Por Abel Ros.- Desde la semana pasada, la Región de Murcia es noticia, como saben, por el Pin Parental. Al parecer, los padres podrían decidir sobre las actividades complementarias de sus hijos. Podrían, de alguna manera, censurar charlas, películas, obras de teatro y todo aquello que supuestamente vulnerase la ética y tradición familiar. Esta medida, orquestada por las derechas murcianas, encierra un dilema moral. Y el dilema no es otro que decidir si está bien o mal que los padres intervengan, o no, en las instituciones educativas. Está bien que Gregorio – conservador hasta las cejas – impida que a su hijo – a Pepito – le impartan una charla sobre homosexualidad, por ejemplo. Según Vox, sí. Y según Vox, sí, porque consideran que los hijos son propiedad de los padres. Una propiedad que les otorga el derecho de dirigir los intramuros de los centros.
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