Corría el año 1997 cuando ETA asesinaba a Miguel Ángel Blanco, concejal del PP en el ayuntamiento de Ermua. Recuerdo que en aquellos tiempos, gobernaba la derecha con José María Aznar a la cabeza. Tiempos, como les digo, donde la marca PSOE estaba por los suelos y el Partido Popular ganaba las elecciones por mayoría simple. Y tiempos donde la banda terrorista nos traía por el camino de la amargura. Una banda que tambaleaba los cimientos del Estado de Derecho y que, a golpe de gatillo, clamaba – entre otros menesteres – el acercamiento de sus presos al País Vasco. Un País Vasco que se convertía en una "zona peligrosa" para el turismo nacional e internacional. Los atentados sacaban los colores al Acuerdo de Madrid sobre Terrorismo, firmado en noviembre de 1987, y al Pacto para la Normalización y Pacificación de Euskadi; más conocido como el Pacto de Ajuria Enea. El buenísimo de los pactos antiterroristas pronto cayó en pozo negro de los partidos.
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