

El pasado, en este país, siempre le cuesta dejarnos. Es posible que no pasara por donde debía en su momento y sigue dando vueltas hasta que encuentre la salida. En Andalucía, no termina de pasar desde el año 1977, aquel cuatro de diciembre en Málaga, la policía disparó muchas veces, yo estuve allí, en la entradade la Alameda de Colón, cuando me giré para huir de los disparos, vi a un chico tirado en el suelo rodeado de manifestante que intentaban ayudarle, me incorporé al grupo sosteniendo la cabeza del herido, me metí en un automóvil para llevarlo a Carlos Haya, recuerdo al médico que salió de quirófano, me comunicó que el chico había fallecido, una bala le había entrado por la axila izquierda rompiéndole los grandes vasos. Era Manuel José García Caparrós.
Ahora, después de más de cuarenta años todos los cuatro de diciembre, el pasado viene a visitarme y creo que nunca va a terminar de pasar. La policía tiene mucho perdón que pedir al pueblo de Málaga por aquella barbaridad, por la obediencia ciega a unas personas que sólo veían una España posible, donde nadie que pensara diferente a ellos tenía cabida