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La luz y el color de Daría Regoyos se instalan en el museo Carmen Thyssen Málaga | | Museo Carmen Thyssen. 13.06.14 | |  La pinacoteca ha presentado este viernes la exposición temporal ‘Darío de Regoyos (1857-1913). La aventura impresionista’, que se ha realizado en colaboración con el Museo de Bellas Artes de Bilbao y el Museo Thyssen-Bornemisza La muestra, que se expondrá al público hasta el 13 de octubre, alberga más de 60 obras que recorren el paisaje impresionista del pintor de origen asturiano Málaga, 13 de junio de 2014. El Museo Carmen Thyssen Málaga ha presentado este viernes la exposición temporal Darío de Regoyos (1857-1913). La aventura impresionista, un total de 61 obras que invitan al visitante a sumergirse en la luz y el color de los paisajes del máximo representante del impresionismo español. La muestra se ha realizado en colaboración con el Museo de Bellas Artes de Bilbao y el Museo Thyssen-Bornemisza y estará expuesta al público hasta el próximo 13 de octubre. | Al acto de presentación han asistido la presidenta de la Fundación Palacio de Villalón, la baronesa Carmen Thyssen; el alcalde de Málaga y vicepresidente de la fundación, Francisco de la Torre; el comisario de la muestra, Juan San Nicolás; el gerente del Museo, Javier Ferrer, y la directora artística Lourdes Moreno. La exposición Darío de Regoyos (1857-1913) La aventura impresionista, organizada con ocasión del centenario de su fallecimiento, acoge más de 60 obras distribuidas en la sala temporal y en la Sala Noble del Palacio de Villalón. Los tres museos colaboradores en la producción de la muestra han contribuido a la exposición con obras destacadas de sus respectivas colecciones, a las que se han sumado otras instituciones relevantes, como el Museo del Prado, Musées Royaux des Beaux-Arts de Belgique, el Musée d’Orsay de París, el Museu Nacional d’Art de Catalunya y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, entre otros, y numerosas colecciones particulares. Entre las piezas más relevantes destacan Los almendros en flor (1905); La Concha, nocturno (c.1906); Las redes (1893); El gallinero (c.1912) o El baño en Rentería (1900). Al catálogo de la exposición aportan textos el comisario Juan San Nicolás; Javier Barón, jefe del Departamento de Pintura del Siglo XIX del Museo Nacional del Prado; y Mercè Doñate, hasta este año conservadora de Arte Moderno en el Museu Nacional d’Art de Catalunya, que actualizan la biografía del pintor y ofrecen un profundo análisis sobre su aportación artística. La muestra comienza en la Sala Noble donde se realiza una presentación inicial con un autorretrato, así como algunos retratos realizados por sus amigos, tal como Guitarrista. Retrato del pintor español Darío de Regoyos (1882), de Théo van Rysselberghe, que muestra el lado más humano del artista, junto a documentos y libros que contextualizan su vida y obra. Una vez que el visitante se adentre en la sala de exposiciones temporales podrá descubrir la originalidad cromática y la audaz representación de los fenómenos lumínicos y atmosféricos del pintor de origen asturiano junto a los aguafuertes y óleos que representan la tradición cultural española más sombría, que formularía en la estética de la España negra. Primeros años Hasta los años finales del siglo Regoyos compaginó sus estan¬cias de trabajo en Bélgica y España. En Bruselas se vinculó a dos de los grupos artísticos más avanzados, L’Essor (El vuelo) y Les XX, y se dejó seducir por una pintura en ocasiones algo sombría, pero siempre interesada por los efectos lumínicos. Por influencia de sus amigos belgas, en muchas obras va a utilizar la espátula en lugar del pincel para aplicar la pintura sobre el lien¬zo. España negra En 1888 recorrió España con el poeta Émile Verhaeren, quien a su regreso a Bélgica publicaría en una revista las impresiones del viaje. Diez años después, los artículos fueron traducidos e ilustrados por Regoyos con xilografías, dando como resultado el conocido libro España negra. El pintor dedicó numerosos óleos, pasteles, acuarelas y dibujos a este mismo tema, que hasta co¬mienzos de siglo alternó con la producción de paisajes lumi¬nosos y de técnica impresionista. Víctimas de la fiesta (1894) y Viernes Santo en Castilla (1904) son, con su crudo simbolismo, obras paradigmáticas de este momento. Divisionismo En 1887 se interesó por el neoimpresionismo, o divisionismo, tras conocer en París y Bruselas sus primeras formulaciones de la mano de Seurat, Signac y Pissarro. Las redes (1893) es una obra maestra de este periodo, que fue breve —básicamente, en¬tre 1892 y 1894— debido a que esta nueva técnica le impedía pintar al aire libre. Después emplearía ocasionalmente, aunque de manera parcial, el característico toque puntillista para con¬seguir nuevas texturas y matices de luz en sus paisajes. Impresionismo «El impresionismo es un infinito capaz de renovarse siempre, al ser el reflejo de ese otro infinito —la naturaleza— que se trans¬forma constantemente» (Darío de Regoyos, 1905). El paisaje permitió a Regoyos investigar sobre la luz y el color en sus distintas gradaciones y matices. Fiel a las propuestas im¬presionistas, que conoció directamente en Bélgica y París, quiso expresar en sus obras la impresión inmediata que produce la apa¬riencia de las cosas. Para ello adoptó la paleta clara y una técnica a base de pequeños toques de pincel, rápidos y cortantes. Viajero incansable, sus campañas de trabajo en el País Vasco fueron regulares entre 1884 y 1912. Como otros pintores de su época, creía que existían territorios más o menos afines a la sensibilidad de cada artista, y él prefería trabajar bajo la luz fina del Cantábrico, que le permitía pintar a cualquier hora del día. Las salidas y puestas de sol, los días nublados, la luz crepuscular y los nocturnos, los vendavales y aguaceros, fueron sus temas preferidos. En obras como Lumière électrique (Luz eléctrica, 1901) o La Concha, nocturno (c. 1906) se hace eviden¬te este interés por reflejar distintos fenómenos relacionados con la luz, que alcanza su máxima expresión en la representa¬ción de un mismo motivo en dos momentos distintos del día: Plaza de Burgos por la mañana y Plaza de Burgos al atardecer, ambas pintadas en 1906. Barcelona, última etapa En 1912 Regoyos se estableció con su familia en Barcelona para pasar el invierno. Aunque ya gravemente enfermo, celebró allí dos importantes exposiciones de su obra e incluso trabajó al aire libre, incorporando a su pintura el paisaje de diversas co¬marcas catalanas. Realizó también varias vistas urbanas de la ciudad, en la que falleció, prematuramente, un año después. BIOGRAFÍA DE DARÍO DE REGOYOS
Darío de Regoyos (1857-1913) estudió en Madrid con Carlos de Haes y en Bruselas, a donde se trasladó en 1879, con Joseph Quinaux. Con ambos maestros descubrió que el paisaje, género por entonces poco apreciado, era lo que más le interesaba como pintor. Su aprendizaje se enriqueció en contacto con los artistas belgas y franceses más renovadores del momento, entre otros, sus amigos Ensor, Van Rysselberghe, Pissarro, Seurat y Signac, o el norteamericano Whistler. Mantuvo, además, una estrecha relación artística y familiar con el País Vasco, y desempeñó un papel fundamental en la modernización de la pintura vasca en el cambio de siglo. Viajó por Europa y la geografía española en busca de motivos pictóricos, pues trabajaba directamente del natural captando los fenómenos atmosféricos mientras se producían. Por eso en su obra abundan los formatos pequeños y medianos, más fáciles de transportar. Pintaba con rapidez y sin bocetos previos ni arrepentimientos. A lo largo de su amplia producción, la pintura de Regoyos tuvo varias etapas. Un primer periodo belga, en el que aparecen retratos y paisajes y el interés por los efectos de luz. Le sigue lo que él mismo denominó la serie España negra, más filosófica y simbolista. Otro periodo está marcado por la técnica puntillista, que conoció gracias a su amistad con los pintores Seurat, Signac y Pissarro. Está, por último, el Regoyos impresionista, al que la exposición presta especial atención al reunir un importante número de óleos que dan cuenta de las novedades que aportó a la pintura de paisaje de la época.
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