Por Abel Ros.- Mientras viajo a Madrid, recibo un correo electrónico de Alejandro, un periodista de un diario americano. Dedicado a escribir sobre Derechos Humanos, me pregunta si son respetados en Europa. Los DDHH – le respondo – se han convertido en un catálogo de buenas intenciones. A pesar de que su constitucionalización es un hecho, lo cierto y verdad es que existen muchos ejemplos de atentado contra los mismos. En pleno siglo XXI, hay discriminación por razón de sexo, explotación infantil, homofobia, xenofobia y aporofobia. Estas actitudes, que vulneran la dignidad humana, ponen en evidencia el fracaso del contrato social. El capitalismo salvaje se convierte en la última fase del derrumbe de la comunidad. La lucha por la supervivencia de las empresas, en la selva del mercado, ha suscitado la creación de miles de bienes y servicios distintos. En las baldas de los supermercados, por ejemplo, hallamos una gran variedad de productos dentro de una misma gama. Esta atención a lo individual, desde lo diverso, rompe la estructura de la comunidad. Rota la comunidad, el individuo se convierte en un ave rapaz en el cementerio de la postmodernidad.
Ampliar en El Rincón de la Crítica.