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-Molino de papel- ADIOS A LA PALABRA ADIOS | | Cuentos y relatos globales. 22.02.26 | | Escribe; Walter Pimienta J.- La gente, antes, se despedida con la palabra adiós. Adiós para ir del trabajo a la casa y de la casa al trabajo. Adiós para ir de la casa al colegio y del colegio a la casa... Adiós a una chica que nos gustaba mucho al verla pasar. Este último adiós se acompañaba de una sonrisa medio reprimida y, algo apenados, con las manos en los bolsillos, en el caso de nosotros los hombres, era este un adiós repetido en la mañana, al mediodía, en la tarde y en la noche porque la chica nos gustaba que nos gustaba, de modo tal que este adiós no podía reprimirse y, por el contrario, tenía el gozo de una sugestiva mirada...Y no era aquel un adiós, un adiós para siempre sino para dentro de otro ratico de pasada y pasada... El adiós de enamorado, dicho de la manera más clara, era un adiós que no se aguantaba en la boca. Menos si ella, la pretendida, acompañada por su madre, estaba sentada a la puerta de casa, y fuese uno conocido o no por ellas, dicho adiós se decía porque se decía...y si lo era, se entonaba con cierto marcado alargamiento en la palabra que denotaba un tono de amistad y de cariño...y acto seguido, como para no denotar cierto nerviosismo, si el adiós, más que para la madre de ella, era para la chica que nos gustaba porque nos gustaba, por instinto se miraba el reloj, si era que teníamos o lo llevábamos puesto en la muñeca y de ser que sí, seguro que ni la ahora exacta de ese adiós sabíamos a la hora de la hora... Los adioses de antes, eran claros, como la mima sola palabra o interjección de cinco letras. Se sentía viva. Y cuando era una adiós despedida, iba acompañada de un amistoso abrazo. Y si era un adiós de amor, la acompañaba un beso...Era ese adiós, todo un vínculo único y sentido...inmutable... Guardando el deseo de un volver a ver al otro u otra...Y cuando era un adiós para siempre, este se decía con la tristeza decadente de un final...cerrando una historia para siempre... | Hay gente que guarda adioses; pero no con la palabra adiós sino así diciendo: “ fue la ultima vez que nos vimos”...Siete palabras que tienen el contenido que tendría un boleto de tren... En ocasiones, este mismo adiós, dice más cuando en el mismo hubo una foto y entonces decimos: “Esta fue la última foto que nos tomamos al decirnos adiós”...Y no faltará quien viendo dicha foto, compungido, suelte una lagrima... Los psicólogos dicen que la palabra adiós, guarde cierto miedo al ser casi que sinónimo indirecto de abandono ya que contiene un no implícito y un supuesto “vuelvo” para no volver... Y así también hay adioses que curan o que tienen tal sanadora intención: “Dijo adiós al cigarrillo”. “Dijo adiós al alcohol”...que es como haber dicho adiós a una vida pasada de la que no se quiere queden vestigios. El cine y su magia tiene un adiós llamado fin, palabra de tres letras que nos hace salir de la ficción o quedarnos en ella porque uno nunca logra saber si la vida se parece al cine o el cine se parece a la vida...He visto a gente salir llorando del cine...He visto a gente salir riendo del cine...Como la vida... Las mudanzas de vecinos tienen un adiós lloroso...el apego de la vecindad alargado en años, parece no merecer tal despedida y entonces ese adiós se transforma en un incierto “nos volveremos a ver”. Una vez, en un cine, vi a una persona, en plena película, comiéndose todo el contenido de una bolsa de palomitas...Y al llegar a la última oí que dijo: “Se acabó esta vaina”...sin duda otra forma de decir adiós... Las abuelas sensibleras son quienes más dicen adiós llorosas a sus nietos...Es este un adiós acompañado de un abrazo tembloroso y nacido entrecortado con un nudo en la garganta...Y es que el adiós en esas cinco palabras, libera todo cuanto se quiso decirse y siendo así, a las pobres viejas les traquea el alma y se dice, de parte de ellas, lo que se tiene que decir en este caso: “Mijo, cuídate. No dejes de llamarme y de escribirme”. Y un abismo de abismos, humedecidos los ojos, nos hace no mirar atrás... Hay también adioses de mano abierta y agitada, se dicen de apuro por el camino y mirando de lado...Es un adiós para no quedarnos, buscando que se nos entienda la emergencia de pasos apurados y largos... Y se dicen así para romper la alianza que junta al amigo con la amiga, a la amiga con la amiga y al amigo con el amigo dividiendo la despedida... A veces el adiós, no sabemos si porque no fue escuchado a qué, no es contestado y se siente, en quien de buena voluntad lo dijo, un frío vacío en el alma. Este adiós, no resucita jamás...Se quebró en el aire...Se hizo polvo de letras muertas...era y nunca más será...Y pasa con la cabeza gacha y el rostro lleno de vergüenza... Los tiempos cambian...Ahora el adiós es distinto. No tiene el calor intimo de los adioses de antes. Si es escrito, “se escribe” en la Internet con un emoticón nada conmovedor, borrable en el acto y nunca presente en una sentida y calurosa conversación...Y si es oral, el adiós de hoy tiene otro nombre: se llama “Chau”... Ha caído sobre mí la tarde, señores, escribiendo esto y no quiero ser distinto... Adiós...
Walter Pimienta J. |
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