
El amor tiene mil maneras de expresarse. A veces se pronuncia en voz baja, otra se escribe en una nota improvisada, y en muchas ocasiones encuentra en la música su lenguaje más poderoso. Porque hay melodías que logran transmitir tantas sensaciones como una declaración directa, e incluso, en determinados momentos, alcanzan una profundidad que las palabras por sí solas no consiguen. El pasado viernes, el grupo musical Son Marengo ofreció un concierto en Coín con motivo de la celebración de San Valentín. Como bien dice el refrán, "no hay santo sin octava", y la música prolongó el espíritu romántico más allá del propio 14 de febrero. La cita comenzó con puntualidad y desde el primer acorde quedó claro que sería una velada especial. El repertorio, compuesto por catorce canciones, exploró las múltiples caras del amor: el cariño cotidiano, la complicidad, la nostalgia, la pasión y esos pequeños gestos casi artesanales que, sin grandes aspavientos, logran expresar el afecto que sentimos hacia alguien. Desde la delicadeza de la flauta hasta la fuerza de las cuerdas y las púas, pasando por la batería y la percusión, cada instrumento acompañó con armonía a las voces, tejiendo un ambiente cálido y cercano. La música no solo se escuchaba; se sentía en cada rincón del teatro, que lucía completamente lleno. Especial mención merecen los dos presentadores, que fueron hilando las catorce piezas con intervenciones cargadas de humor y sensibilidad. Su complicidad con los músicos y su interacción constante con el público aportaron dinamismo al recital y lograron que todos —artistas y asistentes— compartieran momentos verdaderamente divertidos.