
Diciembre un mes que desde hace 44 años comienza entristeciendo nuestra tierra. La resignación ocupa un espacio demasiado grande.
Manuel José García Caparrós, sólo tenía 17 años, cuando una bala lo dejó sin vida. Si tuviera que decir algo de aquel joven caído en el 77, sólo podría decir que no ha vivido, que no ha tenido tiempo para equivocarse o acertar en el día a día de los años, en definitiva, no ha podido volver a empezar. Recuerdo a su padre destrozado bajando las escaleras del juzgado, me paró y me dio las gracias, me dijo: - por lo menos no ha muerto solo- Siempre me he preguntado qué odiaban tanto para actuar como lo hicieron, por qué esa obediencia ciega de la policía a un gobernador y un presidente de diputación anclados en un orden enfermo y caduco. Creo que tenían miedo a una Andalucía próspera, se dieron cuenta de repente que ya no era la Nueva Castilla. Mi temor no es que va a ser de ellos, si no que será de nosotros, porque siguen queriendo mover los hilos de la obediencia ciega.