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Día escolar de la no violencia y la paz (8) | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 24.03.18 | |  Más de uno hemos podido, a estas alturas, oír los ensayos de tambores y trompetas en algún recinto amplio y aislado o descampado, para no molestar, como prolegómenos de la Semana Grande o Semana Santa. El ajetreo que no cesa, los preparativos de túnicas y capirotes, los retoques a los tronos, el aseo de las imágenes... todo se lleva a cabo con una voluntad y una voluntariedad que muchas veces nos recuerda que el entusiasmo de cada uno se suma al de todos sin enfrentamientos y en un clima de compañerismo y de paz. No siempre la religión ha podido hacer gala histórica de esta inusitada, apasionada y “desenfrenada” hermandad. Las hermandades se ponen en marcha sin que ningún lider les empuje. Suelen tener dinamismo suficiente como para arriesgar tiempo y actividad de manera que no quede nadie defraudado. Por lo visto la religión “puede hacernos mejores algunas veces”. (Walter Savage Landor: «El amor nos hace mejores siempre; la religión, algunas veces; el poder, nunca»). | Sin quererlo quizá, nos llamó la atención lo que un compañero nos contó de su didáctica religiosa de hace cincuenta años. No se trataba de una clase de Religión al uso, ni de una dimensión memorística a base de catecismos (como el “Ripalda”) que eran los que estaban en boga y que iban de boca en boca, haciendo repetir memorísticamente una sarta de respuestas previamente cocinadas, aunque no fueran muy digeribles por la infancia de entonces ni de nunca. Nos contó que el era maestro, como quien dice, especialista en todo, incluso en Religión. Eran otros tiempos, pero ya había ciertos atisbos y activos pedagógicos que iban haciendo avanzar a una rígida enseñanza más que dogmática, no solo en sus contenidos sino también en sus formas, modos y “modales”. Incluso los dibujos no eran esquemáticos ni precocinados; eran más vivos. Por eso mismo, a pesar de que nuestro amigo era de misa y comunión diaria, era “el maestro que no pega”. Entendía que la letra con sangre no entra, o a lo sumo, como decía don Antonio Gil Muñiz: “si tenía que hacerlo, era con la sangre del maestro”. Por ello había recabado una didáctica que le permitía un hacer distinto a toda la catequesis que él había soportado en sus años infantiles. Bien es verdad que ya los sábados no se rezaba el Santo Rosario en las escuelas, como le había pasado a él, cuando estudiaba lo que podía y como podía en la escuela graduada, que no colegio, en la que se aprendía en aquellas enciclopedias, cuya primera asignatura era la de Religión. Eso sí, sus escolares, que eran todos niños, ya que las niñas estaban en clase con maestras, tenían un cuaderno solo para la asignatura de Religión. En cada sesión, los viernes por la tarde, sus niños aprendían una canción, o bien repasaban algunas ya conocidas. Por tanto la entrada de cada clase de Religión ya se hacía cantando y no rezando. A continuación se leía un texto evangélico y entre todos lo comentaban. La participación era la clave de aquellas sesiones, porque había que poner en marcha el conocimiento y no solo la memoria. Al final, cada niño redactaba un texto libre, que consistía en escribir una oración personal, que también era puesta en común, ya que “un grano no hace granero, pero ayuda al compañero”. Se terminaba la sesión con canciones que ya se sabían. Como curiosidad podemos decir que todavía no se había extendido por las escuelas de España el “Día Escolar de la No Violencia y la Paz”, a pesar de que el poeta, educador y pacifista mallorquín Llorenç Vidal i Vidal lo había fundado en el 1964. No es de extrañar que pasara esto en la nación española, ya que la Paz era solamente un hito demasiado nacionalista por aquel entonces. Una vez más reflexionamos en este espacio sobre la acción diaria de la educación escolar, familiar y ciudadana en favor de la convivencia y la paz. Sin embargo, en aquellos tiempos el dedicarle “una tarde cada semana era cosa sana”; ya resultaba una actividad saludable. En estos días de fervor justiciero, al parecer, celtiberia no está de ánimos conciliadores. Patricia Ramírez, madre de Gabriel, otro unigénito, nos ha rogado que “no se extienda la rabia...”. La política y los medios no deberían profanar el nombre de Gabriel ni de otras víctimas, aunque les suponga hacer abstinencia (aun por Cuaresma) de soflamas nada educativas y poco pacificadoras. Está claro que en el trabajo escolar de convivencia de cada día se tiene que realizar el Día de la No Violencia y la Paz y que pueda salir de los tabernáculos escolares a las calles. (Continuará). josemª |
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