechar "a priori" que todo lo que había detrás de mi pánico a conducir, era un simple miedo a la soledad...

O no tan simple...
Es evidente que para el ser humano es importante vivir en familia, en comunidad o en tribu. Ser aceptados. Y no hacerlo, puede desembocar en un conflicto mayor. Nuestra Naturaleza nos dice que no debemos estar solos, y ese miedo a la soledad, en realidad nos está protegiendo y reservándonos un lugar en la manada.

Sin embargo, el precio a pagar, en ocasiones, puede ser muy alto.

Cuando finalmente descubrimos que lo que hay detrás del problema en sí, es el miedo a la soledad, ocurre un fenómeno espectacular: nos damos permiso a nosotros mismos para bajar la guardia. Eliminamos el bloqueo. Nos damos cuenta, por fin, de que no hay nada que temer, puesto que no vamos a estar solos nunca, a menos que esa sea nuestra decisión.

En realidad, en nuestro estilo de vida actual, estamos siempre rodeados de gente. Si no tenemos familia a mano, siempre podemos tirar de amigos. Y si esto también falla, están los amigos virtuales. Y si esto también nos fallara, queda un último as en la manga: hay un refrán que dice "No hay mejor hermano, que el vecino más cercano".

Así que no hay nada que nos impida hacer de los desconocidos nuestros mejores amigos, en cuestión de una semana. Basta con frecuentar los mismos sitios a las mismas horas, y acabarás haciéndote con un buen grupito de gente variada (siempre que seas capaz de romper el hielo, y permitirte conversar con extraños).

Lo de "gente variada" es importante, porque a veces es complicado encontrar personas cerca de nosotros, y con nuestros mismos gustos, pero si mantenemos una mentalidad abierta descubriremos que "en la variedad está el gusto".

Además, los desconocidos tienen la habilidad de abrirnos los ojos a nuevas perspectivas. ¡OJO! Importante no perder el norte, y no dejarnos llevar a mundos inferiores al que ya conocemos. Hacia arriba, sí. Hacia abajo, no.

También las mascotas juegan aquí un papel muy importante, pues cualquier persona que tenga una, sabe de la capacidad que tienen nuestros animales para hacernos compañía.

En fin... He leído ya en varios sitios que sólo existen dos emociones: el Amor, y el miedo a perder el Amor.
Todas las demás derivan (directa o indirectamente) de una de ellas. Y el miedo a la soledad es una de las emociones más directas de éste último. Pues lo que realmente tememos, es perder el Amor.

Si sientes que este es tu caso, tranquil@... tiene solución.

Gracias y saludos,
Natividad Castejón
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