Por Abel Ross.- Tras leer decenas de noticias referentes al aniversario de la Segunda República, me acordé de Simone de Beauvoir. Me acordé de ella porque ayer se cumplía el trigésimo cuarto aniversario de su muerte. Recuerdo, hace cinco años, que quedé con ella en El Capri. Necesitaba, la verdad sea dicha, hablar largo y tendido con la que fuera una pieza clave en la lucha feminista. En aquellos años, yo estaba leyendo La ceremonia del adiós, él último libro que escribió y que narra los últimos años de Sartre. Me pregunta por el feminismo de nuestros días. Le digo que podríamos trazar una línea entre el Primer y Tercer Mundo. En el primero, el feminismo ha avanzado, y mucho. Las mujeres han alcanzado el derecho a la plena ciudadanía pero todavía queda mucho por hacer. Todavía no se ha alcanzado la paridad en las esferas del poder. Todavía, la mayoría de mujeres carga con la doble jornada. Y todavía, en pleno siglo XXI, los datos sobre violencia de género son escandalosos. En el Tercer Mundo, por su parte, existe la "feminización de la pobreza" y la violencia machista resultante de los conflictos bélicos. Se necesita, le digo, un liderazgo fuerte que unifique el discurso mundial del feminismo. Lo mismo que ha hecho Greta Thunberg con el ecologismo.
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