
En España olvidamos con cierta facilidad que el mundo gira y el tiempo vuela. En octubre, que está a la vuelta de la esquina, parte de nuestro país quiere hacer un referéndum. El destino de esta parte de España parece estar en manos de los tertulianos más que en la de nuestros sacrificados políticos, siempre dispuestos a sacrificarnos a todos cuando no se sabe por dónde tirar. Por otro lado, los tertulianos son esos seres que adivinan el futuro sobre todo cuando éste ha pasado. Así no es de extrañar, que los grandes grupos mediáticos, estén en caída libre, perdiendo día a día influencia sobre los ciudadanos. Tan solo hay que ver los reveses que han recibido con su apoyo a la oposición de Podemos, a Susana Díaz… Lo único que nos queda es el instinto y este también suele fallar, aunque tenemos el consuelo de que es nuestro. Hace más de un año, el S. Pérez Royo, publicó en el País un artículo, trataba del letargo de Rajoy y que muy posiblemente iba tarde al problema catalán. Desde los primeros años de escolaridad nos advertían de lo peligroso que resultaba dejarlo todo para el final, casi siempre funciona mal. Los que piensan que la independencia es imposible porque llevará a un estado fallido, están comparando a Cataluña con África. Por otro lado, los que auguran una sucesión de hechos como ocurrió en la antigua Yugoslavia, van demasiado lejos. Pero cabe la posibilidad, de que ocurra lo que pasó en Holanda durante el siglo XVII, que después de independizarse del imperio español, consiguió el siglo de oro de esta nación, a pesar del bloqueo que le impuso el imperio, avanzó en arte, en ciencias y tecnología… Si Cataluña se transforma en una Andorra, Suiza o cualquier protectorado financiero, es muy posible que se aleje definitivamente cualquier posibilidad de una historia compartida. Por esta razón, no es ninguna locura que otra forma de articular España pueda ser una solución.