Por Abel Ros.- Desde que escribo en el blog, hace más de una década, he recibido ofertas de diversos medios de comunicación. En ocasiones, la verdad sea dicha, he estado a punto de colaborar con ellos. He estado a punto, como les digo, por la visibilidad que me otorga ser firma de opinión. Y también por los contactos que conseguiría escribiendo en un periódico de renombre. Aún así, siempre les he dicho que no. Y les he dicho que no por varias razones. La primera porque perdería libertad y, en ocasiones, faltaría a la verdad moral. Una verdad, que decía Aristóteles, definida como la coherencia entre lo que uno dice y piensa. Y la segunda porque me sentiría como una manzana en el balda de un mercado. Me convertiría en un escritor al servicio de líneas editoriales. Líneas, alineadas a cánones y corsés ideológicos, que escriben para una comunidad lectora previamente definida. Así las cosas, la prensa se convierte en un cúmulo de textos previsibles y aburridos. Textos escritos por un rebaño de escribas al servicio de intereses económicos.
Ampliar en El Rincón de la Crítica