Hay quienes esperan la primavera mirando el calendario.Los amantes de las plantas, en cambio, la sentimos mucho antes: en la luz que cambia, en la tierra que respira distinto, en ese brote diminuto que asoma como si guardara un secreto.
La primavera no llega de golpe. Se infiltra.
En el jardín, el despertar comienza bajo tierra. Las raíces retoman su conversación silenciosa, las semillas se estiran después de meses de quietud, y el suelo —ese gran protagonista olvidado— vuelve a latir. Si afinamos el oído, casi podemos escuchar ese murmullo vegetal que anuncia el renacimiento.
El jardín como obra en movimiento
No hay estación más generosa para el jardinero que esta. La primavera es un lienzo en constante transformación. Cada semana cambia el escenario: hoy dominan los brotes tiernos, mañana estallan las primeras flores, y pasado mañana el verde se vuelve intenso y profundo.