Se hace cada día más dificultoso en esta sociedad despóticamente competidora -carente de nobles valores, profesionalidad y rigor, donde lo negativo y el desdoro venden mejor, y la coherencia brilla por su ausencia- que un personaje de la gestión pública levante en nuestra tierra avenencias favorables sin tener por ello que haber emprendido el camino irreversible hacia Parcemasa, haber hecho concesiones populistas a la galería o apostatar de su condición originaria no malagueña, en este caso para más inri euskalduna.
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