
En medio de las montañas tras la valla fronteriza de la ciudad española de Ceuta, en el norte de África, y a ocho kilómetros de Fnideq, el pueblo marroquí más cercano, un número indeterminado de migrantes vive en el bosque a la espera de una oportunidad, informa Andrea Pettrachin (IPS).
Nadie sabe exactamente cuántos son, pero organizaciones humanitarias de Melilla, otro vecino enclave español, en medio de la costa marroquí al mar Mediterráneo, dicen que podrían ser miles.
Ceuta es uno de los principales y escasos “portales” que van desde el norte de África al territorio de la Unión Europea (UE), y ha estado cerrado desde fines de los años 90, cuando las autoridades españolas comenzaron a construir una valla triple de seis metros de altura, coronada con alambre de púas, que rodea a todo el enclave, como sucede en Melilla
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